martes

Ni sí ni no, sino todo lo contrario

No soy fanático —Les Luthiers me gustan más—, pero debo confesar que algunas veces escucho a Enrique Pinti.[1] Claro, tiene un cierto tufillo liberal (un turrón, diríamos en mi país) que no comparto. Pero me hace reír, y algunas de las cosas que dice son ciertas.

Algunas.

Hay otras que no. Como, por ejemplo, cuando en una parodia de 1993[2] habló un poquito sobre la Iglesia. En aquella ocasión, su sketch se articuló alrededor de un diálogo entre él (o la voz narrativa, como les guste) y un interlocutor ficticio. Se trataba de un científico social estadounidense interesado por la realidad latinoamericana, a quien Pinti se supone que conoció de casualidad en un aeropuerto de EE. UU. Al enterarse de su nacionalidad argentina, el norteamericano lo acribilla a preguntas. En este supuesto diálogo, el científico se interesa por el papel de la Iglesia durante la complicada historia política argentina, en particular durante sus dictaduras militares.

Transcribiré el diálogo tal como aparece en mi grabación. En este fragmento, el estadounidense comienza a preguntar y Pinti nos narra sus respuestas en primera persona.

—[…] ¿Qué ha hecho la Iglesia argentina en ese aspecto?
—¡Oh —le digo—, unas misas, unos Te Deum espectaculares! ¡Cantan como Pavarotti los curas allá!
—No, no, no, no, no, no. Yo digo ¿qué ha hecho la Iglesia en contra de las dictaduras?
—Callarse la boca, señor, como corresponde a una institución piadosa que no se mete, ¿se da cuenta?
—¡Pero, ¿cómo, ustedes están locos?! En el resto de América Latina la Iglesia se metió contra las dictaduras. ¿Cómo puede ser? En… Pero no me estoy refiriendo solamente a la Iglesia del tercer mundo; me estoy refiriendo a la Iglesia oficial. La Iglesia oficial chilena, por ejemplo, se puso en contra de Pinochet cuando Pinochet se zarpó demasiado en cuanto al avasallamiento de derechos…
—Los nuestros no quieren molestar: ¡son gente tan recoleta! ¿Se da cuenta?
—Pero ¿qué es lo que les importa a los curas allá?
—Que no los saquen del presupuesto, lo demás se puede discutir, no tienen ningún problema.

Claro, uno no puede evitar sonreír por la forma en que lo relata Pinti. Tendrían que escucharlo: el tipo tiene talento, es innegable. Y siempre hace reír. Bueno, casi siempre.

Quien no siempre hace reír, por otra parte —y que quede claro que salvando las obvias diferencias, pues no quiero que nadie me tilde de ofensor de autoridades—… quien no siempre hace reír, decía, es el presidente de Bolivia, el dirigente cocalero Evo Morales. Hace poco hizo una declaración bastante seria respecto a la Iglesia. Según relata el diario Perú.21, «[…] el presidente boliviano, Evo Morales, afirmó que la Iglesia Católica “debe decidir si va a rezar o hacer política” en referencia al discurso que dio el Papa [en su reciente visita al Brasil] en el que expresó preocupación por el surgimiento de gobiernos autoritarios en la región».[3] En el mejor de los casos, el señor Morales le da un consejo a la Iglesia; en el peor de ellos, un ultimátum.

¿A qué viene citar a ambos personajes tan distintos en un mismo comentario? A que presentados juntos ofrecen una divergencia muy graciosa de reclamos a la Iglesia. Pinti —liberal él— reclama soterradamente que la Iglesia debe involucrarse más en los asuntos públicos. Para él, la Iglesia es capillista, espiritualista, evasiva. Morales —izquierdista él— reclama, por su parte, que la Iglesia se mete demasiado en terrenos que no le corresponden, en este caso, la política[4]



Lo curioso es que ambos yerran el tiro. Consejo, reclamo o ultimátum, ambos se equivocan en su comprensión de la Iglesia y de su papel, y por eso se ganaron el dudoso privilegio de aparecer juntos en este artículo.


Dirá el lector: «Muy bien, articulista sabihondo: ¿y, entonces, qué rayos es la Iglesia y cuál es su papel en el mundo actual?». Es una pregunta tan grave e importante, que en los años sesenta necesitó todo un concilio ecuménico para ser respondida. Remitimos al lector interesado a solo dos documentos conciliares para que no se canse (aunque es prácticamente un deber moral ir a ellos antes de llenarse la boca de palabras sobre la Iglesia): la constitución dogmática Lumen gentium, y la constitución pastoral Gaudium et spes.

