viernes

Una lectura de 300

(Advertencia: este artículo contiene detalles respecto a la trama y el final de la película).


Existen diversas maneras de leer una obra. Según el punto de vista que se elija para ello, esta tendrá ciertas bondades y ciertos defectos; si se escoge uno distinto, tendrá otros. En este artículo propondré una lectura posible de 300 (2006), filme del estadounidense Zackariah Snyder: lo veré como alegoría de la vida cristiana. Para ser más precisos, tomaré un par de elementos que pienso que se pueden aplicar a la vida cristiana.

La cinta es la puesta en escena de un cómic realizado por el dibujante Frank Miller (el mismo de Sin City), publicado en 1998. Miller, a su vez, llevó al cómic un hecho real acaecido alrededor del 480 a. de C.: trescientos soldados espartanos detuvieron la iniciativa de rey Jerjes I de invadir Grecia al hacerle frente en un desfiladero conocido como el Paso de las Termópilas. Los trescientos y, en especial, su jefe, el rey Leónidas I, han pasado a la historia como íconos de valentía, arrojo y sacrificio. Con gran coraje y una bien pensada estrategia, encararon al poderoso ejército persa y acabaron con sus mejores hombres. Sin embargo, el ejército espartano fue finalmente traicionado, y sus tropas fueron destruidas por las de Jerjes.

Llaman la atención la determinación y la valentía de los espartanos de la película. No obstante, pienso que estas virtudes obedecen a un elemento más profundo y más interesante, el primero al que me quiero referir: la fidelidad a la propia identidad.

El espartano es, antes que todo, un sujeto que se esfuerza en todos sus actos en responder a su indentidad más profunda. Nacido para ser guerrero y criado como tal, todo en su vida apunta al combate, desde las costumbres adrede lacónicas de sus relaciones madre-hijo (para no acostumbrarse a ternuras que luego podrían transformarse en misericordia o debilidad en el campo de batalla) hasta su concepción natural de la jerarquía militar, que define su vida como un subordinado obediente o como un líder llamado a dar la vida por sus soldados.

Aclaremos que aquí no estoy aprobando estas prácticas o concepciones culturales. Tan solo llamo la atención sobre cómo los espartanos viven aquello para lo que nacieron.

El cristiano es, en sustancia, análogo. Nuestra identidad está marcada por el bautismo: somos ciudadanos de un reino que, si bien empieza en este mundo, no es de este mundo. Y toda nuestra vida es la exigencia de vivir aquello para lo que hemos (re)nacido.

El bautismo también nos marca con un dinamismo de «muerte para la vida»: morir al pecado para resucitar a una vida nueva. Esto exige sacrificio, esfuerzo, lucha. Los espartanos luchan porque con ello responden a su identidad. Y, precisamente, porque saben que su vida es lucha, cultivan virtudes como el heroísmo, la fortaleza, la generosidad, la valentía. La analogía con la vida cristiana es clara, más aun si tomamos en cuenta aquel versículo de Job: «La vida del hombre sobre la tierra es una milicia» (Jb 7, 1).[1]

El otro elemento que quiero rescatar de la película es la estrategia de lucha de los espartanos. Los griegos, en efecto, son creadores de la falange, formación militar sólida y exitosa que consiste en un bloque compacto de hombres. Los espartanos avanzaban en filas muy unidas usando sus escudos para cubrirse a sí mismos y a los demás, y con sus largas lanzas atacaban al enemigo sin exponerse.[2] Eran conscientes de que un quiebre en la falange podía significar la ruina de todo el pelotón.[3] Así las cosas, cada espartano no solo era responsable de sí mismo sino también del resto.[4] El mismo Leónidas lo explica en cierta escena: «Cada espartano cubre con su escudo al hombre de su izquierda, desde el muslo hasta el cuello: un solo punto débil, y la falange sucumbe».[5]

Aquí hay otro punto de contacto entre la película y la vida cristiana. Los cristianos no somos ajenos unos a otros. La pregunta que Caín lanza a Dios en el Génesis, «¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?»,[6] recibe su respuesta en la adopción filial que nos ganó el Mesías: hijos de Dios y hermanos de Jesucristo, somos todos hermanos entre nosotros. Por lo tanto, somos una unidad compacta. Nuestra identidad, una vez más, nos reclama responder: «Sí, soy el guardián de mi hermano: debo protegerlo y cuidarlo;[7] debo lavarle los pies;[8] debo acompañarlo dos millas si me pide una;[9] debo darle mi capa si me pide mi túnica;[10] debo dar la vida por él».[11] Nuestra unidad llega a tal punto, que lo que le ocurre a un miembro de la Iglesia repercute en los demás; no por nada somos parte del mismo cuerpo místico.[12]

Pero como si no bastara saber que estamos íntimamente unidos entre nosotros, también tenemos otra razón para dejarnos apelar por la actitud de los espartanos. Y es que la unidad es la mejor estrategia de combate. Los espartanos combatían unidos porque era este un medio eficaz para responder a su identidad. Cuando los enemigos son tan formidables como los que enfrentamos como cristianos, más clara se ve la necesidad que tenemos de luchar ayudando y pidiendo ayuda.

