martes

La fe no es privilegio, sino don

Con la insistencia sobre el suceso de Tomás y su incredulidad inicial («Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos, no creeré»), el Evangelio sale al encuentro del hombre de la era tecnológica que no cree más que en lo que puede verificar. Podemos llamar a Tomás nuestro contemporáneo entre los apóstoles.

San Gregorio Magno dice que, con su incredulidad, Tomás nos fue más útil que todos los demás apóstoles que creyeron enseguida. Actuando de tal manera, por así decirlo, obligó a Jesús a darnos una prueba «tangible» de la verdad de su resurrección. La fe en la resurrección salió beneficiada de sus dudas. Esto es cierto, al menos en parte, también aplicado a los numerosos «Tomás» de hoy que son los no creyentes.

La crítica y el diálogo con los no creyentes, cuando se desarrollan en el respeto y en la lealtad recíproca, nos resultan de gran utilidad. Ante todo nos hacen humildes. Nos obligan a tomar nota de que la fe no es un privilegio, o una ventaja para nadie. No podemos imponerla ni demostrarla, sino sólo proponerla y mostrarla con la vida. «¿Qué tienes que no lo hayas recibido? Y, si lo has recibido, ¿a qué gloriarte cual si no lo hubieras recibido?», dice San Pablo (1 Corintios 4,7). La fe, en el fondo, es un don, no un mérito, y como todo don no puede vivirse más que en la gratitud y en la humildad.

La relación con los no creyentes nos ayuda también a purificar nuestra fe de representaciones burdas. Con mucha frecuencia lo que los no creyentes rechazan no es al verdadero Dios, al Dios viviente de la Biblia, sino a su doble, una imagen distorsionada de Dios que los propios creyentes han contribuido a crear. Rechazando a este Dios, los no creyentes nos obligan a volvernos a situar tras las huellas del Dios vivo y verdadero, que está más allá de toda nuestra representación y explicación. A no fosilizar o banalizar a Dios.

Pero también hay un deseo que expresar: que Santo Tomás encuentre hoy muchos imitadores no sólo en la primera parte de su historia --cuando declara que no cree--, sino también al final, en aquel magnífico acto suyo de fe que le lleva a exclamar: «¡Señor mío y Dios mío!».

Tomás es también imitable por otro hecho. No cierra la puerta; no se queda en su postura, dando por resuelto, de una vez por todas, el problema. De hecho, ciertamente le encontramos ocho días después con los demás apóstoles en el cenáculo. Si no hubiera deseado creer, o «cambiar de opinión», no habría estado allí. Quiere ver, tocar: por lo tanto está en la búsqueda. Y al final, después de que ha visto y tocado con su mano, exclama dirigido a Jesús, no como un vencido, sino como un vencedor: «¡Señor mío y Dios mío!». Ningún otro apóstol se había lanzado todavía a proclamar con tanta claridad la divinidad de Cristo.

Padre Raniero Cantalamessa, ofmcap
predicador de la Casa Pontificia.
Traducción del original italiano realizada por Zenit

