lunes

Cuatro episodios


Algunas partes de lo que contaré son mera ficción, pero otras, son verdad. El lector avisado sabrá distinguir.

[I]

Se llama Louise Veronica Ciccone, pero se hace llamar Madonna. Desde que era una simple muchachita con grandes ambiciones en Detroit, sabe que hacer escándalo te saca del anonimato y te lleva a la cima. Hoy está en la cima. Bueno, más o menos, porque resulta que tiene que peleársela con otras como ella. Así que se reúne con sus asesores de producción, porque a ella le gusta supervisar personalmente todas las etapas de sus espectáculos. Es muy perfeccionista.

—Necesitamos algo fuerte —les dice.
—Sí, algo que escarapele a la gente y la haga chillar de indignación. Que haya protestas.
—Ya sé: ¡disfrázate de Mahoma!
—¡No! ¿Estás loco? —se apresura el otro—. La matarían. Y a nosotros también. ¡Ya sabes cómo son esos!
—¡Ya sé! ¡Una crucifixión! ¡Anda, eso vendería, levantaría polvo como nunca y nadie le tocará un pelo! Con los cristianos no pasan esas cosas. Además, ya sabemos cómo controlarlos: decimos que tal o cual obispo es un cucufato y asunto arreglado.
—Excelente.

[II]

Se llama Joseph, pero aceptó cambiarse de nombre para asumir el puesto que recibió por encargo. Ahora le llaman Benedicto. Mucha pompa para él, pero acepta sin remilgos. En realidad, aceptó simplemente por su espíritu de servicio y obediencia. Lo que es él, le encantaría ser simplemente un profesor de Teología. Por eso cuando, aprovechando la visita a su tierra, su antigua universidad le pidió que diera una clase magistral, su corazoncito no se negó. Y fue.
Habló para un grupo de académicos, gente que habla otro lenguaje, que habla en difícil, de filosofía y esas cosas. O sea: no para todo el mundo. Sin embargo, todo el mundo se enteró. Pero no de lo que quiso decir, sino de lo que dicen que dijo, que en el fondo, no fue lo que dijo. Dijo que alguien antes había dicho cierto asunto de cierta religión que no era la suya, y Benedicto usó eso como base para explicar cierto asunto sobre su propia religión. Ni volvió a tocar el tema de aquella religión que no era la suya. Pero no importaba. Desmenuzaron sus palabras. Las transplantaron. Las tradujeron a idiomas en las que armaría un incendio, pues las embadurnaron de gasolina (tal vez de petróleo). Le tendieron una trampa.

Benedicto ahora está triste porque no lo entendieron. Y eso que en el fondo no dijo nada nuevo, porque aun si lo central de su mensaje hubiera sido hablar de la otra religión que no era la suya, solo dijo algo que su predecesor ya había dicho, lo mismo de siempre: que la violencia no es parte de la auténtica religión, que no es querida por Dios. Pero nadie lo entendió. Incluso los que alguna vez aplaudieron el mismo mensaje en labios de su predecesor, ahora o se rasgan las vestiduras o guardan silencio.

Sin embargo, dentro de todo Benedicto tiene calma. No tiene miedo de lo que le pueda pasar a él, aunque lo siente por la injusticia que puedan sufrir sus hijos. Y es que a su predecesor quisieron matarlo, y al primero que ocupó su cargo, de hecho lo mataron. Pero está tranquilo porque sabe que para él la muerte no es lo peor que le puede pasar al ser humano; lo peor es traicionar a Dios y a la verdad (qué curioso: lo mismo piensan los que le acaban de declarar la guerra). Y también sabe —porque se lo han prometido— que todas las fuerzas del Infierno se vendrán contra él… pero que no lo destruirán.

[III]

No sé cómo se llaman. Llamémosles simplemente Craig y Clarence. Viven en cualquier lugar del mundo, lo cual es casi literal, pues tienen más de una casa. A veces se mueven en sus oficinas en Manhattan; otras veces, en sus casas en las afueras de Londres; otras veces… bah, no importa. Siempre se alcanzan con una simple llamada. Esta vez Craig llama a Clarence para felicitarlo, para decirle que fue brillante aquello de hacer que la BBC publicara las palabras de Joseph en árabe, turco, parsi y urdu, precisamente las lenguas en las que prendería fuego. Y con un titular como «El discurso del Papa excita la ira musulmana» la mesa estaba servida.