He propuesto estos dos puntos como valores que podrían apelarnos en nuestra vida cristiana. Me hubiera gustado proponer otros más, pero la falta de verosimilitud de la película crea problemas. Pasaré a explicarme.

Como ya dije, la película es un cómic llevado al cine. Me da la impresión de que el filme no ha querido tanto llevar a la pantalla el relato de los trescientos guerreros como rendir homenaje a un cómic memorable. El escrupuloso trabajo en la fotografía, el tono cromático, las actuaciones, la escenografía —por citar solo algunos elementos—, revelan hasta qué punto se ha querido cuidar la similaridad de las escenas con el cómic de Miller. El resultado es impresionante, ciertamente.

Sin embargo, se han hipotecado muchos otros detalles para lograr este fin. Por ejemplo, no se corrigieron los errores históricos del cómic. La vestimenta de los espartanos —o la falta de ella, más bien—, la ausencia de los esclavos con los que se sabe que viajaban, la apariencia del rey Jerjes, la apariencia de los inmortales; estos son algunos detalles que se le escaparon a Miller,[13] si bien se precia de haber hecho una intensa investigación histórica[14] Si el director de la película hubiera querido homenajear no a Miller sino a los trescientos espartanos, los hubiera corregido.

Así, la cinta termina siguiendo una estética y una lógica de cómic, y no cinematográficas, es decir, mucho más expresionista que verosímil. La fotografía vistosa, los primeros planos de rostros expresivos y decididos, el movimiento y la fuerza de las escenas de batalla; todo nos remite a un discurso de cómic.

Con ello terminamos viendo a unos espartanos demasiado alejados de lo verosímil. ¿Hombres casi desnudos viviendo y combatiendo en el desierto? ¿Hombres que pelean sin desmayo batalla tras otra? ¿Un rey que no duerme la noche previa a su primer combate? Una estética que no busca ser realista sino expresionista nos presenta en la pantalla modelos que en vez de apelarnos nos frustran: están demasiado lejos para poder imitarlos.

Otro punto en el que la película pierde verosimilitud es la relación entre Leónidas y su mujer: un romanticismo tal vez demasiado moderno. Si bien no he podido investigar cómo eran las relaciones de pareja en la Esparta del siglo V a. de C., parece poco verosímil —hablo desde mi ignorancia, es cierto— que un guerrero de aquella época pueda relacionarse tan románticamente con su mujer (entendiendo «romanticismo» como lo que se ve en las películas de amor hoy en día), y que esta se permita galantearlo y hasta incitarlo al deseo con palabras elegantes, más propias de la poesía amorosa moderna que de una cultura tosca, guererra y supuestamente poco afecta a sentimentalismos.

Precisamente, la escena íntima que ambos protagonizan en el filme se me aparece gratuita, no solo por ser algo subida de tono sino, sobre todo, porque la inverosimilitud de sus diálogos no le permite encajar en el desarrollo de la historia. ¿Por qué está entonces? Tal vez la clave esté en el discurso de los personajes, un homenaje al término «libertad», tan de moda en estos días.

«No se trata de lo que un ciudadano espartano o un esposo o un rey deba hacer; en vez de eso, pregúntate, amor mío: ¿qué es lo que un hombre libre debe hacer?»[15] son las palabras de la reina Gorgo a Leónidas, palabras que sirven de antesala a su encuentro. Precisamente, dicho encuentro parece ser celebración y ratificación del contenido del discurso (no olvidemos que el acto conyugal rectamente vivido, es decir, dentro del matrimonio, es una de las mayores expresiones de libertad del ser humano: la libre y total donación a otro en un marco de fidelidad y exclusividad). ¿Será esta la justificación de la escena, que sirve, a su vez, como un eslabón más en el mensaje que la película intenta transmitir?