lunes

Evangelio de Judas

¿Qué es el Evangelio de Judas? Padre Williams: Aunque el manuscrito todavía debe ser autentificado, probablemente es un texto del IV o V siglo, una copia de un documento anterior, redactado por la secta gnóstica de los Cainitas. El documento presenta a Judas Iscariote de manera positiva y le describe obedeciendo a la orden divina de entregar a Jesús a las autoridades para la salvación del mundo. Puede ser una copia del «Evangelio de Judas» citado por san Ireneo de Lyón en su obra «Contra las herejías», escrita en torno al año 180. Si es auténtico, ¿supone algún desafío a la fe de la Iglesia católica? ¿Sacudirá los cimientos del cristianismo, como sugieren algunas notas de prensa? Padre Williams: Ciertamente no. Los evangelios gnósticos, hay muchos más, no son documentos cristianos en sí, ya que proceden de una secta sincretista que incorporó elementos de diferentes religiones, incluyendo el cristianismo. Desde el momento de su aparición, la comunidad cristiana rechazó estos documentos por su incompatibilidad con la fe cristiana. El «Evangelio de Judas» sería un documento de este tipo, que tendría gran valor histórico, ya que contribuye a nuestro conocimiento del movimiento gnóstico, pero no supone ningún desafío para el cristianismo. ¿Es verdad que la Iglesia ha tratado de encubrir este texto y otros documentos apócrifos? Padre Williams: Estos son inventos hechos circular por Dan Brown, el autor de «El Código Da Vinci» y otros autores que apoyan la teoría de la conspiración. Usted puede ir a cualquier librería católica y obtener una copia de los evangelios gnósticos. Los cristianos no creen que sean verdaderos pero no hay ningún intento de esconderlos. Pero, ¿no cree que un documento así pone en tela de juicio las fuentes cristianas, en particular los cuatro evangelios canónicos? Padre Williams: Recuerde que el gnosticismo surgió a mediados del siglo II, y el «Evangelio de Judas», si es auténtico, probablemente se remonta a finales del siglo II. Sería como si yo me pusiera a escribir ahora un texto sobre la Guerra Civil de los Estados Unidos y los presentara como una fuente histórica primaria de esa Guerra. El texto podría no haber sido escrito por un testigo presencial, como en cambio lo son al menos dos de los evangelios canónicos. ¿Por qué estaban tan interesados en Judas los militantes en el movimiento gnóstico? Padre Williams: Una de las mayores diferencias entre las creencias gnósticas y el cristianismo se refiere a los orígenes del mal en el universo. Los cristianos creen que un Dios bueno creó un mundo bueno, y que por el abuso del libre albedrío, el pecado y la corrupción entraron en el mundo y produjeron desorden y sufrimiento. Los gnósticos atribuyen a Dios el mal en el mundo y afirman que creó el mundo de un modo desordenado. Por esto, son partidarios de la rehabilitación de figuras del Antiguo Testamento como Caín, que mató a su hermano Abel, y Esaú, el hermano mayor de Jacob, que vendió sus derechos de primogenitura por un plato de lentejas. Judas entra perfectamente en la visión gnóstica que muestra que Dios quiere el mal del mundo. Pero ¿no cree que la traición de Judas fue un elemento necesario del plan de Dios, como sugiere el texto, para que Cristo diera su vida por los hombres? Padre Williams: Siendo ominisciente, Dios conoce perfectamente nuestras elecciones tiene en cuenta incluso nuestras decisiones equivocadas en su plan providencial para el mundo. En su último libro «Memoria e identidad», Juan Pablo II reflexionaba elocuentemente sobre cómo Dios sigue obteniendo bien incluso del peor mal que el hombre pueda producir. Esto no significa, sin embargo, que Dios desee que hagamos el mal, o que buscaba que Judas traicionara a Jesús. Si no hubiera sido Judas, hubiera sido otro cualquiera. Las autoridades habían decidido que Jesús debía morir y era ya sólo cuestión de tiempo. ¿Cuál es la posición de la Iglesia respecto a Judas? ¿Es posible «rehabilitarlo»? Padre Williams: Si bien la Iglesia católica cuenta con un proceso de canonización por el que declara que algunas personas están en el cielo, como los santos, no prevé un proceso de este tipo para declarar que una persona está condenada. Históricamente, muchos pensaron que Judas está probablemente en el infierno, debido al severo juicio de Jesús: «Hubiera sido mejor para ese hombre no haber nacido», se puede leer en el Evangelio de Mateo (26, 24). Pero incluso estas palabras no son una evidencia concluyente respecto a su suerte. En su libro de 1994, «Cruzando el umbral de la esperanza», Juan Pablo II escribió que estas palabras de Jesús «no aluden a la certeza de la condena eterna». Pero si hay alguien que merece el infierno, ¿no sería Judas? Padre Williams: Seguramente mucha gente merece el infierno, pero debemos recordar que la gracia de Dios es infinitamente más grande que nuestra debilidad. Pedro y Judas cometieron faltas parecidas: Pedro negó a Jesús tres veces, y Judas lo entregó. Y ahora Pedro es recordado como un santo y Judas simplemente como el traidor. La principal diferencia entre los dos no es la naturaleza o gravedad de su pecado sino más bien la voluntad de aceptar la gracia de Dios. Pedro lloró sus pecados, volvió con Jesús, y fue perdonado. El Evangelio describe a Judas ahorcándose desesperado. ¿Por qué está despertando tanto interés el «Evangelio de Judas»?
Padre Williams: Estas teorías sobre Judas no son ciertamente nuevas. Baste recordar la ópera rock de 1973, «Jesucristo Superstar», en la que Judas canta «Realmente no he venido aquí por mi propia voluntad», o la novela de Taylor Caldwell, de 1977, «Yo, Judas». El enorme éxito económico de «El Código da Vinci» ha abierto sin duda la caja de Pandora y ha dado incentivos monetarios a teorías de este tipo. Michael Baigent, autor de «Sangre Santa, Santo Grial», ahora ha escrito el libro «The Jesus Papers» (Los documentos de Jesús) en el que recicla la vieja historia de que Jesús sobrevivió a la crucifixión. Y un nuevo estudio «científico» recién publicado afirma que las condiciones meteorológicas podrían haber hecho que Jesús caminara sobre un pedazo de hielo flotante en el Mar de Galilea, cuando el Evangelio dice que caminaba sobre el agua. Básicamente, para quienes rechazan tajantemente la posibilidad de los milagros, cualquier teoría, por extraña que pueda ser, es mejor que las afirmaciones cristianas.
Padre Thomas D. Williams L.C., Decano de la Facultad de Teología de la Universidad Regina «Apostolorum de Roma»

Investigadores del evangelio de Judas

Acontinuación conozca al equipo de nuevo estudiosos que asesoraron el proyecto de investigación realizado por National Geographic (NG) sobre el hallazgo y los contenidos del supuesto "evangelio de Judas".


Elaine Pagels es una feminista que ha escrito varios libros contra la Iglesia Católica como "El Origen de Satanás". Ayudada por la Fundación MacArthur -abiertamente abortista- investigó y escribió "Adán, Eva y la Serpiente", donde acusa al cristianismo de ofrecer una imagen distorsionada de la mujer y revela el asiduo uso de su estudio por parte de las feministas.

Pagels admite que creció sin religión y que su padre le enseñó que ésta es una "fantasía de niños". En su opinión, que aparece en el sitio web de NG, textos como el evangelio gnóstico de Judas están "cambiando la forma en que entendemos los inicios del cristianismo". Según la investigadora, la historia de la traición de Judas generó un sentimiento anti-semita entre los cristianos.

Es conocido el abierto apoyo de Pagels a la exhibición "Arte, Religión y Resistencia" en la cual se presentaron obras del artista Andrés Serrano como Piss Christ (Orine a Cristo) en la que se aprecia un vaso lleno de orina y sangre del autor con un crucifijo dentro y Sangre y Semen II, una muestra de sangre obtenida de una menstruación mezclada con leche materna y semen.


Amy Jill Levine, judía y miembro de organizaciones feministas abortistas y de la Liga Antidifamación Judía (ADL). Considera que los cristianos tienen básicamente un sentimiento anti-semita generalizado que viene desde los tiempos de Jesús, asunto que explicó en detalle en una conferencia titulada "Los cristianos dicen las cosas más locas (sobre los judíos)". Participó en la evaluación de "la película La Pasión de Cristo" de Mel Gibson. En el proceso, Levine concluyó -antes que la película fuera filmada- que ésta difamaba a los judíos.


Bart Ehrman, jefe del Departamento de Estudios Religiosos en la Universidad de North Carolina en Chapel Hill. En obras como "¿Existe evidencia histórica para la resurrección?" y "Cristiandades Perdidas", que recogen información de las sectas gnósticas de los primero siglos, pone en duda la misma existencia de Jesús. También ha escrito "Verdades y Mitos del Código Da Vinci" en el que da cierta veracidad a la novela. Exime a los judíos de la crucifixión y culpa a los romanos de la muerte de Jesús pues, según él, Jesús representaba una amenaza para el imperio.


Marvin Meyer, autor de varios libros anti-católicos, también fue convocado por la National Geographic. Entre sus escritos se encuentran "La Biblia Gnóstica", "Los Evangelios de María", "Los Evangelios Gnósticos de Jesús", "Los dichos desconocidos de Jesús", "El libro Mágico de María y los Ángeles", "Magia y Rituales del Mundo Antiguo", "Magia Cristiana Antigua: Textos de Poder Ritual", varios de los cuales fueron utilizados por Dan Brown para escribir su controvertida novela El Código Da Vinci.