—¿Viste? Solo bastaba con eso: una pequeña noticia puesta como nosotros sabemos y listo. ¡Míralos ahora! ¡Se están matando!
—Es genial. Y no movimos casi ningún dedo. Oye, pero me preocupa el asunto de las muertes. Porque va a morir gente, ¿verdad? De hecho, ya viste el asunto ese de la monja…
—Tranquilo. ¿Eso te preocupa? Es normal. Matarán a unos cuantos por ambos lados. Es el costo, hermano. Pero dentro de poco se tranquilizarán y todo volverá a la normalidad. Ahí ya pensaremos otra cosa.
—¿Tú crees que pida perdón?
—Sería genial. Pero no podemos aspirar a tanto con un solo golpe. Pero ¿sabes?, aun con todo, habremos logrado algo.
—¿Qué cosa?
—Ahora todos se la pensarán dos veces antes de decir algo. Hemos logrado algo grandioso para este tiempo: ahora seguramente el papa lo pensará dos veces antes de decir cualquier cosa. Y eso, amigo mío, se llama poder.


No. Craig y Clarence no conocen de qué se trata el trabajo de Benedicto.

[IV]

Tienen millones de nombres, porque son varias personas. Pero todos tienen en común un símbolo: la media luna. Aunque ignoran que es también un poco el símbolo de aquellos que consideran sus enemigos: los cristianos católicos, que dicen ver en la luna un símbolo de la Madre de Dios. Pero ese es otro tema.
De entre todos los millones de ellos, un grupo adora las armas. Se dicen entre sí: «Tenemos el control. Somos la amenaza hoy en día. Cualquiera que quiera meterse con nosotros, sabrá lo que es una espada. ¡Y vaya si lo sabrá! Pronto ganaremos el mundo para nosotros, pues todos tendrán miedo. Y será el reinado de los hijos del Profeta. Tenemos el poder».
Tienen muchos nombres, porque son varias personas, pero ninguno de ellos sabe que no tiene el poder de nada. Porque arriba de ellos hay gente como Greg y como Clarence, que son quienes mueven los hilos de todo según como les convenga a los que, a su vez, están por encima de ellos. Y lo que les conviene ahora es debilitar a la Iglesia de Roma. Mucha moral, mucho pensamiento fuerte. Mientras tanto, ese grupo dentro del de los hijos de la media luna, entre que cegado por su sed de sangre y por su fanatismo, no se da cuenta de los hilos que lo mueven de aquí para allá, al son de un baile que, ciertamente, no es nada oriental.
Enrique Gordillo C.
Colaborador de Pensamiento Católico

6 comentarios:

Dante R. Montaño Gamarra dijo...

Gracias Enrique por tu relato. Es ciertamente preocupante, aunque no me sorprende, que algunos medios de comunicación malintencionados dan noticias sobre la Iglesia sólo cuando tienen algo de lo cual crear un conflicto. Creo que pese a que mucha gente (ya sea católica o no), piensa que la violencia no es buena, se convierte en noticia sensacionalista cuando se tergiversa las palabras de un buen hombre, como es S.S. Benedicto XVI.

Edgard Hinojosa dijo...

Definitivamente comparto lo que dice Dante, es cierto que la gente de los medios actualmente busca crear conflictos y que siempre se esta buscando la forma de atacar a los demas, esto pasa por un problema muy fuerte en la nuestra actualidad, lo que es lamentable es que tengamos que esperar que se den estos acontecimientos para poder tomar una reflexión y poder cuestionar lo que se dijo o dice de nosotros los catolicos, no debemos dejar que estas cosas nos afecten y ataquen. Seamos coherentes con nuestras acciones y busquemos siempre la caridad, el amor y la paciencia que son virtudes que al ser humano nos ayudan a crecer y madurar.
Dios los bendiga.

Marazul dijo...

La controversia vende, lo mismo pasó con el código da vinci; pero si los católicos nos quejamos o protestamos contra lo que nos ofende somos "intransigentes", si somos buenos católicos somos "cucufatos", el mal siempre tratará de hacernos callar, el católico debe ser valiente para defender pero tambien inteligente para no caer en el juego de los medios.

Pighin Celso dijo...

Creo que debe llegar el momento en el que "los que piensan" sepan tomar decisiones y quitar el apoyo a las agencias de noticias que cometen estos "errores"... ("Miente! Miente!... que algo sempre quedarà!..") Y lo siguen haciendo.
Y hasta los que analizamos todo... podemos caer engañados, por esos falsos cientìficos y vendedores de mentiras..

alemama dijo...

Enrique, ¡genial! como todo lo que te conozco. Me demoré (se quedó el enlace por ahí) pero vine. Muy bueno, repito
Saludos.

Marta Salazar dijo...

hoy, 28 de noviembre, coloco un enlace a este art. y después les pongo el blog entre mis blogs amigos!

Google+