¿Qué podemos decir de la Iglesia? En primer lugar que es una institución que no es de este mundo, cuyo fundador no es de este mundo, cuya misión no es de este mundo, y cuyo destino final no está en este mundo. Complicado decir algo categórico sobre una institución así, ¿no es verdad?

La hace más misteriosa el hecho de que si bien no es de este mundo, está en este mundo; de que si bien su fundador no es de este mundo, sí estuvo en este mundo; de que su misión se da en este mundo; de que su destino final empieza a labrarse en este mundo.

La Iglesia no es solo el grupo de seguidores de Jesucristo (definición con la cual hay que reconocer que adelantamos un poco). Es, además, el motivo de su entrega en la cruz: por ella (por quienes la conformamos) se sacrificó. De algún modo es, además, Él mismo, pues es su cuerpo, del cual Él es la cabeza.

¿Y por qué juntó el Señor a sus seguidores en un solo grupo? Para que perpetuaran su obra, lo cual es, precisamente, su misión: hacer que todos los hombres lleguen al conocimiento de Dios y se decidan a amarlo y participar de la redención que el Hijo les logró.

¿Sencillo? Sí… aunque a la vez no, hay que reconocerlo. Sin embargo, lo suficientemente sencillo como para no perderse mucho. Y esto de perderse es algo que no necesariamente se puede decir de Pinti, de Morales y de otros personajes influyentes en la opinión pública.

Ahora bien: esa es la misión de la Iglesia. Pero ¿le da derecho para meterse en todos lados o una excusa perfecta para no meterse en ninguno?

El tema de la Iglesia es el hombre. Y lo es porque el tema de Nuestro Señor es el hombre. El señor Jesucristo le dio a la Iglesia el encargo de velar por el ser humano completo, para que alcanzara la verdadera vida: «Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia»;[5] «Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñándoles a guardar todo lo que yo les he mandado».[6]

La Iglesia ha recibido un encargo: velar por que el hombre conozca la verdad, la asuma en su vida y la difunda. Eso implica cuidar del rebaño, de sus miembros. Pero implica también cuidar de quienes no son parte del rebaño pero son parte de «la gran familia humana».[7] ¿Habrá de desatenderlos cuando la Iglesia comparte con ellos valores perennes e inmutables que portan la semilla de Dios dentro de sí?

Esa es la razón por la cual la Iglesia tiene mucho que decir sobre la guerra; por eso la Iglesia tiene mucho que decir sobre la violencia; por eso tiene mucho que decir sobre la pobreza, la inmoralidad personal y social, las políticas injustas de Estado, la mala distribución de la riqueza, las opciones morales de los hombres, la anticoncepción, los rumbos viciados de la política, las
conculcaciones de la libertad humana, y otros miles de temas en los cuales a mucha gente le gustaría que no se metiera.

Todo esto, sin embargo, no lo hace desde una postura política, económica o sociológica particulares. Lo hace desde su propia postura, que está más arriba: es divina. La Iglesia no se parcializa con ideas que reducirían su misión. Por eso jamás se la verá—como institución, es decir, a toda la Iglesia— identificada con una ideología; jamás se la verá pintarse con los colores de un partido político, de un modelo económico inspirado por alguna ideología.
Detrás de las palabras de Evo Morales se lee un mensaje claro: la Iglesia no debe «hacer política». Tiene razón. La Iglesia no debe hacer política. Antes bien, ella está por encima de la política, guiando sus líneas y directrices, asegurándose de que sus propuestas respeten la dignidad humana, depositaria, como es, de la única antropología «desde arriba»[8] capaz de iluminar satisfactoriamente la realidad del hombre, antropología que tiene su base en el fundamento sólido de la revelación y no en algún endeble consenso.
Me pregunto, ¿por cuál de las palabras que el papa Benedicto pronunció en Brasil habrá pronunciado Evo Morales las suyas? ¿Tal vez por: «[El] trabajo político no es competencia de la Iglesia»? ¿O tal vez por: «El respeto de una sana laicidad —incluso con la pluralidad de posiciones políticas— es esencial en la tradición cristiana»? ¿O quizá por: «La Iglesia es abogada de la justicia y de los pobres, precisamente al no identificarse con los políticos ni con los intereses de partido. Solo siendo independiente puede enseñar los grandes criterios y los valores inderogables, orientar las conciencas y ofrecer una opción de vida que va[ya] más allá del ámbito político»?[9] Todas estas palabras las pronunció el Papa en Brasil.

