miércoles

Son iguales

Dos anillos iguales. Son un par. ¡Qué mal se verían diversos! Uno dorado y otro plateado. Uno con las iniciales y el otro sin ellas. ¿Te imaginas uno liso y el otro amartillado? ¡No! Deben ser iguales. Karol Wojtyla, Juan Pablo II, escribió hacia el año 1960 un libro muy interesante sobre el matrimonio. En él cuenta cómo una pareja de casados la estaba pasando muy mal, y en un determinado momento a la chica se le ocurre ir a vender su anillo a un orfebre, pues le parecía que todo estaba perdido. El texto dice, en boca de la chica: El orfebre examinó el anillo, lo sopesó sobre los dedos detenidamente y me miró a los ojos. Por un instante leyó dentro del anillo la fecha de nuestro matrimonio. Volvió a mirarme, colocó el anillo sobre su balanza y me dijo: “Este anillo no tiene peso, la balanza indica siempre cero y no puedo obtener un miligramo. Ciertamente su marido vive, un anillo separado del otro no tiene peso alguno, pesan solamente los dos juntos. Mi balanza de orfebre tiene la peculiaridad de no pesar el metal, pesa toda la vida, y todo el destino del hombre”. Confusa y llena de vergüenza tomé el anillo y sin decir palabra salí del taller. (Karol Wojtyla, El taller del orfebre). Un anillo solo no tiene peso. Una persona separada de su cónyuge, no pesa nada. Te lo recuerdan los anillos, que son dos y son iguales. “No tienen peso”. Me lo decía un muchacho de diecisiete años cuyo padre recientemente los había dejado: - “Quiero a mí papá, por eso, porque es mi padre. No puedo dejar de quererlo pero ya no es mi modelo en la vida. Perdió peso. Me da pena. Al dejar de ser coherente, cuando dejó de cumplir su compromiso más importante excusándose en el cansancio, en los años, en los demás, culpando incluso a mi mamá... perdió peso. Ya no es para mí lo que era. Separado de mamá y de nosotros, ya no es el mismo. Quiere divertirse, quiere ser normal y dice que tiene derecho a una segunda oportunidad. Pero él mismo sabe que tomó una decisión superficial. Quizá él esté contento ahora, pero a costa de mi mamá y de nosotros cuatro”. Esto es incluso de lógica. Pasa más o menos lo mismo con los zapatos: vienen por pares. Un sólo zapato no sirve para nada. Hay cosas en esta vida que simplemente no pueden separarse: zapatos, mancuernas, guantes, aretes, anillos... Hombre y mujer, en el matrimonio, son una de esas “cosas”, que no deben romperse ni separarse, pues son un par.
Ángel Espinosa de los Monteros

El Bien y el Mal

La mera capacidad de elegir entre el bien y el mal es el limite mas bajo de la libertad, y la única cosa libre acerca de ello es el hecho de que podamos elegir aún el bien.

En la medida en que uno es libre para elegir el mal, en esa medida deja de serlo. Una mala elección destruye la libertad. Nunca se puede elegir el mal como mal: sólo como un bien aparente. Pero cuando decidimos hacer algo que nos parece realmente bueno cuando realmente no lo es, hacemos algo que realmente no queremos hacer, y por lo tanto no somos libres.

La perfecta libertad espiritual es una incapacidad de hacer una mala elección. Cuando todo cuanto se desea es realmente bueno, y toda elección no sólo aspira a ese bien, sino que lo logra, entonces uno es libre porque hace cuanto quiere, y todo acto en su voluntad termina en una perfecta culminación.

Por lo tanto, la libertad no consiste en un equilibro entre las elecciones buenas y malas, sino en un perfecto amor y aceptación de todo lo que es realmente bueno y el perfecto odio y rechazo de cuanto es malo, de forma que todo cuanto se hace es bueno y le hace a uno feliz y uno rechaza, niega o ignora toda posibilidad que pudiera conducir a la desdicha, el auto engaño y la pena.

Sólo el hombre que ha rechazado todo el mal tan completamente que es incapaz de desearlo es verdaderamente libre. Dios, en Quien no hay absolutamente ninguna sombra o posibilidad de mal o de pecado, es infinitamente libre. En realidad, es la Libertad.

Thomas Merton
Nuevas Semillas de contemplación

Santa María, Corredentora

¿Porqué la teología encuentra el centro de su corazón en el corazón de una mujer que es la Madre de Jesús?