Meyer es profesor de Biblia y Estudios Cristianos en la Universidad de Chapman y Co-director del Departamento de Estudios Religiosos de la misma casa de estudios.


Stephen Emmel, otro de los asesores, se contradijo en cuanto a la edad del códice durante la conferencia de prensa de National Geographic. Inicialmente indicó que era de 400 años D.C., luego de 300 años D.C., y en el programa se dice que es de 200 años D.C. Es profesor de Coptología en el Instituto de Egiptología y Coptología de la Universidad de Münster en Alemania. Según Emmel, tal como se aprecia en NG, "podemos estar agradecidos a la National Geographic Society por sus esfuerzos para rescatar este documento único (evangelio gnóstico de Judas) para el bien de la ciencia y la posteridad".


Craig Evans y Francois Gaudard son otros dos de los estudiosos convocados por la National Geographic. El primero ha disertado en varias universidades y niega que Jesús haya sido bautizado por Juan el Bautista, no cree en la resurrección de Jesús ni en los milagros, ha escrito varios libros sobre las sectas gnósticas en los que siempre hace referencia al supuesto anti-semitismo del cristiano. Por su parte, Gaudard, miembro del Instituto Oriental de la Universidad de Chicago, es un egiptólogo que afirma en el sitio web de NG, que "el Evangelio de Judas va a reducir a la nada el tema favorito del anti-semitismo".



Aci Prensa

domingo

El «Evangelio de Judas», una «novedad» que no es tal

No, no tendremos que reescribir los orígenes del Cristianismo; y la fe de los creyentes no irá en crisis por la publicación de un fragmento del así llamado "Evangelio de Judas". Para decirlo enseguida, la clamorosa presentación en Washington, delante de la prensa mundial a propósito convocada, es sobre todo una operación económica y, probablemente, también ideológica.

Historia y teología entran allí poco, como mucho entre los especialistas verdaderos ha despertado sólo curiosidad, no han sido, ciertamente, excitados por una "novedad" que no es tal y que, ellos, ya conocían. Quizás desde hace más de 1800 años, visto que hacia el año 180 Ireneo, obispo de Lyon, griego y gran conocedor del Mediano Oriente, compuso su obra Contra las herejías. En ella escribe: "Dicen que Judas conoció todas estas cosas y justo porque sólo él conoció toda la verdad más que los otros apóstoles, ejecutó el misterio de la traición. Presentan estas invenciones llamándole el evangelio de Judas". Los que enseñan así fueron gnósticos pertenecientes a una secta llamada de los "Cainitas", de Caín, venerado junto a la Serpiente que tentó a Eva, a Cam, a los Sodomitas, a Esaú y, también, a Judas. En resumen, todas las figuras negativas de las Escrituras judeo-cristianas. Poniéndose a semejantes maestros, los "Cainitas" justificaban todo género de obscenidad y delitos.

...

Pero el fuerte olor de dinero ha aleteado enseguida alrededor del papiro emergido en los años Setenta del valle del Nilo, uno de los pocos lugares, junto al desierto de Judea, de donde proviene la biblioteca esénica de Qumràn, dónde la aridez del clima permite la conservación de materiales tan frágiles. Ya no estamos en el tiempo en que pastores beduinos cedían a los mercantes de Jerusalén y del Cairo cántaros llenos de manuscritos a cambio de pocas monedas de plata. Las bibliotecas de las universidades europeas, americanas, australianas, y hasta japonesas, se enfrentan en subastas memorables para adquirir jirones de manuscritos de los primeros siglos cristianos. Como ya es costumbre en casos parecidos, no están claras las vicisitudes comerciales de este "evangelio de Judas", pero parece cierto que el largo rollo ha sido cortado en dos. Una parte es la que se presentó en Washington con el máximo clamor, otra parte habrá quedado custodiada en una caja fuerte: su precio es destinado a multiplicarse, visto el interés con que ha sido acogida la primicia.

Operación económica, digo, pero quizás también ideológica. El Código da Vinci de Dan Brown sólo es el ejemplo más afortunado de un filón que, desde hace algún año atrás, parece un río en plena crecida. Una pseudo-historia, una fanta-exégesis estrujan el ojo al lector, reprochándole que uno como él no puede aceptar sin más el cuento de las Iglesias "oficiales" - a empezar de la católica - sobre los orígenes cristianos. Que en absoluto es como lo cuentan desde hace demasiados siglos los curas, que saben la verdad, pero la esconden. Por ejemplo, éstos están dispuestos a recurrir al homicidio antes que a hacer filtrar las "verdaderas" relaciones entre Jesús y Maria de Magdalena, con las consecuencias que ellos han tenido sobre la historia del Occidente. Como se sabe, ésta es la tesis central de Dan Brown, que no ha hecho otro que mezclar los contenidos de un cóctel rancio que ya en el 1988 Umberto Eco puso en burla - tan ferozmente cuánto inútilmente - en su "Péndulo de Foucault".

Si esto, en todo caso, es lo que quiere el mercado, ¿cómo no aprovechar un auténtico "documento secreto", de un trozo de aquellos "evangelios apócrifos" en el que estaría la verdad oculta, para engolosinar las masas, empujándolas a comprar periódicos, libros, ver la película, a lo mejor adquirir camisetas, gorros, llaveros? Los Dan Brown han reconstruido por vosotros la figura "auténtica" de la Magdalena, otros aquella de Pietro, de Simón de Cirene, de Nicodemo, del propio Jesús: aquí tienen ustedes un Judas como no habrían jamás pensado: un amigote, un bienhechor, un privilegiado por Dios, otro que el desgraciado traidor del que les han hablado siempre las iglesias. Papel, más bien papiro, canta....