Nosotros no sabemos de dónde sacan los políticos sus dircursos. No obstante, nos provocaría decirles a algunos que si van a hablar de la Iglesia sin informarse previamente sobre ella y su misión, si van a opinar sobre ella sacando de contexto palabras pronunciadas por sus líderes sin leer los discursos completos, que por lo menos tengan buenos asesores.






Enrique Gordillo Cisneros
Pensamiento Católico

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[1] Enrique Pinti: actor, comediante y dramaturgo argentino. Es conocido por sus iracundos e hilarantes monólogos, en los que describe pasajes de la historia o actualidad política argentinas. Véase http://es.wikipedia.org/wiki/Enrique_Pinti.[2] Corríjame el lector acucioso, pues confieso que cito este dato con mucha incertidumbre.[3] «Hugo Chávez pide que Papa se disculpe». En: Perú.21, domingo, 20 de mayo de 2007, p. 12.[4] Cosa curiosa: por lo menos en mi país la situación sería la inversa: son los liberales quienes procuran que la Iglesia participe menos en los asuntos públicos (basta buscar un poco en Internet las reacciones que suscitaron las opiniones de la Iglesia católica al respecto del intento de legalización en el Perú de la distribución del llamado «anticonceptivo oral de emergencia»), mientras que es la izquierda la que durante mucho tiempo ha tratado de jalar a la Iglesia para sus propósitos y esquemas (especialmente en ese chancho con alas —«helado caliente», diría Pinti— llamado «teología de la liberación» de corte marxista, un híbrido monstruoso que, paradójicamente, se resiste a morir pese a que sus pocos sobrevivientes intentan mutar y mutar (como los buenos virus); no en vano un amigo mío los llama la «gerontocracia boffiana».[5] Jn 10, 10.[6] Mt 28, 20.[7] Véase Gaudium et spes n. 2.[8] Véase Miguel Salazar. «Persona humana y reconciliación». En: Vida y Espiritualidad, vol. 5, n.° 12, 1989, pp. 107-126. Trabajo presentado en forma abreviada durante la Primera Semana de Filosofía Cristiana, realizada en Lima, en noviembre de 1988).[9] Benedicto XVI. Palabras en la sesión inaugural de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. En: V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe. Página institucional [en línea], fecha de publicación 05/07. <http://www.celam.info/content/view/242/343/>. [Consulta: 19/07/07].

7 comentarios:

cartapacio.liberal dijo...

Magnífico artículo. "desconcertante", pero luego captas que es de grandísima actualidad. Qué debe hacer la Iglesia: Estar con la verdad, estar con la vida, estar con la libertad... pero son los cristianos los que deberían actuar. Sólo cuando a los cristianos se les calla por la persecución, parece que es la Iglesia la única voz que les queda: "los pastores santos y valientes", ejemplo en Polonia, la antigua Checoslovaquia, y demás países dominados por el comunismo... el acudir a las cárceles cubanas para atender a los presos políticos, el reclamar libertad a Chávez, el defender la vida humana contra el aborto en Mexico, en Portugal... su labor es heróica tanto para cada uno de nosotros, los fieles, como para los pastores.

Normalmente los pastores saben lo que deben hacer, porque lo son del rico y del pobre, del político y del ciudadano de a pié... y su objetivo es el orden sobrenatural... no intervenir como institución ¡sería lo deseable! pero no la dejan. Leyes del aborto, de manipulación genética, del divorcio, de la unión de homosexuales, de cierre de los medios de comunicación no afines, de inculturización en materias educativas... hacen que tenga que salir al paso. Labor de DENUNCIA... porque la fórmula única no es lo suyo. Dice más fácilmente... por aquí no que este es el camino. Por eso los tiranos dicen que habla demasiado y los liberales a veces piensan que se calla demasiado. Más bien calla que habla.

frid

ricardo milla toro dijo...

Creo que es cierto que la Iglesia esta por muy encima de la politica, la sociología e incluso de la antropologiá, pues es la Iglesia ciertamente divina. Aunque, por otro lado, los laicos que somos parte de la Iglesia estamos encargados de santificar dichas ciencias, y en ese caso es muy lícito y, a veces necesario, que el laico católico entre en política y en otros temas en torno a la vida social.
La Iglesia trasciende las corrientes políticas y sociales. No obstante, creo que sí es bueno que entre las corrientes políticas los laicos se asienten a una y la mejoren y la cristianicen o creen alguna nueva.

