sábado

Misionero y mártir en China

Hay en la historia de las misiones cuadros conmovedores que conviene recordar para que se incremente en nosotros el amor a los misioneros y el deseo de rezar por ellos...

Un obispo vino de China en busca de apóstoles para aquellas regiones. Reunió a varios seminaristas en la capilla. Entre todos se fijó en uno de inteligencia nada común y de honda piedad. El joven era ya sacerdote y el obispo le llamó:

- Jóven, ¿por qué no vienes conmigo a China a predicar el evangelio de Cristo a aquellas almas abandonadas?

Al joven no le tomó de sorpresa la pregunta pues muchas veces había pensado en ello.

-Señor obispo -le contestó- éste sería mi mayor anhelo; pero tengo madre y ya es viejecita. Soy su único apoyo. Habrá que esperar a que Dios se acuerde de ella.; ese día iré a China.

El obispo calló. Días más tarde estaba el joven sacerdote en su humilde hogar con su madre viejecita cuando, de pronto, llamaron a la puerta Apareció allí la sotana morada del obispo chino.
La madre le vio se arrojó a sus pies y le besó el anillo. La bendijo el prelado, se levantó la viejita y entonces fue el obispo el que se arrojó a sus pies.

-Mujer -le dijo- vengo a pedirte a tu hijo, pero a pedírtelo para Jesucristo.

La santa anciana levantó los brazos y los ojos al cielo y contestó :

-¡Para Jesucristo! ¡Para Jesucristo! ¡Llevadlo! ¡Sólo para Jesucristo!

Días más tarde el hijo se embarcaba. La madre le despidió con los brazos trémulos y del muelle corrió a sepultarse en un asilo de ancianos. Su hijo murió mártir en China.


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