martes

Un Devoto Consumado

Siendo niño San Francisco de Paula, rezaba el rosario y el oficio de la Santísima Virgen, de rodillas y con la cabeza descubierta, aún en el más inclemente invierno.

Un día le mandó su madre, que se cubriese, por temor de que enfermara con el frío del tiempo, y el niño le respondió sabiamente:

“Madre mía, ¿cómo querrías que estuviese si hubiera de hablar con la reina de la tierra?... Pues ahora estoy hablando con la Emperatriz del cielo”.



Santiago Vanegas Cáceres
Extraído de: "Reina Señora y Madre"

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