Por otro lado, en el pie de página 4 me parece que se está exagerando con ese comentario dirigido a la teología de la liberación, porque si bien es una corriente de la sagrada ciencia, que en muchas cosas está mal y es incompatible con la doctrina de la Iglesia, no hay que olvidar que sigue siendo parte de la teología, que tiene muchas corrientes de pensamiento y que ninguna es perfecta. Creo que la teología de la liberación tiene elementos buenos que aportan a la reflexión teológica y para la misma Iglesia incluso. Además, tomando en cuenta el acercamiento que ha tenido la Iglesia por medio de la teología de la liberación a la izquierda y al socialismo que en algunos casos ha tenido sus buenos frutos, como también sus malos, aunque estos malos hayan hecho tanto daño, pero no es para menospreciar el aporte teológico de dicha corriente de la sagrada ciencia.
Yo no soy partidario de la teología de la liberación ni mucho menos, no es mi corriente teológica preferida, me disto mucho de ella, pero no por eso hay que dejar de reconocer sus aportes y alcances.

Muy bueno el artículo!

Ricardo Milla T. dijo...

Hay algo en que deseo retractarme, luego de pensarlo mejor y llevarlo a reflexión, creo que no es lícito para la sagrada ciencia y sus partes entrar en política ni asociarse a ninguna corriente política, porque no es su tarea ni es parte de su objeto tanto formal como material. Tanto la teología como la Iglesia dan formas y no contenido cunado se trata de estos temas asi, por eso es que es católica por ese carácter de universal.

Miguel dijo...

Buen artículo. Pone en evidencia cuál es la misión de la Iglesia (y por lo tanto cuál es su lógica) y las tontas e infundadas diatribas de algunos políticos y líderes de opinión.
Al comentario de un lector, le digo que el problema de la Teología de la Liberación es precisamente que no es teología. O sea, no es una "corriente teológica" más, sino una reinterpretación de la fe en términos marxistas, inicialmente, y hoy en términos de las modas culturales. Se trata de una curiosa teorización de la fe entendida en términos puramente políticos. La Teología seria niega que sea teología y la Historia demuestra que no libera. En efecto, la TL ni es teología ni libera.

Enrique Gordillo C. dijo...

Cuando hablaba de teología de la liberación, me cuidé de añadir el adjetivo marxista, pues a esa me refería con «chancho con alas».

En alguna de las dos instrucciones publicadas por la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, en la década de los ochenta, se explicaba claramente que el concepto de liberación podía ser una clave hermenéutica válida para una aproximación teológica muy rica. Lo que se advertía era tener mucho cuidado en no teñirla de elementos claramente antagónicos a la fe, como el marxismo. A eso me refería yo también.

Gracias por su interés y sus palabras sobre mi artículo.

Ecazes dijo...

Pocas cosas mas impresentables que la iglesia argentina en cosas de política.
Por lo poco que sé, en esto se han quedado solos. La Iglesia del resto de América es muy distinta.

Abel dijo...

La balanza tiene un equilibrio delicado:

(1) Ante las dictaduras, un "pecado" es no hacer nada o ser cómplices -por el silencio o la colaboración-, como en el caso de una masa de la iglesia católica en la Argentina de los 70's o de una importante fracción del protestatismo chileno del tiempo de Pinochet (que incluso fue un poco amigo del Dictador).

(2) Ante las dictaduras el hacer mucho puede ser un "pecado", como el involucramiento de seguidores de la teología de la liberación en actividades políticas y violentistas en Centroamérica.

Pecado es no hacer nada; pecado es hacer mucho. Pecado es no involucrarse con nada y pecado es meterse en todo. El equilibrio es complejo, aunque se adelanta en el artículo: no es sólo rezar y mirar el cielo con ojos de carnero degollado, no es volver a la edad media donde los religiosos imponían reyes: es el compromiso con el Ser Humano, con la creación de Dios que es imagen y semejanza de Él. ¡Es esa la misión de la iglesia por excelencia!!!! Y eso implicará hablar de los riesgos del autoritarismo (como Benedicto XVI) o criticar la visión violentista norteamericana (como algunos teólogos protestantes de los Estados Unidos) o lo que sea necesario...

Excelente artículo.

Un saludo.

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