La instrumentalización ideológica de los restos se ha hecho explícita, en la presentación de Washington, cuando alguien ha dicho que - con el nuevo, benemérito Iscariote - se cortarán las uñas al antisemitismo cristiano. Esto, el periódico católica Avvenire ha comentado, si es verdadero no es otra cosa que "una demencial intención de favorecer el diálogo con el hebraísmo". Demencial no sólo porque el cristianismo siempre ha sabido que, si un apóstol israelita traicionó, los otros once eran israelitas como él, como lo fueron los 72 discípulos y los millares de primeros seguidores. Y muchos de aquellos judíos, hijos de judíos, prefirieron el martirio a la negación. Pero demencial también porque la secta de los "Cainitas", de donde viene el fragmento, consideraba el Dios de los judíos como el Dios malvado, en lucha mortal con aquel bueno, el gnóstico Dios Supremo. Destruir el Jahvé de las Escrituras fue el objetivo final de la historia. Y a Judas había que exaltarlo justo como el campeón atrevido de esta batalla contra el repugnante Demiurgo semítico. Entonces, a pesar de los engañosos guiños al "diálogo", este no podrá poner entre sus textos base el papiro ofrecido a la venta por los editores americanos.

Vittorio Messori,
Corriere della Sera
sábado 8 de abril de 2006

martes

Una ley injusta

La ley que equipara los matrimonios naturales a las uniones de personas del mismo sexo es injusta y desacertada.

Desacertada porque va contra el parecer de la mayoría de los españoles Según el Instituto Nacional de Estadística, las parejas homosexuales en España son diez mil (Periódico ALBA del 24-30 de junio, pg 6). Pero la gran mayoría de los españoles no aprueba esta ley.

...

Pero además es injusta. Tan injusto es tratar de modo diferente a dos cosas iguales, como tratar igual a dos cosas diferentes. No pueden tener el mismo tratamiento jurídico dos realidades diferentes. Como ha dicho con gracia el P. Rivilla : dos tuercas o dos tornillos no sirven lo mismo que una tuerca y un tornillo. Sin la unión de un hombre y una mujer no puede nacer un niño. Los matrimonios de homosexuales empobrecen el futuro de la humanidad. El matrimonio, desde Adán y Eva hasta nuestros días, está constituido por un hombre y una mujer. Las leyes humanas no pueden cambiar la naturaleza de las cosas. Aunque el gobierno haga una ley permitiendo volar a los burros, no por eso a los burros les saldrán alas. Es absurdo legislar contra la naturaleza.

Los homosexuales tiene derecho a que se les respete como ciudadanos (Seguridad Social, jubilaciones, pensiones, etc); pero no tienen derecho a apropiarse de lo que no les pertenece. Como el niño que en el parque quiere apropiarse de un juguete que no es suyo. La ampliación de derechos puede ser injusta. Por ejemplo: dar derecho al vecino de enfrente a usar mi coche porque se ha encaprichado con él. Negarles lo que no les pertenece no es discriminarlos. Lo mismo que no es discriminar al cleptómano si se le impide robar. Lo que pretenden es un abuso. Dar a las uniones homosexuales los mismos derechos que al matrimonio, ha dicho la Conferencia Episcopal Española, es tan funesto como dar curso legal a una moneda falsa.

Llamar intolerantes a los que no aceptan esta igualdad es como llamar intolerantes a los que no aceptan el error de que la Tierra es plana o que el agua se solidifica a los cien grados centígrados.

Si hoy los homosexuales logran su deseo, mañana los bisexuales pueden lograr que se les permitan dos matrimonios simultáneamente.

Si la norma es «TODO VALE», ¿también la zoofilia y la antropofagia? ¿También se pueda aceptar que un hombre quiera casarse con su gata o con una gallina? ¿O que uno se coma a un amigo que ha matado, descuartizado y conservado en su frigorífico? Eso es lo que hizo el ²canibal de Londres², Peter Bryan con sus amigos Cherry y Richard (DIARIO DE CÁDIZ del 16 de marzo del 2005, pg. 54).

Y otro disparate es dejarles adoptar niños. Esos niños quedarán traumatizados cuando vean que todos sus amigos tienen padre y madre, pero ellos son unos raros. Los psicólogos hablan de los daños que sufrirán esos niños.

Además las estadísticas hablan de que las parejas homosexuales son muy inestables. Con facilidad cambian de pareja. ¿Cuántos padres y madres van a tener esos niños? Según la Dra. Judith A. Reisman, profesora de investigación de la American University, en el estudio científico Crafting Gay Children , afirma que los pederastas heterosexuales son el 9% mientras que los pederastas homosexuales llegan al 60%, según Psychiatric Journal, University of Ottawa, J. W. Bradford et al., 1988. (INTERNET: Boletín HISPANIDAD, 3-VI-2005)

¡Pobres niños! La adopción debe buscar el bien de los niños, no los deseos de los adoptantes.



JORGE LORING, S.I.

El antidoto

«Dios es omnisciente», aprendemos. Por tanto tuvo que saber que nosotros los hombres abusaríamos del don que nos hizo de la libre voluntad. O sea, que en definitiva es culpa suya el que haya sucedido así. En definitiva, es Dios quien tiene la culpa de todo».

Con esta lógica falsa intentamos cargar a Dios con nuestras propias culpas. Siempre hemos sido cobardes morales. Ya el propio Adán intentó echar la culpa de su pecado a Eva. El error básico consiste en que aplicamos de modo totalmente erróneo el concepto de omnisciencia. Y esto lo Hacemos porque nos imaginamos a Dios como a un hombre omnisciente.

Nosotros los hombres vivimos en el tiempo, es decir en un continuo discurrir de las cosas. Dios, sin embargo, vive fuera del tiempo. Para nosotros existe el pasado, el presente y el futuro. Para Dios todo es un eterno ahora. Por tanto no tiene ningún sentido hablar de que Dios sabía (pasado) lo que pasaría (futuro). Dios sabe. Para nosotros el presente es un instante mínimo, ya se ha convertido en pasado. Para Dios todo es presente. Y precisamente por eso es omnisciente.

El no prevé -como el profeta-. El ve. Para Él no existe ni antes ni después. El concepto de tiempo es, como todo lo demás, parte de su Creación. Pero Él está por encima de su Creación y por ello por encima de todo lo temporal. Él crea al hombre (nosotros decimos: creó). El sabe (nosotros decimos: sabía) que el hombre peca (ha pecado).

