martes

Ser luz en medio del Mundo

Esta tarde he visitado a León Bloy. Me ha proporcionado una alegría extraordinaria ver cara a cara a este hombre al que conozco tan bien a través de sus libros.


La Paz mora en este hombre, y la clarividencia. Observo el brillo de los globos húmedos y espejeantes de sus grandes ojos y comprendo de pronto que, por mucho que el dolor se haya cebado en él a lo largo de toda su vida, posee paz interior.


Con sencillez le manifiesto mi admiración por su obra, por su vida, por sus ideas y cuando le digo que no soy católico, pero que a pesar de ello todos sus libros me han impresionado vivamente, por que veo en ellos algo que excede a los contornos de una mera obra artística, me contesta con calma: “Mon ami, si vous n’êtes pas dans l’Égliese, vous n’êtes dans l’erreur” (En Francés en el original. – “Amigo mío, si no está usted en la Iglesia, está usted en un error.”).


Como ya sospechaba, no he encontrado en Bloy la más mínima amargura. Su ser es ternura y amor infinitos.


La proximidad de este hombre, que en medio de la turbulencia de los tiempos actuales vive solitario y pobre, cuya energía y cuya fe nada, ni la más acerbas privaciones, ni el dolor más cruel son capaces de hacer vacilar, me produce un benéfico efecto.


Cada acontecimiento, cada ser humano, cada circunstancia, todos los actos obtienen en virtud de sus palabras un significado divino, se convierten en un misterio mediante el cual se revela el propio Dios.

Sin embargo, Bloy no es exclusiva y permanentemente el pensador profundo, ya que, con sus sesenta y tres años y sus cabellos completamente blancos, está pletórico de juventud, y su ágil humor, su graciosa ironía, que me son conocidos por la lectura de su “exégèse des linux communs”, me han hecho reír de muy buena gana más de una vez en ocación de nuestras entrevistas. Me ha pedido que vuelva a visitarle.

No acabo de sobreponerme de la sorpresa que me causa que un hombre así, cristiano, católico hasta la más extrema consecuencia, viva aquí, en esta ciudad. ¡Por eso París me gusta más!



Peter Vander Meer de Walcheren
extraído de: "Nostalgia de Dios" - La Busqueda del Misterio
Ediciones Lohlé-Lumen 1995

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