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San Pablo: ¿Machista troglodita o visionario vanguardista?

No pocas veces he escuchado citar como ejemplo de machista troglodita, porque inspirado por el Espíritu Santo, San Pablo escribió: “Que la esposa, pues, se someta en todo a su marido” En la carta a los Efesios (5, 24).

Pues bien, quien escuche esta expresión y la juzgue a la ligera, efectivamente, podría caer en la tentación de pensar de esta manera, sin embargo, quien se ha tomado la molestia de estudiar un poquito la expresión y su contexto empieza a descubrir a un San Pablo distinto.

Por ejemplo, uno puede descubrir en las escrituras que líneas abajo de la frase citada, el mismo San Pablo dirá “Maridos, amen a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella”. Quien entiende de fe se da cuenta inmediatamente la menuda exigencia que San Pablo plantea a los varones, dado que, Cristo ama a su Iglesia hasta la muerte y muerte de cruz.

Cristo lo entrega todo por su Iglesia, no se guarda nada. Esa es, pues, la exigencia del varón, amar hasta el extremo, hasta la donación integra de su Ser. Un amor de esta naturaleza, entregando hasta la última gota de sangre, implica por parte del varón un ser justo, un estar pendiente de su esposa, manifestandole consideración y reverencia. Hablamos pues de tratar como es debido -con todos los honores- a una Hija de Dios.

Ahora bien, quien conoce un poco de historia, además de la indispensable luz de la fe, repararía inmediatamente en lo subversivo de las palabras de San Pablo, dado el contexto de la cultura greco-latina dominante, donde la mujer era considerada en términos prácticos como un objeto más del varón, del cual este podía disponer a su antojo, incluso llegando a extremos como la capacidad de decidir sobre la vida o la muerte de ella. No pocos Efesios deben haberse quedado estupefactos frente a una exigencia de esta naturaleza, deben haber pensado que Pablo se volvió loco, o que sus múltiples viajes lo confundieron.

Pero a San Pablo lo mueve el Amor de ahí sus exigencias, ellas brotan de un corazón convertido radicalmente y volcado al servicio de su Señor, Jesús de Nazaret. Este Amor es el centro del que deberíamos partir antes de juzgar con ligereza al converso Saulo de Tarso.



Marco Reinoso Chavez

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