El posee el antídoto ¿Cuál es el antídoto contra la debilidad y la maldad? Todas las madres lo saben. Precisamente para la oveja negra, para el hijo malo y perverso, ellas sienten el doble y el triple de amor. Dios responde a nuestra caída con un Amor inmenso. Su antídoto es hacerse hombre Él mismo soportando en la cruz nuestras culpas, todas las culpas de todos los hombres de todas las épocas.

Y este hecho es el que eleva al cristianismo por encima de todas las demás religiones. El inocente ha cargado con nuestras culpas. Al hacerse hombre Cristo se ha convertido en hermano nuestro. Por eso nos enseñó a llamar «Padre» al Creador del universo. De criaturas de Dios nos convertimos en hijos de Dios. Esta es la respuesta del Amor. Este es el antídoto.

Louis de wohl

Catequesis de Benedicto XVI

Catequesis, que en forma de coloquio espontáneo, dirigió Benedicto XVI a unos cien mil niños que hicieron este año o que van a hacer la primera Comunión, en un encuentro celebrado en la plaza de San Pedro del Vaticano

-Andrés: Querido Papa, ¿qué recuerdo tienes del día de tu primera Comunión?

-Benedicto XVI: ... En cuanto a la pregunta, recuerdo bien el día de mi primera Comunión. Fue un hermoso domingo de marzo de 1936; o sea, hace 69 años. Era un día de sol; era muy bella la iglesia y la música; eran muchas las cosas hermosas y aún las recuerdo.

Éramos unos treinta niños y niñas de nuestra pequeña localidad, que apenas tenía 500 habitantes. Pero en el centro de mis recuerdos alegres y hermosos, está este pensamiento: comprendí que Jesús entraba en mi corazón, que me visitaba precisamente a mí. Y, junto con Jesús, Dios mismo estaba conmigo. Y que era un don de amor que realmente valía mucho más que todo lo que se podía recibir en la vida; así me sentí realmente feliz, porque Jesús había venido a mí. Y comprendí que entonces comenzaba una nueva etapa de mi vida —tenía 9 años— y que era importante permanecer fiel a ese encuentro, a esa Comunión. Prometí al Señor: "Quisiera estar siempre contigo" en la medida de lo posible, y le pedí: "Pero, sobre todo, está tú siempre conmigo". Y así he ido adelante por la vida. Gracias a Dios, el Señor me ha llevado siempre de la mano y me ha guiado incluso en situaciones difíciles.

Así, esa alegría de la primera Comunión fue el inicio de un camino recorrido juntos. Espero que, también para todos vosotros, la primera Comunión, que habéis recibido en este Año de la Eucaristía, sea el inicio de una amistad con Jesús para toda la vida. El inicio de un camino juntos, porque yendo con Jesús vamos bien, y nuestra vida es buena.


-Livia: Santo Padre, el día anterior a mi primera Comunión me confesé. Luego, me he confesado otras veces. Pero quisiera preguntarte: ¿debo confesarme todas las veces que recibo la Comunión? ¿Incluso cuando he cometido los mismos pecados? Porque me doy cuenta de que son siempre los mismos.

--Benedicto XVI: Diría dos cosas: la primera, naturalmente, es que no debes confesarte siempre antes de la Comunión, si no has cometido pecados tan graves que necesiten confesión. Por tanto, no es necesario confesarse antes de cada Comunión eucarística. Este es el primer punto. Sólo es necesario en el caso de que hayas cometido un pecado realmente grave, cuando hayas ofendido profundamente a Jesús, de modo que la amistad se haya roto y debas comenzar de nuevo. Sólo en este caso, cuando se está en pecado "mortal", es decir, grave, es necesario confesarse antes de la Comunión. Este es el primer punto.

El segundo: aunque, como he dicho, no sea necesario confesarse antes de cada Comunión, es muy útil confesarse con cierta frecuencia. Es verdad que nuestros pecados son casi siempre los mismos, pero limpiamos nuestras casas, nuestras habitaciones, al menos una vez por semana, aunque la suciedad sea siempre la misma, para vivir en un lugar limpio, para recomenzar; de lo contrario, tal vez la suciedad no se vea, pero se acumula. Algo semejante vale también para el alma, para mí mismo; si no me confieso nunca, el alma se descuida y, al final, estoy siempre satisfecho de mí mismo y ya no comprendo que debo esforzarme también por ser mejor, que debo avanzar. Y esta limpieza del alma, que Jesús nos da en el sacramento de la Confesión, nos ayuda a tener una conciencia más despierta, más abierta, y así también a madurar espiritualmente y como persona humana. Resumiendo, dos cosas: sólo es necesario confesarse en caso de pecado grave, pero es muy útil confesarse regularmente para mantener la limpieza, la belleza del alma, y madurar poco a poco en la vida.


-Andrés: Mi catequista, al prepararme para el día de mi primera Comunión, me dijo que Jesús está presente en la Eucaristía. Pero ¿cómo? Yo no lo veo.

--Benedicto XVI: Sí, no lo vemos, pero hay muchas cosas que no vemos y que existen y son esenciales. Por ejemplo, no vemos nuestra razón; y, sin embargo, tenemos la razón. No vemos nuestra inteligencia, y la tenemos. En una palabra, no vemos nuestra alma y, sin embargo, existe y vemos sus efectos, porque podemos hablar, pensar, decidir, etc. Así tampoco vemos, por ejemplo, la corriente eléctrica y, sin embargo, vemos que existe, vemos cómo funciona este micrófono; vemos las luces. En una palabra, precisamente las cosas más profundas, que sostienen realmente la vida y el mundo, no las vemos, pero podemos ver, sentir sus efectos. No vemos la electricidad, la corriente, pero vemos la luz. Y así sucesivamente. Del mismo modo, tampoco vemos con nuestros ojos al Señor resucitado, pero vemos que donde está Jesús los hombres cambian, se hacen mejores. Se crea mayor capacidad de paz, de reconciliación, etc. Por consiguiente, no vemos al Señor mismo, pero vemos sus efectos: así podemos comprender que Jesús está presente. Como he dicho, precisamente las cosas invisibles son las más profundas e importantes. Por eso, vayamos al encuentro de este Señor invisible, pero fuerte, que nos ayuda a vivir bien.


