jueves

Los misterios

En nuestra Santa Religión hay algunos misterios incomprensibles para el corto entendimiento humano, pero que debemos creerlos porque han sido revelados por Dios. Y Dios no enseña falsedades.

Además, los filósofos y los teólogos demuestran que los misterios de la fe son superiores al entendimiento humano, pero no contrarios a la razón , es decir, que no son imposibles y absurdos. Así lo afirmó el Concilio Vaticano I .

Ocurre con ellos lo que con otras muchas cosas de la vida, que las usamos continuamente y no sabemos lo que son: el magnetismo nos ofrece no pocos misterios. «Las ecuaciones de Maxwell, con ser tan portentosas, no nos dicen qué son en sí mismos el magnetismo y la electricidad, sino cómo se comporta la materia, magnética y eléctricamente»(PEDRO LAIN ENTRALGO: Alma, Cuerpo, Persona, 2º, IV, 5, 1. Ed. Galaxia. Barcelona).

Nadie sabe lo que es la luz. Se la define como «agente físico que hace visible los objetos» pero su naturaleza es desconocida. Su actuación se explica por la doble teoría, corpuscular de Newton y ondulatoria de Huygens, y la teoría del corpúsculo con onda asociada de Schrüdinger . Pero la naturaleza de la luz es un tanto misteriosa.

Lo mismo ocurre con la gravedad: la atracción mutua de las masas materiales. Desconocemos su naturaleza . El mismo Newton , que expresó esta atracción en una sencilla fórmula matemática,confesó que él conocía las leyes de la atracción pero no sabía lo que era la esencia de tal atracción(IAN G. BARBOUR: Problemas de Religión y Ciencia, 1ª, III, 1. Ed. Sal Terrae. Santander).

Es que la Física sólo nos habla de los hechos. Nada nos dice de la esencia de las cosas y de sus últimas causas. Hay verdades que se conocen por demostración: los ángulos del triángulo valen dos rectos.
Pero otras cosas sólo se pueden conocer por el testimonio de autoridad: el misterio de la Santísima Trinidad.

La vida está llena de misterios . ¿Vamos a extrañarnos de que también los haya en un Dios infinito, que sobrepasa tan totalmente nuestra capacidad intelectual? Ni la inmensidad del mar cabe en nuestro ojo, ni la de Dios en nuestro entendimiento. Si Dios cupiera en nuestro entendimiento, sería limitado. Dejaría de ser Dios, pues Dios tiene que ser infinito. Nosotros no podemos conocer a Dios del todo con ciencia adecuada y perfecta .

Sería absurdo creer que sólo puede ser verdad lo que cabe en nuestro pequeño entendimiento. Cuando creemos en los misterios, hacemos un acto de humildad reconociendo que Dios sabe más que nosotros.Niels Bohr , uno de los primeros científicos que descubrió la estructura del átomo, discutiendo con Einstein , también creyente, le dijo: «No es, ni puede ser, tarea nuestra ordenar a Dios cómo debe Él regir el mundo»(WERNER HEISENBERG: Dialogos sobre Física Atómica, VI. Ed. BAC. Madrid).

Algunos se dejan llevar de un exceso de racionalismo, que rechaza todo lo que supera la razón. Los misterios, ni son exclusivos de la Religión, ni son obstáculo para creer. Y lo mismo que en las demás ciencias, cuando no entendemos una cosa, nos fiamos de lo que nos dicen los que entienden de esa ciencia, así en cosas de Religión debemos fiarnos de lo que Dios dice en la Revelación, obra de Dios, aunque nuestro pequeño entendimiento no alcance a comprenderlo perfectamente.

Tampoco una hormiga entiende el ajedrez, y sin embargo el juego del ajedrez es una realidad. En la Física hay cosas inexplicables , y no por eso el físico reniega de la Física; y en la Medicina hay casos que no tienen solución, y no por eso el médico reniega de la Medicina. Es decir, en la Religión hay cosas que superan nuestro entendimiento, pero debemos fiarnos de Dios que nos las comunica.

Como aquel negrito del África ecuatorial que no había visto nunca el hielo y por eso no creía al misionero cuando éste le decía que con el frío, a veces, el agua se endurece de tal forma que puede un hombre andar sobre ella sin hundirse. El negrito no comprendía cómo esto puede ocurrir, pero si le constaba de la honradez del misionero y de que éste sabía lo que decía, debía fiarse de él, aunque su entendimiento no lo comprendiera. Lo mismo nosotros debemos creer los misterios de la Religión que Dios nos enseña por medio de la Iglesia, divinamente asistida por Él. Creo firmemente lo que no veo, porque creo a Aquel que lo ve todo (Bossuet ).