Y es que la palabra libertad se menciona muchas veces en el filme —al punto de endiosarla—, lo mismo que la proclama «luchamos porque somos hombres libres», proposición que aparece como expresa justificación de la empresa espartana. El uso de dicha palabra, sin embargo, llama la atención, dado que la sociedad espartana no solo era rígida y vertical, sino que no constituía una democracia, parámetros en los que el mundo suele entender hoy la libertad.

Usar la palabra no tendría nada de malo, naturalmente. No soy enemigo de la libertad. Solo anoto que es curioso encontrar un discurso sobre ella en poca sintonía con el entendimiento moderno. Hoy se entiende que si no hay democracia, no podemos hablar de libertad, o si no hay relaciones horizontales entre las personas, no podemos hablar de libertad. No voy a adentrarme en el análisis del concepto de libertad. No es el lugar. Baste anotar aquí que la auténtica libertad no se define tanto por la coyuntura externa sino por la capacidad del ser humano de obrar rectamente según la dirección de sus dinamismos fundamentales, es decir, apuntando a su bien.[16] Así las cosas, es posible ser libre aun en un contexto no democrático o en una sociedad rígida y vertical, como la espartana.[17] Tal vez aquí estemos hablando de dos tipos distintos de libertad: la libertad interior y la libertad social. No obstante, el director no nos aclara a qué tipo de libertad se referían los espartanos de la película: si hablaban de su libertad interior, daba lo mismo que vivieran bajo una tiranía u otra (que, a fin de cuentas, para eso luchaban); si hablaban de su libertad como sociedad, era rara su manera de entenderla en una sociedad organizada en una rígida jerarquía.

Así las cosas, la reflexión sobre la libertad se me aparece medio forzada en esta cinta que, a su vez, aparece en un contexto muy particular (me refiero a la tensa situación en Oriente Medio), lo cual da un poco que pensar.

La opción por un homenaje a cierta forma de discurso antes que por una historia, así como la probable intención de transmitir a cualquier precio un mensaje que dice mucha relación con una coyuntura concreta, tal vez expliquen el porqué de ciertas licencias del filme con respecto a la historia y a la verosimilitud.

De cualquier modo, para lo que nos interesa, las escenas y elementos verosímiles de la cinta pueden bien darnos elementos interesantes para reflexionar sobre nuestra vida cristiana.


Enrique Gordillo Cisneros
Pensamiento Católico

---------------------------------------------
[1] Según traducción (mía) de la Vulgata: «Militia est vita hominis super terram». La Biblia de Jerusalén pone: «¿No es una milicia lo que hace el hombre sobre la tierra?».
[2] «Falange: infantaria». En: Wikipédia, a enciclopédia livre. Enciclopedia virtual [en línea], fecha de publicación 14/04/07. <
http://pt.wikipedia.org/wiki/Falange_%28infantaria%29>. [Consulta: 24/04/07]. Véase también: «Phalanx formation». En: Wikipedia, the free encyclopedia. Enciclopedia virtual [en línea], fecha de publicación 23/04/07. <http://en.wikipedia.org/wiki/Phalanx_formation>. [Consulta: 24/04/07].
[3] «Falange». En: Wikipedia, la enciclopedia libre. Enciclopedia virtual [en línea], fecha de publicación 18/04/07. . [Consulta: 24/04/07].
[4] «Phalanx formation», lug. cit.
[5] «Each Spartan protects the man to his left, from thigh to neck, with his shield. A single weakspot and the phalanx shatters». La traducción es mía. Tomado de: «300 Movie Transcript». En: Online Tutorials. Blog [en línea], fecha de publicación 31/04/07. . [Consulta: 24/04/07]. [Consulta: 24/04/07].
[6] Gn 4, 9b.
[7] Cf. Lc 10, 25-37.
[8] Cf. Jn 13, 12-15.
[9] Cf. Mt 5, 38-42.
[10] Cf. Lc 6, 29.
[11] Cf. Lc 15, 13.
[12] 1 Co 12, 12-27.
[13] «300 (película)». En: Wikipedia, la enciclopedia libre. Enciclopedia virtual [en línea], fecha de publicación 23/04/07. . [Consulta: 24/04/07].
[14] «[…] la historia de los espartanos y su sacrificio me impresionó para toda la vida. Así que se convirtió en el proyecto que siempre tenía en mente para el día en que estuviese preparado. Ni siquiera empecé a prepararme para hacerlo hasta que no hube visitado el campo de batalla en Grecia. Entonces empezó un intenso periodo de investigación, porque nunca había intentado nada parecido». Frank Miller, citado por José A. Serrano (ed.). «300, de Frank Miller». En: Guía del cómic.com. Informativo [en línea], fecha de publicación marzo de 2007. . [Consulta: 24/04/07].
[15] «It is not a question of what a Spartan citizen should do, nor a husband, nor a king. Instead ask yourself, my dearest love: What should a free man do?». La traducción es mía. Tomado de: «300 Movie Transcript». En: Online Tutorials, lug. cit.
[16] Luis Fernando Figari. María, paradigma de unidad. Lima: Vida y Espiritualidad, 1992, pp. 11-13. Remito al lector interesado al apartado «María, mujer libre» de este texto de Figari: en él se encontrará una breve pero sustanciosa introducción al tema de la libertad personal.
[17] Que nadie vea en mis palabras un ataque al sistema político democrático ni una defensa de las bondades de un régimen rígido y vertical. Ninguno de estos sistemas, per se, aseguran el bienestar del ser humano.