María es la garante del realismo Cristiano; en ella se manifiesta que la palabra de Dios no sólo fue hablada, sino también escuchada; que Dios no sólo ha hablado, sino que el hombre ha contestado; que la salvación no sólo fue presentada, sino también recibida.
Cristo es la palabra de Dios, María es la respuesta; en Cristo, Dios ha bajada del cielo; en María la tierra se ha hecho fértil. María es el sello perfecto de las criaturas; en ella se ilustra de antemano, lo que Dios quería para la creación.
(Ensayo su eminencia Cardenal Cristoph Schoenborn, O.P., Arzobispo de Viena, Austria)


Según lo que ha expresado el cardenal Schoenborn, yo simplemente entiendo que el don de la redención, que se otorga libre y de manera perfecta, debe ser recibido en libertad y de manera perfectaA la luz de lo anterior, y según el plan de Dios, María es indispensable para la redención del hombre. Ella es indispensable no porque Dios sea incapaz de redimirnos por Sí Mismo, sino porque Él quiere que el hombre, a quien ha creado con libre albedrío, coopere libremente con su propia redención…El Redentor necesita que el hombre coopere con su propia redención.
Este oficio de corredención se ofreció a María porque fue concebida sin la mancha del pecado original. Sólo ella estaba en posibilidades de comenzar con un nuevo linaje de sangre libre de la esclavitud del pecado; solamente a ella se le preparó para ser Corredentora y quien, al igual que el cordero pascual, debía ser inmaculada. El Señor le hizo este ofrecimiento por medio del ángel Gabriel, y con su fiat, ella consintió en nombre de toda la humanidad, convirtiéndose en Corredentora.

Howard Q. Dee
ex Embajador de las Filipinas ante la Santa Sede
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Nota de Aclaración:
El padre de Fiores, miembro de la Academia Pontificia Mariana Internacional, que asesora al Papa para todas las cuestiones teológicas que tocan a la persona de María, aclara, sin embargo, que definir a María como «corredentora» no significa ponerla al mismo nivel salvador de Jesús, sino insistir en su papel de colaboradora en la salvación.

De hecho, el título de corredentora no se usa desde Pío XII, y los pontífices no lo utilizan precisamente para no provocar un equívoco con los protestantes. De hecho, la corredención no es una novedad. Ya el padre de la Iglesia Ireneo se refería a María como «causa salutis» («causa de la salvación») con su «fiat» (aceptación de la voluntad divina).

Es necesario aclarar que no se trata de situarla al mismo plano de Jesús. El carácter central de la salvación del Redentor se da por descontado. Se ve a la Virgen como colaboradora en esta redención. Jesucristo no se discute. No se trata de una yuxtaposición a la obra redentora de Jesucristo, sino una participación, una dependencia en la salvación. Este punto debe quedar muy claro.

jueves

Maestra de apóstoles

"... no penséis sólo en vosotros mismos: agrandad el corazón hasta abarcar la humanidad entera. Pensad, antes que nada, en quienes os rodean –parientes, amigos, colegas– y ved cómo podéis llevarlos a sentir más hondamente la amistad con Nuestro Señor. Si se trata de personas rectas honradas, capaces de estar habitualmente más cerca de Dios, encomendadlas concretamente a Nuestra Señora. Y pedid también por tantas almas que no conocéis, porque todos los hombres estamos embarcados en la misma barca.

Sed leales, generosos. Formamos parte de un solo cuerpo, del Cuerpo Místico de Cristo, de la Iglesia santa, a la que están llamados muchos que buscan limpiamente la verdad. Por eso tenemos obligación estricta de manifestar a los demás la calidad, la hondura del amor de Cristo.

El cristiano no puede ser egoísta; si lo fuera, traicionaría su propia vocación. No es de Cristo la actitud de quienes se contentan con guardar su alma en paz –falsa paz es ésa–, despreocupándose del bien de los otros. Si hemos aceptado la auténtica significación de la vida humana –y se nos ha revelado por la fe–, no cabe que continuemos tranquilos, persuadidos de que nos portamos personalmente bien, si no hacemos de forma práctica y concreta que los demás se acerquen a Dios.

Hay un obstáculo real para el apostolado: el falso respeto, el temor a tocar temas espirituales, porque se sospecha que una conversación así no caerá bien en determinados ambientes, porque existe el riesgo de herir susceptibilidades.

¡Cuántas veces ese razonamiento es la máscara del egoísmo! No se trata de herir a nadie, sino de todo lo contrario: de servir. Aunque seamos personalmente indignos, la gracia de Dios nos convierte en instrumentos para ser útiles a los demás, comunicándoles la buena nueva de que Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.