-Julia: Santidad, todos nos dicen que es importante ir a misa el domingo. Nosotros iríamos con mucho gusto, pero, a menudo, nuestros padres no nos acompañan porque el domingo duermen. El papá y la mamá de un amigo mío trabajan en un comercio, y nosotros vamos con frecuencia fuera de la ciudad a visitar a nuestros abuelos. ¿Puedes decirles una palabra para que entiendan que es importante que vayamos juntos a misa todos los domingos?

--Benedicto XVI: Creo que sí, naturalmente con gran amor, con gran respeto por los padres que, ciertamente, tienen muchas cosas que hacer. Sin embargo, con el respeto y el amor de una hija, se puede decir: querida mamá, querido papá, sería muy importante para todos nosotros, también para ti, encontrarnos con Jesús. Esto nos enriquece, trae un elemento importante a nuestra vida. Juntos podemos encontrar un poco de tiempo, podemos encontrar una posibilidad. Quizá también donde vive la abuela se pueda encontrar esta posibilidad. En una palabra, con gran amor y respeto, a los padres les diría: "Comprended que esto no sólo es importante para mí, que no lo dicen sólo los catequistas; es importante para todos nosotros; y será una luz del domingo para toda nuestra familia".


-Alejandro: ¿Para qué sirve, en la vida de todos los días, ir a la santa misa y recibir la Comunión?

--Benedicto XVI: Sirve para hallar el centro de la vida. La vivimos en medio de muchas cosas. Y las personas que no van a la iglesia no saben que les falta precisamente Jesús. Pero sienten que les falta algo en su vida. Si Dios está ausente en mi vida, si Jesús está ausente en mi vida, me falta una orientación, me falta una amistad esencial, me falta también una alegría que es importante para la vida. Me falta también la fuerza para crecer como hombre, para superar mis vicios y madurar humanamente. Por consiguiente, no vemos enseguida el efecto de estar con Jesús cuando vamos a recibir la Comunión; se ve con el tiempo. Del mismo modo que a lo largo de las semanas, de los años, se siente cada vez más la ausencia de Dios, la ausencia de Jesús. Es una laguna fundamental y destructora. Ahora podría hablar fácilmente de los países donde el ateísmo ha gobernado durante muchos años; se han destruido las almas, y también la tierra; y así podemos ver que es importante, más aún, fundamental, alimentarse de Jesús en la Comunión. Es él quien nos da la luz, quien nos orienta en nuestra vida, quien nos da la orientación que necesitamos.


-Ana: Querido Papa, ¿nos puedes explicar qué quería decir Jesús cuando dijo a la gente que lo seguía: "Yo soy el pan de vida"?

--Benedicto XVI: En este caso, quizá debemos aclarar ante todo qué es el pan. Hoy nuestra comida es refinada, con gran diversidad de alimentos, pero en las situaciones más simples el pan es el fundamento de la alimentación, y si Jesús se llama el pan de vida, el pan es, digamos, la sigla, un resumen de todo el alimento. Y como necesitamos alimentar nuestro cuerpo para vivir, así también nuestro espíritu, nuestra alma, nuestra voluntad necesita alimentarse. Nosotros, como personas humanas, no sólo tenemos un cuerpo sino también un alma; somos personas que pensamos, con una voluntad, una inteligencia, y debemos alimentar también el espíritu, el alma, para que pueda madurar, para que pueda llegar realmente a su plenitud. Así pues, si Jesús dice "yo soy el pan de vida", quiere decir que Jesús mismo es este alimento de nuestra alma, del hombre interior, que necesitamos, porque también el alma debe alimentarse. Y no bastan las cosas técnicas, aunque sean importantes. Necesitamos precisamente esta amistad con Dios, que nos ayuda a tomar las decisiones correctas. Necesitamos madurar humanamente. En otras palabras, Jesús nos alimenta para llegar a ser realmente personas maduras y para que nuestra vida sea buena.


-Adriano: Santo Padre, nos han dicho que hoy haremos adoración eucarística. ¿Qué es? ¿Cómo se hace? ¿Puedes explicárnoslo? Gracias.

--Benedicto XVI: ... Rezaremos oraciones, entonaremos cantos, nos pondremos de rodillas, y así estaremos delante de Jesús. Pero, naturalmente, tu pregunta exige una respuesta más profunda: no sólo cómo se hace, sino también qué es la adoración. Diría que la adoración es reconocer que Jesús es mi Señor, que Jesús me señala el camino que debo tomar, me hace comprender que sólo vivo bien si conozco el camino indicado por él, sólo si sigo el camino que él me señala. Así pues, adorar es decir: "Jesús, yo soy tuyo y te sigo en mi vida; no quisiera perder jamás esta amistad, esta comunión contigo".

También podría decir que la adoración es, en su esencia, un abrazo con Jesús, en el que le digo: "Yo soy tuyo y te pido que tú también estés siempre conmigo".


S.S. Benedicto XVI
Pensamiento católico; Omar Orozco Saenz; Louis de Wohl; G.K. Chesterton; Cristiano; Benedicto XVI; Juan pablo II; Juan pablo I; Catolico; Pensamiento Catolico es un pequeño espacio donde se publican articulos de reflexión cristiana, articulos de pensadores Catolicos. Tratando brevemente de inculcar criterios cristianos. Omar Orozco Saenz

Sobre una Negación

Es cosa evidente que un materialista es siempre un místico. Igualmente es cierto que, con frecuencia, es, además, un mistagogo. Es un místico porque se ocupa enteramente de misterios, de cosas que nuestra razón no puede describir, tal como un mandato insulso o sencillamente algo objetivo que se trueca en algo subjetivo. Y es un mistagogo porque, en ocasiones, oculta, en realidad, esos misterios con supercherías. Dogmatiza, es pomposo; trata de amedrentar o hipnotizar por medio del encantamiento que produce al pronunciar extensos discursos con palabras altisonantes o valiéndose de la exposición, en forma solemne, de asuntos sencillísimos.

Tal es el carácter de gran parte de la ciencia popular en boga: vista por su lado mejor, es misteriosa, y por su lado peor, no tiene sentido alguno.