Es decir, que aunque está bien que busquemos las razones que hacen nuestra fe razonable, sin embargo, no creemos porque a nosotros nos parezca razonable, sino porque nos fiamos de la Ciencia y Veracidad de Dios, y aceptamos confiadamente todo cuanto Él nos diga.

Con todo, en el cielo entenderemos claramente todos los misterios que ahora no entendemos.

El misterio de que hay un solo Dios y tres Personas distintas se llama Misterio de la Santísima Trinidad. Aunque no podamos entenderlo perfectamente, podemos, sin embargo, aclararlo con comparaciones:

El agua puede estar en tres estados (sólido, líquido y gaseoso) sin perder su misma naturaleza: H2O.

Tres cerillas unidas tienen una sola llama: cada cerilla tiene llama, pero no son tres llamas, sino una sola.

En un triángulo cada ángulo abarca todo el triángulo, sin embargo los tres ángulos son distintos. Etc.



P. Jorge Loring, S.I.
Extracto del libro PARA SALVARTE
Enciclopedia de Doctrina Católica y normas para vivirlas

miércoles

Una Conversión Racional

"Si alguien me pregunta, desde el punto de vista exclusivamente intelectual, por qué creo en el cristianismo, solo puedo contestarle que creo en él racionalmente, obligado por la evidencia".
¿Qué evidencia? Chesterton reconoce en la opinión pública tres grandes convicciones anticristianas:

1ª. Que el ser humano es un mero animal evolucionado.
2ª. Que la religión primitiva nació del terror y de la ignorancia.
3ª. Que los sacerdotes han abrumado de amarguras y nieblas a las sociedades cristianas.

Estos tres argumentos son, para él, lógicos y legítimos, pero añade que lo único que les puede objetar es un punto que tienen en común: que los tres son falsos.

Respecto al primer argumento, Chesterton reconoce como evidente que el hombre se parece a los animales. En cambio, lo que resulta enigmático e inexplicable es el abismo que los separa, de suerte que "donde acaba la biología comienza la religión".

En cuanto al segundo argumento, todas las grandes culturas conservan la tradición de un antiguo pecado seguido de un castigo, pero "los sabios parecen decir literalmente que esa calamidad prehistórica no puede ser verdadera, puesto que todos los pueblos la recuerdan".

Del tercer argumento dirá que no lo ha visto realizado en ningún sitio, pues "aquellos países de Europa donde es grande la influencia del sacerdocio son los únicos donde todavía se baila y se canta, y donde hay todavía trajes pintorescos y arte al aire libre".
"Se dice que el paganismo es la religión de la alegría, y el cristianismo la religión del dolor, pero igual de fácil es probar la proposición inversa. Cuando el pagano contempla el verdadero corazón del mundo, se queda helado. Más allá de los dioses, que son simplemente despóticos, está el hades, el reino mismo de la muerte. Y cuando los racionalistas afirman que el mundo antiguo era más ilustrado que el mundo cristiano, no les falta razón desde su punto de vista, pues por ilustrado entienden: enfermo de desesperaciones incurables.

La alegría, que era la pequeña publicidad del pagano, se convierte en el gigantesco secreto del cristiano. Y al cerrar este volumen caótico, abro de nuevo el libro breve y asombroso de donde ha brotado todo el cristianismo, y la convicción me deslumbra. La tremenda imagen que alienta en las frases del evangelio se alza –en esto y en todo– más allá de todos los sabios tenidos por mayores".

Una variación del segundo argumento es hacer del cristianismo un fruto de épocas oscuras. Chesterton dirá que fue, por el contrario, "el único camino de luz en las edades oscuras, como un puente luminoso tendido sobre ellas entre dos épocas luminosas".

"Al que dice que la fe ha brotado del salvajismo y la ignorancia, hay que contestarle que no: que nació de la civilización mediterránea, en la plena germinación del gran Imperio Romano. Cierto que después se hundió el barco, pero no es menos cierto y asombroso que volvió a resurgir recién pintado y deslumbrante, siempre con la cruz en lo alto. Y éste es el asombro de la religión: haber transformado un barco hundido en un submarino. Bajo el peso de las aguas, el arca sobrevivió. Tras el incendio y bajo los escombros de las dinastías y los clanes, nos alzamos para acordarnos de Roma.