Santa María, Regina apostolorum, reina de todos los que suspiran por dar a conocer el amor de tu Hijo: tú que tanto entiendes de nuestras miserias, pide perdón por nuestra vida: por lo que en nosotros podría haber sido fuego y ha sido cenizas; por la luz que dejó de iluminar, por la sal que se volvió insípida. Madre de Dios, omnipotencia suplicante: tráenos, con el perdón, la fuerza para vivir verdaderamente de esperanza y de amor, para poder llevar a los demás la fe de Cristo.

San José María Escrivá
Homilía pronunciada el 15-VIII-1961

miércoles

María en el designio de salvación

En tiempos pasados se intentaba explicar la asociación de María a Cristo partiendo de María misma, es decir, del amor con que vivió siempre estrechamente unida a su Hijo en todos los pasos que éste dio para salvar al mundo, desde la Encarnación hasta la Resurrección-ascensión, sin interrumpir tampoco esa unión, antes bien consumándola, en la gloria celeste.


Pero, manteniendo la realidad de esta unión, la teología actual, de acuerdo con lo dicho hace un instante, considera el tema de la asociación de María a Cristo desde Dios mismo. No se trata sólo de que María, por iniciativa propia y a impulso de su inminente caridad, se haya unido al Hijo, sino de que un especial designio divino la unió indisolublemente con este Hijo: con su persona y con su obra. Por lo cual sí María no hace acto de presencia, es imposible comprender en su integridad el misterio de la persona y de la obra del Hijo.

Es decir, detrás de la llamada “cuestión mariana” está un problema cristológico, así como, análogamente, detrás de lo cristológico está lo teologal o la comprensión del misterio de Dios en sí. Y esto es precisamente, lo que da a María un puesto absolutamente singular. Detrás de María está Cristo y detrás de Cristo está el Padre. Esta conexión de los misterios hace que la mariología sea, en el fondo, una parte de la cristología, algo así como la cristología es una parte de la “teología” o del tratado de Dios en sí.



Jesús es Hijo del Padre eterno, pero también de la Madre terrena y realiza la redención precisamente a través de los misterios que se cumplen en la humanidad recibida de la Madre. La redención es obra del Hijo que el Padre envió en la plenitud de los tiempos, haciéndolo nacer de mujer para que, así, nos comunicase la gracia de la filiación adoptiva (Gal 4, 4-5).

Esta presencia de la mujer –de María- en el designio de salvación, no es solo una condición previa, sino un perenne punto de referencia de toda la obra de Cristo. Cristo actúa siempre como Hijo del Padre y como Hijo de la Madre, y esta “filialidad” es un elemento integrante de la redención la cual, por tanto, quedaría mutilada, si se prescindiese de la presencia de María.



Sin referencia a María, no se puede comprender el contenido del reino que Cristo vino a establecer, ni la redención que nos trajo para entrar en este reino…

Esta Madre no se introduce ella misma en el designio salvífico –esto supera las posibilidades de toda creatura- sino que es introducida por Dios; y esto precisamente da a su presencia el sumo valor, porque es Dios quien la coloca en todos sus caminos. Seria una contradicción buscar a Dios y luego no aceptar los caminos concretos e históricos que El mismo señaló para que los hombres puedan encontrarlo en plenitud.

La presencia de María se ordena siempre a algo superior a Ella; tiene la finalidad concreta de hacernos comprender el valor salvífico de todos los misterios de Cristo, empezando por la encarnación. Y esto es bien importante, porque muchas de las modernas cristologías reducen la obra de la redención casi únicamente a los acontecimientos que tuvieron lugar en la última semana de la vida de Jesús, añadiendo como mucho su misterio de predicador o de profeta. Supuesto que Jesús realiza la obra de la redención en cuanto Hijo, el hecho mismo de nacer de Mujer tiene una importancia decisiva en orden a comprender el contenido de la salvación que El trajo.


Armando Bander O.P.
Extracto de "María en la obra de la Reconciliación"
Ediciones Vida y espiritualidad Lima 1988

Pensamientos Marianos IV

El amor a nuestra Madre será soplo que encienda en lumbre viva las brasas de virtudes que están ocultas en el rescoldo de tu tibieza.
San Josemaría Escrivá de Balaguer

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Las madres de la tierra no abandonan nunca a sus hijos. Del mismo modo María, que ama tanto a sus hijos durante la vida, con cuánta ternura, con cuánta bondad acudirá a protegerlos en sus últimos instantes, cuando mayor es la necesidad.
San Juan Bosco

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María fue concebida sin la menor mancha por la gracia de Dios poderoso porque Dios habiéndola escogido desde toda la eternidad para ser su Madre no ha permitido ni querido que su bendito germen fuera un solo instante mancillado o concebido en pecado.
María de Santa Teresa Petyt

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Recurramos a María y como hijuelos suyos echémonos en su regazo en todo tiempo y necesidad con firmísima confianza: invoquémosla, honrémosla, imitémosla, y tengamos para tan dulce Madre un afecto verdaderamente filial.
San Francisco de Sales.

