miércoles

Vida laboral: Despliegue y Realización

Salvo excepciones, la mayoría de nosotros dedica por lo menos un tercio de su día a trabajar y algunas otras horas al descanso. ¿Cómo podemos hacer para que nuestra vida cristiana se haga cada vez más vida cotidiana? Para responder a esta pregunta debemos recurrir una vez más a la palabra de Dios.


En Mt. 22-36-39 el Señor Jesús plantea lo que debe ser para nosotros la vida cristiana. Si antes de su venida, el cumplimiento del Decálogo constituía para los judíos una pauta de vida, el Señor Jesús le da un sentido renovado de manera tal que la vida cristiana no es otra cosa que vivir amando al Señor con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente, así como amar al prójimo como a mi mismo.

Esta vocación hermosa al amor adquiere para cada uno en particular, un sentido y un significado especial, concreto, único, que es el plan que Dios - en su infinito amor- ha diseñado para que cada uno se despliegue en ese amor.

Así, el plan de Dios se convierte en el camino concreto para transitar por esta vida terrena, desplegando su amor y por ende, viviendo la vida cristiana. Entonces debemos discernir si el trabajo que desempeñamos es el querido para nosotros por el Señor.

Criterios que pueden servir para realizar este discernimiento son - a manera de ejemplo - los signos que hemos descubierto al momento de acceder a él o que permitieron confirmar que era un buen trabajo para sí y su familia en relación con las circunstancias que se vivían ya sea en el entorno personal y/o familiar; el horizonte de despliegue personal que dicho trabajo brinda así como el necesario espacio que brinda al despliegue en familia y comunidad; los medios temporales que brinda en relación con las necesidades reales de la familia, entre otros.

Queda en el discernimiento personal de cada uno confirmar estos aspectos o dilucidar en todo caso cuál es el espacio laboral que considera que Dios lo llama a vivir.

Es que sólo el desempeño de un trabajo querido por el Señor brinda a la persona el espacio adecuado para su despliegue integral.

A la par de los cuestionamientos antes mencionados, los mismos que deben ser utilizados constantemente con el fin de encontrarnos siempre en sintonía con el Plan amoroso del Padre, debemos vivir nuestra vida cristiana en los espacios laborales que cada quien desempeña. Aquí, volvemos al texto de Mateo.

Debemos trabajar amando al Señor con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente, así como amar al prójimo como a mi mismo.


Reflexionemos sobre estos aspectos.



El Señor nos llama a vivir el amor con toda nuestra mente. La fe de mente resulta un aspecto esencial en nuestra vida cristiana para poder hacerla vida cotidiana.

La búsqueda permanente de la verdad adquiere especial importancia - y dificultad - en el ambiente laboral. La búsqueda de la verdad debe ser realizada apoyándonos en criterios evangélicos con los que podamos "leer" e iluminar las realidades que nos rodean en el día a día, de manera tal que cada uno de nuestros actos evidencien esta vivencia en la verdad. Así, tanto el trabajo mismo que realicemos (trabajo en sentido objetivo) como nuestra aproximación a él (trabajo en sentido subjetivo) y a quienes nos rodean, deben estar impregnados de criterios evangélicos que nos permita discernir la verdad de lo que no es, adecuando nuestra conducta a la verdad descubierta.

No debemos dejar de mencionar que una mente acostumbrada a vivir en verdad, tendrá mayor claridad al momento de ejecutar los actos propios que la vida laboral exige.

La fe de mente nos debe llevar a vivir una fe de corazón que nos permite vivir el encuentro y la comunión con el Señor Jesús. Un cuestionamiento recurrente en este aspecto es el que evidencia la"imposibilidad" de generar espacios de encuentro con el Señor Jesús en medio de la rutina del trabajo, reduciendo la vivencia de la fe de corazón a únicamente actividades espirituales.


Sabemos que el Señor Jesús se encuentra tocando a la puerta de nuestro corazón.



El primer paso es - antes de hacerlo pasar - escuchar su llamado.

¿cómo vives los silencios?¿cómo y de qué suelen ser tus conversaciones en tu ambiente de trabajo? ¿te cuestionas permanentemente si las decisiones que tomas se encuentran conformes a tus creencias, a tu corazón?

El segundo paso es - antes de hacerlo pasar – abrir la puerta. ¿qué candados o cerrojos traban la puerta de tu corazón? Pecados y vicios suelen impedir que abramos nuestro corazón al Señor y resulta una falacia pensar que cuando uno trabajo se encuentra "imposibilitado" de luchar contra ellos o de estar atentos a no caer en diálogos con la tentación. Esta tensión, no es por no caer en el mal sino por estar en sintonía con el bien, si bien es exigente, es perfectamente posible de vivir en todo ambiente laboral y forma parte esencial de nuestro combate espiritual, con el que vivimos nuestra fe de corazón.

El tercer paso lo realiza el Señor. Una vez abierta la puerta de tu corazón, Él no va a esperar ser invitado, Él quiere pasar y lo va a hacer para encontrarse contigo. Esta vivencia profunda del encuentro con Él no puede ser vivida sin los pasos anteriores, que como hemos dicho, se pueden vivir perfectamente en toda situación en la que nos encontremos, también en el trabajo.

La fuerza de la gracia que obtenemos a través de los sacramentos, la vida de oración y las obras de caridad, viene en nuestra ayuda para poder realizar estos pasos. Por ello, sería recomendable que cada uno inserte en su semana un día de encuentro con la eucaristía antes de empezar sus labores, así como las actividades espirituales que según el máximo de su capacidad y posibilidades se puedan vivir antes de cada jornada laboral.

Por último, no debemos dejar de mencionar que si el trabajo que desempeñas es querido por Dios según su Plan, al trabajar no estás haciendo otra cosa que cumplir el Plan de Dios para tu vida, es decir, te estás desplegando en santidad. La conciencia de esto debe llevarnos a tener una visión sobrenatural de nuestra rutina laboral, de manera tal que podamos decir con el mismo Señor Jesús "mi alimento es hacer la volunta de mi Padre". Qué hermoso horizonte es el de una vida laboral que se encuentra iluminada por el Plan del Padre que es ámbito de despliegue y realización.

Este horizonte profundo nos lleva a hacer vida nuestra fe, mediante la fe de acción. Amar al prójimo como a ti mismo tiene pues evidentes concreciones en la vida laboral de cada uno.

Quienes son bendecidos con profesiones o actividades en los que la vivencia del servicio al prójimo son parte consustancial a su trabajo, deben responder a esa bendición con actos y reflexiones sobre sus respectivos llamados. En todo caso, sea el trabajo que uno está llamado a desempeñar, siempre nos encontraremos con "prójimos" a quienes debemos testimoniar nuestra caridad, nuestra fe.

Podemos concluir entonces que la vida laboral está llamada a constituirse en un espacio concreto de despliegue y realización, de manera tal que podamos ser santos también en el trabajo, lo que redundará en el despliegue de la propia familia y comunidad, a través del apostolado que brotará de nuestros corazones.




Victor Parra
Pensamiento Católico

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