4 comentarios:

ecazes dijo...

“la fidelidad a la propia identidad.”
Lamento no estar mucho de acuerdo en varias cosas. A mi me pareció una peli de acción con un escenario algo mas logrado.
No me malinterpretes, la disfruté. Pero todo el tiempo me molestaron las inexactitudes de cara a la historia original, que sola ya era bastante profunda.
La cultura espartana, basada en el arte de la guerra, con niños que no lloran y madres que paren guerreros y se anulan, padres que no importa el grado de heroicidad, son siempre prescindibles en aras de un todo abstracto mas importante, no importa lo terrenal que sea, me pareció siempre una aberración que atentaba contra la esencia mas profunda del ser humano: contra la misma humanidad, la necesidad de ser gregario, de pertenecer y de ser solidarios.
Por algo los espartanos aún se recuerdan como algo raro e insólito.

La peli tiene fallas importantes, como para encararla como algo mas profundo que una propuesta estética. Incluso la tan mentada, manoseada y raída libertad, de la que se hacen banderas, que todo lo justifican; lo empeora todo, enseñando las costuras del pensamiento americano, que todo lo justifica con ese comodín.

Lo que justifica este comment, rescata las casi dos horas y el precio de la entrada; es lo que ha traído la historia a través de los tiempos: el hecho de que estos hombres hayan luchado una batalla perdida tan bien. Sin darle ningún espacio a la desesperanza.
Lucharon cada minuto como si fueran a ganar.
Ellos no se sacrificaron, fueron a luchar como quien va en ventaja, como si el fin último no fuera la victoria, sino la guerra.

Y es ahí donde entra aquello de “Militia est vita hominis super terram” .
Es así.
Estamos aquí para las guerras, no para las victorias.

Que ya sabemos quien es el Unico Vencedor

Elena dijo...

Mmmm...pues no le acabo de ver a la película el qué cristiano. Más bien lo veo como una oda al guerrero. Podrían luchar por su "libertad" o por algo menos loable y la filosofía creo que no sería tan distinta

Martín dijo...

Bueno, para mí la analogía entre el Cristianismo y esta cinta está muy clara.

Ahora, con que la película 300 halla facilitado está analogía ya es bastante, más no puede pedírsele a esta cinta.

Interesante además tu desarrollo de la auténtica libertad: aquélla que responde no a cuestiones externas (que también son importantes); sino a los dinamismos de la persona humana y a la coherencia con la propia identidad.

Más claro ni el agua

Saludos

Abel dijo...

He demorado muchísimo en hacer este comentario (el artículo se publicó hace más de dos meses)...

Yo, más bien, encontré un tufillo anticristiano en la película. ¿Cuál es? Uno en particular: ¿Recuerdan cómo representaban a los religiosos en la película? Deformados, aislados del mundo en la cima de su montaña, lujuriosos (se ve en la escena de la mujer drogada bailando mientras procesa el oráculo), corruptos (porque por unas monedas persas transgreden el mensaje, de la misma forma que el senador espartano que se acostó con la esposa del rey: es ese su nivel moral). Para mi esos sacerdotes horribles son los cristianos, esos son los curas católicos, pastores protestantes, religiosos ortodoxos; el director de la película los representa en ellos, como la escoria leprosa. ¡Lo sentí tan fuerte cuando vi la película! Quizá fue lo que más me llamó la atención.

Y Leonidas hace caso omiso de lo que dijeron los religiosos...

Todo la exaltación de la libertad, el honor y la defensa a ultranza ante lo inevitable se da en el contexto del humanismo más puro, descartando a Dios.

Saludos para ustedes.

Abel.

Google+