Un día le cogió y no le dijo más que esta palabra: ¡Ven!» Le llevó por un sendero muy largo y estrecho sin decir palabra. El hombre le seguía admirado. Al fin, en una encrucijada, encontraron un hombre echado en el suelo, ciego y paralítico.
El santo se puso delante de él:
— Dime, hombre — le preguntó —: si yo te devolviera de pronto los ojos y el uso de tus miembros, ¿me amarías?
— ¡Oh — contestó el mendigo —, no sólo te amaría, sino que sería esclavo tuyo toda la vida!
Francisco se volvió al hombre indolente y frívolo, y le dijo:
— ¿Ves? Éste me amaría a mí si le devolviera el uso de sus sentidos; ¿pues por qué no amas tú a Dios, que te los ha dado perfectos?
Mauricio Rufino
Vademécum de ejemplos predicables
Ed. Herder, Barcelona, 1962, pág. 396.
Vademécum de ejemplos predicables
Ed. Herder, Barcelona, 1962, pág. 396.
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