jueves

Inmaculada concepción

Mientras se acercaba definitivamente la plenitud de los tiempos, o sea, el acontecimiento salvífico del Emmanuel, la que había sido destinada desde la eternidad para ser su Madre ya existía en la tierra. Por consiguiente (...) comenzó a resplandecer como una verdadera “estrella de la mañana”. En efecto, igual que esta estrella junto con la “aurora” precede la salida del sol, así María desde su concepción inmaculada ha precedido la venida del Salvador, la salida del “sol de justicia” en la historia del género humano.

(...) La eligió desde el principio, desde el primer momento de su concepción, haciéndola digna de la maternidad divina, a la que sería llamada en el tiempo establecido. La hizo primera heredera de la santidad de su propio Hijo. La primera entre los redimidos con su Sangre, Sangre recibida de Ella, humanamente hablando. La hizo inmaculada en el momento mismo de la concepción.

La preservación en María del pecado original, desde el primer instante de su ser, representa el primero y radical efecto de la obra redentora de Cristo. Vincula a la Virgen con un lazo íntimo e indisoluble, a la encarnación del Hijo, que antes de nacer de Ella, la redime del modo más sublime.



Hoy día, el sentido mismo del pecado ha desaparecido en parte, porque se esta perdiendo el sentido de Dios. Se ha creído poder edificar un humanismo sin Dios, y la fe corre constantemente el riesgo de aparecer como una originalidad de algunos, sin nada que ver con la salvación de todos.

Las conciencias se han obnubilado, como después del primer pecado, sin distinguir ya el bien del mal. Muchos no saben ya qué es pecado, o no se atreven a saberlo, como si esta conciencia les fuera a alienar de su libertad… Es difícil convencer a este mundo de la miseria de su propio pecado, y de la salvación que Dios le ofrece sin cesar en la reconciliación adquirida en la redención.

Pues bien, la Virgen Inmaculada viene a llamar a todos los hombres a esta necesidad interior de conversión y reconciliación.



Pedro Beteta
Extraído de : "La vida de María, Madre del Redentor, contada por Juan Pablo II "
Ed. Palabra, S.A. Madrid, 1991

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