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María y los laicos

La figura de María está íntimamente unida al cristiano común…

Dueña de un espíritu profundamente abnegado, hizo de su vida un testimonio elocuente de fidelidad al plan de Dios. Pero esto fue realizado en la vida cotidiana. Su entrega se forjó y realizó en el esfuerzo diario, ordinario de la vida hogareña, en la dulce tarea de educar, y más tarde acompañar, a su hijo.

Su espiritualidad puede, pues, ser calificada como una espiritualidad de la vida cotidiana, inserta en el acontecer diario del mundo, y que por lo tanto parte de una valoración positiva de la realidad temporal y de la acción del ser humano en ella.

María resulta así modelo ideal para el laico contemporáneo, cuya inserción en el mundo le plantea, aún, no pocos interrogantes, e incluso le produce rupturas.

La figura y el papel de la Virgen no se detiene ahí Además de ser modelo, lo que podría dejarla en un rol estático, Ella está por decisión de su Hijo activamente presente en la vida del cristiano.

Ella como Madre, nos va guiando hacia la conformación con su hijo. Una espiritualidad para el laico contemporáneo no puede pues dejar de mirar a la Madre y de recurrir a Ella.
...

Su tarea no se redujo al “fiat” por el que nos vino la salud, ni sólo a la educación del hijo, o sólo a acompañarlo durante toda su vida hasta el momento final del Golgota. Junto a la Maternidad fisica del Salvador, María, ya desde la misma Anunciación-Encarnación empieza a desarrollar su misión de Madre de la Iglesia. Desde la Cruz, el Señor explicita esta misión Maternal.




Estracto de “María y los laicos” - Vida y Espiritualidad - 2001

Estrella de la Mañana

En realidad, aunque no sea posible establecer un preciso punto cronológico para fijar la fecha del nacimiento de María, es constante por parte de la Iglesia la conciencia de que María apareció antes de Cristo en el horizonte de la historia de la salvación.6

Es un hecho que, mientras se acercaba definitivamente « la plenitud de los tiempos », o sea el acontecimiento salvífico del Emmanuel, la que había sido destinada desde la eternidad para ser su Madre ya existía en la tierra. Este « preceder » suyo a la venida de Cristo se refleja cada año en la liturgia de Adviento.

Por consiguiente, si los años que se acercan a la conclusión del segundo Milenio después de Cristo y al comienzo del tercero se refieren a aquella antigua espera histórica del Salvador, es plenamente comprensible que en este período deseemos dirigirnos de modo particular a la que, en la « noche » de la espera de Adviento, comenzó a resplandecer como una verdadera « estrella de la mañana » (Stella matutina).

En efecto, igual que esta estrella junto con la « aurora » precede la salida del sol, así María desde su concepción inmaculada ha precedido la venida del Salvador, la salida del « sol de justicia » en la historia del género humano.7


Tomado de “Redemptoris Mater”, N° 3

Pensamientos Marianos III

Sin el Hijo de Dios, nada podría existir; sin el Hijo de María, nada podría ser redimido.
San Anselmo
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María no es una mera ayudante. Es cooperadora y compañera. Participa en el reino exactamente igual a como participó en los sufrimientos del Señor por el género humano.
San Alberto Magno
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María es para el alma como el oratorio del corazón, para hacer en él todas las oraciones a Dios.
San Luis María Grignion de Montfort

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María, además de ser la Madre cercana, discreta y comprensiva, es la mejor Maestra para llegar al conocimiento de la verdad a través de la contemplación.
Juan Pablo II
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Es casi imposible ir hacia Jesús si no se va por medio de María.
San Juan Bosco
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Confía. —Vuelve. —Invoca a la Señora y serás fiel.
San Josemaría Escrivá de Balaguer

Por María, hacia Jesús

...
Los textos de las Sagradas Escrituras que nos hablan de Nuestra Señora, hacen ver precisamente cómo la Madre de Jesús acompaña a su Hijo paso a paso, asociándose a su misión redentora, alegrándose y sufriendo con El, amando a los que Jesús ama, ocupándose con solicitud maternal de todos aquellos que están a su lado.

