jueves

La infidelidad del pueblo escogido

'Un día, al levantarme de la cama, me pereció oír una voz que me decía: 'El Señor se cansa de esperar; quiere entrar en su granero para cribar el trigo y separar el grano bueno del malo'.

No hice caso de semejante voz ni me detuve (a pensar en lo que podría significar), aunque quedó impresa en mi espíritu. Por más que me esforzaba en apartarla de mí como una distracción impertinente, de tal manera me preocupaba, que no podía hacer oración, fatigada como estaba por la lucha que sostenía mi espíritu.

Entonces sentí que caía sobre mí el peso de la santidad de Dios, como si fuera a anonadarme, y me dejó sin movimiento alguno, para hacerme oír de nuevo claramente su voz. 'Mi pueblo escogido me persigue secretamente y ha irritado mi justicia, pero yo manifestaré sus pecados secretos con castigos visibles, porque los cribaré en la criba de mi santidad para separarlos de mis amados. Y, una vez separados, los rodearé de esa misma santidad que se pone entre el pecador y mi misericordia; y estando así rodeados por mi santidad, les es imposible reconocerse; les queda sin remordimiento la conciencia, el entendimiento sin luz, el corazón sin contrición, y al fin mueren en su ceguedad'.

Más: me descubrió su amoroso corazón todo desgarrado y traspasado de heridas : 'He aquí, me dijo, las heridas que recibo de mi pueblo escogido. Los otros se contentan con herir mi cuerpo; pero éstos atacan mi corazón, que no ha cesado nunca de amarlos. Pero al fin mi amor cederá el lugar a mi justa cólera para castigar a esos orgullosos. Están apegados a la tierra y me desprecian a mí, para no amar sino lo que me es contrario; me abandonan por las criaturas; huyen de la humildad para no buscar sino la estima de sí mismos; les queda el corazón vacío de caridad y no tienen ya más que el nombre de religiosos'.

No cesaba yo, mientras tanto, de pedir a mi Dios una verdadera conversión para todas aquellas almas contra las cuales estaba su justicia irritada y de ofrecerle los méritos de la vida, muerte y pasión de su Hijo, mi Salvador Jesucristo, en satisfacción de las injurias que de nosotros había recibido, y aun me ofrecía yo a su divina bondad para sufrir todas las penas que le pluguiese enviarme, aunque fuera anonadada y arrojada en un abismo, antes que ver perecer esas almas que tan caras le han costado.

José M. Sáenz de Tejada, S. I.
extraído de: "Vida y obras completas de Santa Margarita M. de Alacoque"
ed. Mensajero del Corazón de Jesús, Bilbao 1948; p.194-195.

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