jueves

«Toda rodilla se doble…»

Arrodillarse ante Cristo, remedio de toda idolatría

En la homilía que Benedicto XVI pronunciaba en el Corpus del año pasado, realizaba una hermosa catequesis sobre el significado de esta postura corporal en la oración y en la liturgia:

“Arrodillarse en adoración ante el Señor (…) es el remedio más válido y radical contra las idolatrías de ayer y hoy. Arrodillarse ante la Eucaristía es una profesión de libertad: quien se inclina ante Jesús no puede y no debe postrarse ante ningún poder terreno, por más fuerte que sea. Nosotros los cristianos, sólo nos arrodillamos ante el Santísimo Sacramento”.


En su obra “El espíritu de la liturgia”, el entonces Cardenal Ratzinger daba respuesta a la objeción que juzga que la cultura moderna es refractaria al gesto de “arrodillarse”. Con clarividencia y profunda convicción afirmaba que “quien aprende a creer, aprende también a arrodillarse. Una fe o un liturgia que no conociese el acto de arrodillarse estaría enferma en un punto central”.


El hecho de que en nuestros días se esté extendiendo la costumbre de permanecer de pie en el momento de la consagración en la Santa Misa, o de que se suprima alegremente la genuflexión al pasar ante el sagrario, no parece que sea algo casual o insignificante.


La “herejía” más extendida en nuestro tiempo –la secularización- no se caracteriza tanto por negar verdades concretas del Credo, cuanto por debilitar la firmeza de nuestra adhesión a la fe.


Da la impresión de que lo políticamente correcto fuese creer a “cierta distancia”, sin entregar plenamente nuestro corazón. En el fondo, estamos ante el olvido de aquellas palabras de Jesús: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Este mandamiento es el principal y primero” (Mt 22, 37-38).


No podemos olvidar que la adoración es el mejor antídoto frente al relativismo y que, por lo demás, es indudable que la genuflexión está estrechamente ligada al acto de adoración: Es el reconocimiento que la creatura hace del Creador, es la manifestación humilde de nuestra sumisión ante un Dios todopoderoso que, paradójicamente, también “se ha arrodillado” ante nosotros en la encarnación, en su muerte redentora, y en su decisión de permanecer entre nosotros en la Sagrada Eucaristía.


Mención aparte merecen tantas personas que bien quisieran poder expresar de rodillas su adoración a Cristo, y que por limitaciones físicas se han de contentar con hacerlo con una inclinación u otros gestos de fervor y cariño. ¡Cuántas lecciones nos dan con su valiente perseverancia, sin rendirse a sus “achaques”!



Comulgar “a Cristo” y comulgar “con Cristo”



“El segundo mandamiento es semejante a éste: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Estos dos mandamientos sostienen la Ley entera y los profetas” (Mt 22, 39-40).


En efecto, el acto de adoración a Dios es consecuentemente seguido del ejercicio de la caridad con todos los necesitados. Éste es el motivo por el que la Iglesia ha unido los dos días “más eucarísticos” del año (Jueves Santo y Corpus Christi), a nuestro compromiso con los pobres, ejercido especialmente a través de Cáritas.


El acto de comulgar no termina con la recepción del sacramento. Recurro de nuevo a otras palabras del Cardenal Raztinger recogidas en el citado libro: “Comer a Cristo es un proceso espiritual que abarca toda la realidad humana. Comerlo significa adorarle. Comerlo significa dejar que entre en mí, de modo que mi yo sea transformado y se abra al gran «nosotros», de manera que lleguemos a ser uno solo con Él”.


Por lo tanto, comulgar “a Cristo” supone también comulgar “con Cristo”, es decir, comulgar con todo lo que Él ama, con sus preocupaciones, alegrías, esperanzas y sufrimientos… de una forma especial, con sus predilectos, los pobres.


Ciertamente, estamos ante dos señales determinantes para evaluar la calidad de nuestra participación en la Sagrada Eucaristía: la actitud de adoración y –fruto de ésta- nuestro compromiso con los necesitados.


+ José Ignacio Munilla
Obispo de Palencia

4 comentarios:

Diseños Católicos dijo...

Me gusta mucho su blog, lo recibo cada mes y no hay cosa que no me llene profundamente de todo lo que leo, acabo de abrir mi blog, y no le sé muy bien pero me gustaría saber como los agrego a mi lista de lectura... muchas gracias

Noelia dijo...

El 13 de Julio de 2006, al regreso del V Encuentro Mundial de las Familias, fui intervenida de Enfermedad de Castleman -un ganglio linfático hiperdesarrollado- en la ingle derecha. Como consecuencia de esta intervención, se seccionaron varios nervios de la pierna derecha, el femoral, entre ellos. Al principio, no podía andar sola, las caídas eran frecuentes, los dolores, terribles, la dependencia para hacer lo más básico, enorme. La rehabilitación me ha ayudado a caminar con una ligera cojera, y mi mente ha ideado sus "trucos" para poder actuar como una persona normal dentro de mi pequeña discapacidad. Para mí no hay mayor alegría, que haber aprendido a arrodillarme -no sin esfuerzo- y conservar el equilibrio, y aunque me supone un gran sacrificio y me causa dolor, para nada los estimo con los que sufrió Jesús en su Pasión.
Mucha gente ha dejado de arrodillarse porque sus bancos carecen de reclinatorios y creo que la gran mayoría, porque no saben que es Jesús el que está en el Pan consagrado. Se ha dado por sabido este gran Misterio y pocos sacerdotes hablan de esta gran verdad a los niños y a los jóvenes.
Reciban un cordial saludo y un fuerte abrazo en Cristo Jesús. Noelia.

Griselda dijo...

HOY FUI A LA SANTA MISA Y CUANDO FUI A RECIVIR LA SAGRADA EUCARISTIA ME ARRODILLE,Y CUANDO ESTABA ARRODILLADA EL SACERDOTE ME DIJO QUE AY NO SE ACOSTUMBRABA ARRODILLARSE PERO IGUAL ME DIO LA SAGRADA EUCARISTIA ..

Omar Orozco S. dijo...

Estimada Griselda; que no se acostumbre no significa que no deba hacerse. Personalmente creo que uno debe arrodillarse, pues se está al frente de Dios mismo. Este es un gesto que ayuda al hombre a entender ante quien se encuentra y al que ya entendió, armonizara todo su ser y en aquel gesto agradecerá la misericordia de Dios para con uno mismo.

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