Nunca comprobé estas verdades tan bien como cuando leí el respetuoso relato de una entrevista a Mr. Edison, el afamado hombre de la electricidad, aparecido con el título de "¿Vivimos otra vez?". Es posible, sin duda, que el célebre científico no haya tenido casi nada que ver con este relato. Es posible que el respetuoso relator sea él mismo autor y cronista de la aludida exposición.

A mi modesto entender, no es evidente que un electricista tenga que ser una autoridad acerca de la inmortalidad del alma, lo mismo que tampoco lo es que un estratego militar, que haya alcanzado grandes éxitos en su rama, tenga un oído admirable para la música, o que un celebrado cocinero francés entienda de matemáticas superiores. Pero, tal vez, el aire de autoridad que se transmite en esa relación no ha provenido del hombre de ciencia, sino del periodista.

De todas maneras, existe una muy larga y muy solemne carta que quién sabe de qué modo compusieron entre el electricista famoso y el periodista; y éste será uno de los puntos que trataré aquí. Pido disculpas a aquel de los dos que no sea el responsable del razonamiento expuesto en dicha solemne carta.

Empezaré por el aspecto menos importante de la pomposidad. Tal como aparece en el informe, Mr. Edison no dice mucho acerca de si "vivimos otra vez" , pero en unas pocas palabras, bien escogidas, niega la existencia del alma: " Mi inteligencia es incapaz de concebir el alma. Puedo estar en un error, y puede ser que el hombre tenga alma, pero yo, sencillamente, no lo creo. En qué consiste el alma está más allá de lo que yo puedo entender" .

Esto último está bien; muy bien, amén. Pero yo pido al lector que recuerde esta declaración agnóstica al considerar lo que sigue.

En seguida Mr. Edison trata del origen de la vida, o, mejor dicho, no trata del origen de la vida. La declaración siguiente es de tan terrible intensidad e importancia que el reportero la cita en letra cursiva, y yo la reproduciré de la misma manera: " Creo que la forma de energía. que llamamos vida vino a la, tierra, de algún otro planeta, o de alguna, parte de los grandes espacios, fuera de nuestro alcance ".

En resumen, en adelante tendremos que grabar en nuestros cerebros la convicción de que la vida vino de alguna parte y probablemente bajo algunas condiciones de espacio. Pero la sugerencia de que vino de otro planeta parece más bien una evasiva débil. Aún una inteligencia enervada por la ciencia en boga no podría conmoverse y sentirse satisfecha con tal aserto.

Si vino de otro planeta, ¿ cómo surgió en ese planeta? Y, de cualquier manera, ¿cómo en este planeta? Estamos tratando de algo reconocidamente único y misterioso; como que es un espíritu. El principio original de que la vida surgió de la nada es tan extraordinario como surgir de la muerte. Pero la declaración que hemos transcrito es lo mismo que explicar el paseo visible de un fantasma en un cementerio diciendo que debe haber venido del cementerio de otra ciudad.

....

Retrocediendo de esta terrible posibilidad, vuelve a caer en una última teoría fantástica. Dice que son las células las que tienen alma. Afirma, nuevamente, en letra cursiva: "Aparentemente todas las células emprenden, conscientemente, la reproducción de las formas de vida de donde ellas han surgido… subrayaría la palabra "conscientemente". Cada una de las pequeñas células de la cola de un elefante tiene, en su espíritu, un cuadro vivo y completo de un elefante. Dejaré la cuestión en este punto.

El artículo termina informando acerca de la triste muerte del padre de Mr. Edison a la edad de noventa y tres años; y el escritor está muy seguro (no explica por qué) de que el anciano caballero falleció en lo mejor de su vida, porque las células conscientes no pudieron ponerse de acuerdo. Parece que demoraron algún tiempo en descubrir su diferencia.

Por mi parte, sólo pido al lector que lea nuevamente las palabras que cité al comienzo de este ensayo: "Mi inteligencia es incapaz de concebir el alma." ¿Es tal vez mucho más fácil concebir cosas como éstas? ¿Es tal vez mucho más fácil concebir millones de almas, donde suponemos que existen células, que concebir un alma donde, por lo menos, sabemos que existe una inteligencia?



G.K. Chesterton

El hombre que no existe

Oímos hablar -y con cierta frecuencia- de alguien que no cree en nada. Pero este alguien no existe. Es imposible que exista; pues si existiera, tampoco podría creer que no cree en nada. Sin embargo cree que no cree en nada. Eso -por lo menos- lo cree. En realidad cree muchísimo más.

Cree que existe un país llamado Nueva Zelanda -sólo podría saberlo, si hubiese estado allí-. Es decir, que cree en su libro de geografía, en su atlas o a las personas que le han hablado de Nueva Zelanda. Cree que el tren de Zurich a Basilea sale a tal y tal hora. Es decir que cree en la guía de ferrocarriles. E incluso si hubiese estado tomando el tren a diario desde hace más de seis meses, tampoco sería suficiente motivo para que hoy volviera a salir a la misma hora. Cree que su mujer le es fiel. Cree que es el hijo del señor al que llamaba papá de niño -y de la señora a la que llamaba mamá-. ¡Es un saber que él no puede saber! Todo es pura cuestión de fe. También cree al maestro en la escuela.

Incluso cree muy a menudo en cosas terriblemente inverosímiles; por ejemplo, que va a ganar a la lotería o que la Unión Soviética esta vez cumplirá su palabra. Sí, cree en una serie de cosas de las que sabe que no son ciertas: que el cielo está azul en un hermoso día de verano -a pesar de que esto es sólo una ilusión relacionada con la refracción de la luz-, que el sol sale en el este y se pone en el oeste, aunque ésta es también solo una ilusión originada por la rotación de la tierra.

Vemos que cree en un montón de cosas. Sólo cuando se trata de Dios, entonces no cree en nada. Su propia existencia le parece natural y la del universo también.

La religión está bien para las mujeres (que son débiles) y para los curas (que para eso les pagan). En realidad, generalmente las mujeres son todo menos débiles y los «curas» ganarían mucho más dinero en cualquier otra profesión.

En realidad, el que afirma no creer en nada y cree tanto y en tantas cosas falsas, no sabe lo que es la fe. Que existen dos clases de fe: el conceder confianza a lo que se considera digno de ella, y la otra clase, que es de naturaleza sobrenatural y un don gratuito de Dios.

