miércoles

El silencio y Libertad de Santa María

María – como sabemos por fe- es una primicia de la reconciliación; Ella ha sido concebida Inmaculada, pura, sin mancha. Ella ha sido preservada del pecado de origen por una irrupción de la gracia, en adelanto de la obra Reconciliadora de su Hijo; por eso los pueblos con fe se refieren a tal misterio como la Inmaculada Concepción.

Así pues, en la Anunciación, la gracia que se acerca invitándola a acogerla desde su libertad, va al encuentro de una naturaleza concreta, hic et nunc (aquí y ahora); y encuentra a María bien dispuesta para responder en el sentido correcto.

María de Nazaret, a lo largo de sus años, aprendió a responder a su naturaleza concreta, a su realidad más profunda. Desde su libertad Ella supo decirle una y otra vez: Sí a Dios, preparándose sin saberlo para el gran momento de la historia de toda la humanidad: la irrupción del verbo de Dios en el tronco humano.

Así la encontramos haciendo silencio en su interior, siendo ejemplo de silencio. Ella sabe escuchar (Lc 1, 26-38); meditar la Palabra (Lc 2, 19.51.); callar (Jn 19, 25-27); hablar (Jn 2,5.); en los momentos apropiados.

De no haber habido silencio en María, difícilmente habría escuchado el anuncio; y de no haberlo escuchado, no habría habido respuesta.

El “Hágase”, el “Fiat” que nos asombra, que nos sobrecoge, que nos llena de gratitud cordial profunda, está ligado al silencio.

La fascinante respuesta de María brota del corazón de una Mujer libre; es precisamente desde su libertad poseída, y haciendo ejercicio de esa misma libertad, que María responde “Sí”, “Hágase”.

La libertad de elección es una característica inalienable de la persona. Y al hablar de ella hablamos siempre de una persona situada. En este sentido, la libertad en acto será tanto más libre cuanto mas responda a un ejercicio habitual consciente, en la dirección de los dinamismos fundamentales del ser humano; es decir, cuando la libre elección, al actuar a través del entendimiento y la voluntad, responda realmente al auténtico crecimiento de la persona humana.

Seremos más libres cuanto más nos acerquemos a la realidad profunda, a la mismidad de nuestro propio ser; y seremos tanto menos libres, cuanto más nos alejemos de esa mismidad y de su destino.

Cuando flaqueamos en la búsqueda de la verdad y en el ejercicio de la voluntad encaminada según ella, es decir cuando actuamos de espaldas a nuestra mismidad, vamos debilitando la libertad propia.

Cuando nos educamos a no elegir según la recta escala de valores, sino a someternos a la coacción de fuerzas emocionales, a la ley del gusto-disgusto, cuando respondemos a la variabilidad de sentimientos, cuando permitimos que alguna de esas fuerzas nos domine, gradual e imperceptiblemente vamos siendo mal educados a seguir el impulso más fuerte –quizá sería mejor decir de mayor “resonancia” sensible- y, por supuesto, más cómodo, y vamos renunciando al ejercicio de una recta libertad que responde a la verdad.

La vida de María nos muestra a quien ha logrado un auto-dominio, un señorío sobre sí mismo, que es precisamente a lo que en la Dirección de San Pedro alude areté -virtud- (2 Pe 1, 1-11) . La vida de maría nos invita a trabajar por la misma senda de cooperar con la gracia en el ejercicio del silencio que conduce a la virtud, al señorío sobre sí mismo.

La Sierva del Señor al sumase así al plan de Dios y su dinamismo, en un acto paradojal, parece renunciar a su libertad, pero precisamente, al adherir plena y totalmente su libertad al dinamismo del Plan de Dios, la Madre trasciende no pocas de las limitaciones que pueden afectar la libertad humana y se produce un asalto cualitativo en su maduración como persona libre al conectar su libertad con la fuente y meta de todo su ser y devenir, con la misma Libertad.

Al acoger sin condiciones ni cálculos mezquinos el llamado liberador, María es llevada a una dimensión más grande y profunda de la libertad.


Luis Fernando Figari
Extraído de : "María, Paradigma de Unidad"
Vida y Espiritualidad – Segunda Edición – Lima 1992

1 comentario:

Ailyn dijo...

Muy cierto esta frase me llamó mucho la atención: "De no haber habido silencio en María, difícilmente habría escuchado el anuncio; y de no haberlo escuchado, no habría habido respuesta". es muy importante darnos el tiempo de estar silenciosos ante Dios para escucharle.
Muchos saludos!!!

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