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Armonía de la Persona Humana - Parte VI

Cuando yo era niño

...Al escribir a los corintios, san Pablo reflexionó sobre este proceso en su propia vida: «Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño» (1 Co. 13, 11). Y luego añade una distinción: «Hermanos, no seáis niños al juzgar. Sed niños en lo que se refiere al mal, pero como hombres maduros en vuestra manera de pensar» (1 Co. 14, 20).

Ser como un niño no es del todo malo. En numerosas ocasiones, Cristo exhortó a sus discípulos a ser «como niños», al grado de poner esto como condición para entrar en el cielo: «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos» (Mt. 18, 3). La palabra «niño» tiene dos connotaciones radicalmente distintas. Ser «como niño» significa ser sencillo, confiado, inocente y espontáneo (todas las notas positivas de la niñez). En este sentido, hemos de empeñarnos en ser como niños. Ser «pueril», en cambio, significa ser caprichoso, egoísta e ingenuo (en una palabra, inmaduro).

Tal vez si comparamos diez pares de características contrastantes, podemos precisar mejor el significado de la madurez. El primer término de cada par se asocia a la puerilidad y el segundo a la madurez. El siguiente cuadro presenta una síntesis de estas cualidades:

Niño-Adulto
1 Superficialidad-Profundidad
2 Impulsividad-Reflexión
3 Inestabilidad-Constancia
4 Sentimentalismo-Carácter
5 Satisfacción inmediata-Capacidad de sacrificio
6 Autoestima exagerada-Humildad
7 Subjetivismo-Objetividad
8 Extremismo-Equilibrio
9 Egoísmo-Apertura
10 Dependencia-Independencia

Autor: Thomas Williams
Fuente: Catholic.net


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