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Armonía de la Persona Humana - Parte IV

La madurez humana, en su sentido pleno, consiste en la armonía de la persona. Más que una cualidad aislada, es un estado que consiste en la integración de muchas y muy diversas cualidades; es un compendio de valores más que un solo valor. Podemos comparar la madurez con una obra de arte, con un cuadro de Rembrandt o de Velázquez. Los colores se combinan perfectamente. Todo está en su punto, las líneas, las figuras y las formas, la proporción y la perspectiva. Cada pincelada tiene su valor y cada color resulta indispensable para completar y perfeccionar la obra.

Lo mismo sucede con la madurez. Es armonía y proporción, es combinación e integración de cualidades humanas muy diversas en un conjunto orgánico: voluntad, intelecto, emociones, memoria e imaginación; todas las facultades de una persona humana. Pero no basta que estén presentes todos estos elementos; tiene que haber un orden y una armonía entre ellos. Sobre la paleta del artista descansan todos los colores, pero no por eso forman una obra de arte.

Esta armonía se traduce en la correspondencia perfecta entre lo que uno es y lo que uno profesa ser, y su expresión más convincente es la fidelidad a los propios compromisos. En una persona madura no hay lugar ni para la hipocresía ni para la insinceridad.

Así como una manzana madura es «más manzana», así una persona es más humana cuando alcanza la madurez. Pero a diferencia de lo que ocurre con las manzanas y las demás creaturas, el hombre es capaz de reflexionar sobre su naturaleza y de escoger libremente entre vivir o no de acuerdo con lo que debería ser como persona humana. De este modo, la madurez consiste en la conformidad entre el modo como vivimos y nuestra verdadera naturaleza.

Entre otras cosas, esto implica aceptar el propio estado de vida y actuar con coherencia. Una persona casada madura vive de acuerdo con la naturaleza del estado matrimonial; no se comporta como si fuera soltera -llevando una vida social más activa, quedándose en el trabajo hasta altas horas de la noche, viajando cuando se le ocurre...-. A partir de la boda, sus costumbres y pasatiempos, sus relaciones con los demás y el uso de su tiempo libre tendrán que regirse por el compromiso que libremente ha asumido ante Dios, ante los demás y ante sí mismo. Lo contrario sería vivir en la mentira: decir que se es casado pero comportarse como un soltero.

Madurez significa aceptar las alegrías y las dificultades que conllevan las propias decisiones, como hacen los esposos el día de su boda: «En la prosperidad y en la adversidad, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe». Las personas maduras son capaces de comprometerse sin temor, porque son dueñas de sí mismas y no esclavas de las mudables circunstancias.

Autor: Thomas Williams
Fuente: Catholic.net


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