- ¡Acabáramos! Entonces yo no tengo la culpa de no tener fe. A mí Dios no me ha dado la fe.

-¿Cuándo le ha pedido que se la dé?
Louis de Wohl

jueves

Los funerales de mi soberbia

Al Rey David

... Los muchachos admiran la lucha que librasteis con Goliat y vuestras empresas de caudillo valiente y generoso. La liturgia os recuerda, sobre todo, como antepasado de Cristo. La Biblia presenta los diversos componentes de vuestra personalidad: poeta y músico; capitán brillante; rey prudente, implicado - ¡ay!, no siempre felizmente - en historias de mujeres y en intrigas de harén con las consiguientes tragedias familiares; y, no obstante, amigo de Dios gracias a la insigne piedad que os mantuvo siempre consciente de vuestra pequeñez ante Dios.

Esta última característica me es particularmente simpática y me alegra cuando la encuentro, por ejemplo, en el breve salmo 130, escrito por vos. Decís en aquel salmo: Señor, mi corazón no se ensoberbece. Yo trato de seguir vuestro paso, pero, por desgracia, he de limitarme a pedir: ¡Señor, deseo que mi corazón no corra tras pensamientos soberbios...! ¡Demasiado poco para un obispo!, diréis.

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Cien veces he celebrado los funerales de mi soberbia, creyendo haberla enterrado a dos metros bajo tierra con tanto requiescat, y cien veces la he visto levantarse de nuevo más despierta que antes: me he dado cuenta de que todavía me desagradaban las críticas, que las alabanzas, por el contrario, me halagaban, que me preocupaba el juicio de los demás sobre mí. Cuando me hacen un cumplido, tengo necesidad de compararme con el jumento que llevaba a Cristo el día de los Ramos. Y me digo: ¡Cómo se habrían reído del burro si, al escuchar los aplausos de la muchedumbre, se hubiese ensoberbecido y hubiese comenzado - asno como era - a dar las gracias a diestra y siniestra con reverencias de prima donna! ¡No vayas tú a hacer un ridículo semejante...!

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La confianza en Dios debe ser el eje de nuestros pensamientos y de nuestras acciones. Si bien lo miramos, en realidad, los principales personajes de nuestra vida son dos: Dios y nosotros. Mirando a estos dos, veremos siempre bondad en Dios y miseria en nosotros. Veremos la bondad divina bien dispuesta hacia nuestra miseria, y a nuestra miseria como objeto de la bondad divina. Los juicios de los hombres se quedan un poco fuera de juego: no pueden curar una conciencia culpable ni herir una conciencia recta.

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Vuestro optimismo, al final del pequeño salmo, estalla en un grito de gozo: Me abandono en el Señor, desde ahora y para siempre. Al leeros no me parecéis ciertamente un amedrentado, sino un valiente, un hombre fuerte, que se vacía el alma de confianza en sí mismo para llenarla de la confianza y de la fuerza de Dios. La humildad, en otras palabras, corre pareja con la magnanimidad. Ser buenos es algo grande y hermoso, pero difícil y arduo. Para que el ánimo no aspire a cosas grandes de forma desmesurada, he ahí la humildad. Para que no se acobarde ante las dificultades, he ahí la magnanimidad.

Pienso en San Pablo: desprecios, azotes, presiones, no deprimen a este magnánimo; éxtasis, revelaciones, aplausos no exaltan a este humilde. Humilde cuando escribe: "Soy el más pequeño de los apóstoles". Magnánimo y dispuesto a enfrentarse con cualquier riesgo cuando afirma: "Todo lo puedo en aquel que me conforta". Humilde, pero en su momento y lugar sabe luchar: "¿Son judíos? También yo... ¿Son ministros de Cristo? Digo locuras, más lo soy yo". Se pone por debajo de todos, pero en sus obligaciones no se deja doblegar por nada ni por nadie. Las olas arrojan contra los escollos la nave en que viaja; las serpientes lo muerden; paganos, judíos, falsos cristianos lo expulsan y persiguen; es azotado con varas y arrojado a la cárcel, se lo hace morir cada día, creen que lo han atemorizado, aniquilado, y él vuelve a aparecer fresco y lleno de vigor para asegurarnos: "Estoy convencido de que ni la muerte ni la vida..., ni lo presente ni lo futuro, ni la altura ni la profundidad, ni ninguna otra criatura, podrán separarme del amor de Dios que está en Cristo Jesús".




Es la puerta de salida de la humildad cristiana. ¡Esta no desemboca en la pusilanimidad, sino en el valor, en el trabajo emprendedor y en el abandono en Dios!





Febrero 1972
ALBINO LUCIANI
(Juan Pablo I)

(Tomado de ALBINO LUCIANI (JUAN PABLO I); "Ilustrísimos Señores")
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* DAVID, rey de Israel desde aproximadamente 1010 a.C. La Biblia presenta las distintas facetas de su personalidad: músico y poeta; brillante guerrero, rey prudente, implicado en historias de mujeres y, sin embargo, amigo de Dios y modelo de arrepentimiento sincero, gracias a la insigne piedad que lo mantuvo consciente de su pequeñez.

Agobio de vivir

"Vivir —escribió San Josemaría— es enfrentarse con dificultades, sentir en el corazón alegrías y sinsabores; y en esta fragua el hombre puede adquirir fortaleza, paciencia, magnanimidad, serenidad. Es fuerte el que persevera en el cumplimiento de lo que entiende que debe hacer, según su conciencia; el que no mide el valor de una tarea exclusivamente por los beneficios que recibe, sino por el servicio que presta a los demás. El fuerte, a veces, sufre, pero resiste; llora quizá, pero se bebe sus lágrimas".

El hedonismo concibe la felicidad como una forma de analgesia. Para él lo importante es sentirse bien, no sufrir por nadie ni por nada, vivir amodorrados, aletargados, es decir, no vivir. Para esta mentalidad, no habría diferencia substancial entre la beatitud de un hombre y la de la ameba, pongamos por caso.

¿Tienes un agobio? Estupendo: da gracias a Dios por no ser una garza imperial, sino una persona humana con capacidad para tener problemas y con suficiente energía como para resolverlos y gozarse en la victoria.

Enrique Monasterio,
"Traumas, agobios y otros síndromes"
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