Si la fe solo hubiera sido un capricho del decadente imperio, ambos se habrían desvanecido en un mismo crepúsculo. Y si la civilización había de resurgir más tarde (y las hay que no han resurgido), hubiera tenido que ser bajo alguna nueva bandera bárbara. Pero la Iglesia cristiana era el último aliento de la vieja sociedad y el primer aliento de la nueva. Congregó a los pueblos que olvidaban ya cómo se levantan los arcos, y les enseñó a construir el arco gótico. En una palabra, lo que se dice contra la Iglesia es lo más falso que de ella puede decirse. ¿Cómo afirmar que la Iglesia quiere hacernos retroceder hasta las edades oscuras, cuando a la Iglesia debemos el haber podido salir de ellas?"
Gilbert K. Chesterton
Comentarios entre líneas de José Ramón Ayllón

Dios Existe

“Debe considerarse qué significa el nombre Dios, que no es otra cosa sino el gobernador y provisor de todas las cosas. Por tanto cree que Dios existe el que cree que todas las cosas de este mundo están gobernadas y previstas por Él. Quien cree que todo sucede por casualidad, no cree que existe Dios. Pero no se encuentra nadie tan tonto que no crea que las cosas naturales sean gobernadas, previstas y dispuestas, ya que proceden según el orden y tiempos ciertos. En efecto, vemos que el sol, la luna y las estrellas, y todas las demás cosas naturales guardan un curso determinado, lo cual no sucedería si se diese por casualidad: de donde, si hubiese alguien que no creyera que Dios existe, sería tonto”.
Santo Tomas de Aquino 
Meditaciones sobre el Credo - Sermones de Cuaresma. Nápoles

Mi Querido Tio Ateo

Eres tan inteligente y tranquilo, siempre con un poco de aire de superioridad y te gusta ser algo irónico. Con las personas creyentes tienes mucho tacto, no te gusta discutir con ellos; ¿para qué quitarles su chifladura?; la necesitan, en su debilidad necesitan algo en que poderse apoyar, o se trata de gentes sencillas, que no hacen más que repetir lo que les han enseñado el pastor o el párroco.

Tú en cambio eres fuerte, tú no necesitas eso, y tú has reflexionado mucho, y has leído muchos autores brillantes de segunda clase y ahora sabes a qué atenerte. Cuando te pregunto cómo puede existir el universo, si no existe Creador, entonces -si crees que vale la pena tu esfuerzo- nos das una maravillosa explicación científica: «En el principio estaba la niebla original. Esta se puso en movimiento. De este modo se produjo calor. Después...». Un momento, tío, ¿de donde venía la niebla original? «Eso no lo sabe nadie. Según otra teoría, al principio hubo dos ondas, de las cuales una tenía carga eléctrica positiva y la otra carga negativa. Se cruzaron por casualidad y de este modo se produjo calor. Después...». Un momento, tío, ¿de dónde venían las dos ondas y cómo es que estaban cargadas? «Eso no se sabe; todavía no».

Ahora empieza ya a ponerse un poco nervioso: «Lo mismo podría yo preguntarte a ti: ¿de dónde vino tu Dios?» Naturalmente que puedes, pero no ahora.

Ahora deseo conocer tu imagen del mundo. «Como quieras, pero tenemos que admitir la preexistencia de determinadas tensiones en el universo». ¿Por qué? «¡No me interrumpas siempre! bueno...».

Y aquí empieza su historia. Las tensiones conducen a explosiones de naturaleza atómica. La mezcla casual de los átomos es la base de la existencia de elementos químicos. La mezcla casual de estos elementos lleva -naturalmente después de billones de años- a la aparición de la vida vegetal en los planetas suficientemente enfriados. La atmósfera terrestre, la radiación cósmica, cruzamientos, transformaciones, los primeros animales, evolución, animales mamíferos, animales humanos.

Querido tío, no te enfades conmigo, pero no puedo creerlo. En primer lugar, empiezas ya en la mitad y no al principio. No tienes explicación para la existencia de la niebla original y la onda. Después, tu universo es puramente casual. No está basado en ninguna idea creadora. Todo es sólo causa y efecto, sin sentido ni objeto. Luego tampoco los efectos, o sea las consecuencias, tienen ningún sentido ni objeto.

Es pura casualidad que exista la estatua de Atenea de Fidias, la Novena Sinfonía de Beethoven, las poesías de Goethe, la máquina de vapor y el teléfono. Si en el universo no existe ni sentido, ni objeto, entonces tampoco en una pequeña parte del universo, es decir en tu cabeza. Por tanto, todo lo que tú piensas y dices tampoco tiene sentido ni objeto. ¿Por qué pretendes entonces que lo acepte? De acuerdo con tu imagen del universo no puedo aceptarlo; pues para ello debería comprender su sentido. Sólo entonces podría creerlo. Pero para creerte a ti, para creer que toda la evolución que me has descrito ha sido puramente casual no soy lo bastante creyente.

No hay ninguna religión que exija tanta credulidad. Mi tío se enfadó mucho.

Louis de wohl
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