Pensemos, por ejemplo, en el relato de las bodas de Caná. Entre tantos invitados de una de esas ruidosas bodas campesinas, a las que acuden personas de varios poblados, María advierte que falta el vino. Se da cuenta Ella sola, y en seguida. ¡Qué familiares nos resultan las escenas de la vida de Cristo! Porque la grandeza de Dios, convive con lo ordinario, con lo corriente. Es propio de una mujer, y de un ama de casa atenta, advertir un descuido, estar en esos detalles pequeños que hacen agradable la existencia humana: y así actuó María.

Fijaos también en que es Juan quien cuenta la escena de Caná: es el único evangelista que ha recogido este rasgo de solicitud materna. San Juan nos quiere recordar que María ha estado presente en el comienzo de la vida pública del Señor. Esto nos demuestra que ha sabido profundizar en la importancia de esa presencia de la Señora. Jesús sabía a quién confiaba su Madre: a un discípulo que la había amado, que había aprendido a quererla como a su propia madre y era capaz de entenderla.

Pensemos ahora en aquellos días que siguieron a la Ascensión, en espera de la Pentecostés. Los discípulos, llenos de fe por el triunfo de Cristo resucitado y anhelantes ante la promesa del Espíritu Santo, quieren sentirse unidos, y los encontramos cum María matre Iesu, con Maria, la madre de Jesús. La oración de los discípulos acompaña a la oración de María: era la oración de una familia unida.

Esta vez quien nos transmite ese dato es San Lucas, el evangelista que ha narrado con más extensión la infancia de Jesús. Parece como si quisiera darnos a entender que, así como María tuvo un papel de primer plano en la Encarnación del Verbo, de una manera análoga estuvo presente también en los orígenes de la Iglesia, que es el Cuerpo de Cristo.

...

Diré más. Hemos de sentir la ilusión de no permanecer solos, debemos animar a otros a que contribuyan a esa misión divina de llevar el gozo y la paz a los corazones de los hombres. En la medida en que progresáis, atraed a los demás con vosotros, escribe San Gregorio Magno; desead tener compañeros en el camino hacia el Señor.

...

Es necesario también enseñar el camino, a quienes tienen buena voluntad y buenos deseos, pero no saben cómo llevarlos a la práctica. Cristo nos urge. Cada uno de vosotros ha de ser no sólo apóstol, sino apóstol de apóstoles, que arrastre a otros, que mueva a los demás para que también ellos den a conocer a Jesucristo.

Quizás alguno se pregunte cómo, de qué manera puede dar este conocimiento a las gentes. Y os respondo: con naturalidad, con sencillez, viviendo como vivís en medio del mundo, entregados a vuestro trabajo profesional y al cuidado de vuestra familia, participando en los afanes nobles de los hombres, respetando la legítima libertad de cada uno.

...

No olvidemos que la casi totalidad de los días que Nuestra Señora pasó en la tierra transcurrieron de una manera muy parecida a las jornadas de otros millones de mujeres, ocupadas en cuidar de su familia, en educar a sus hijos, en sacar adelante las tareas del hogar. María santifica lo más menudo, lo que muchos consideran erróneamente como intrascendente y sin valor: el trabajo de cada día, los detalles de atención hacia las personas queridas, las conversaciones y las visitas con motivo de parentesco o de amistad. ¡Bendita normalidad, que puede estar llena de tanto amor de Dios!

Actuando así daremos a quienes nos rodean el testimonio de una vida sencilla y normal, con las limitaciones y con los defectos propios de nuestra condición humana, pero coherente.

...

Nos narra el evangelista que, dirigiéndose a los sirvientes, María les dijo: Haced lo que El os dirá. De eso se trata; de llevar a las almas a que se sitúen frente a Jesús y le pregunten: Domine, quid me vis facere?, Señor, ¿qué quieres que yo haga?.

Muchas conversiones, muchas decisiones de entrega al servicio de Dios han sido precedidas de un encuentro con María. Nuestra Señora ha fomentado los deseos de búsqueda, ha activado maternalmente las inquietudes del alma, ha hecho aspirar a un cambio, a una vida nueva. Y así el haced lo que El os dirá se ha convertido en realidades de amoroso entregamiento, en vocación cristiana que ilumina desde entonces toda nuestra vida personal.


San Josemaría Escrivá
Estracto de la Homilía pronunciada por monseñor Escrivá el 4-V-1957.

Sobre el Jansenismo

El Jansenismo tomaba respecto de María una postura más bien distante y adoptaba criterios minimistas con el pretexto de que la glorificación de María significaba un peligro de menoscabar el indiscutible primado de Cristo.

Evidentemente Cristo tiene una primacía que lo coloca por encima de cualquier criatura, de modo que nadie, por grande que sea, puede equipararse a El.

Pero la piedad cristiana nunca sitúa a la Virgen al nivel de Jesús, aun viéndola siempre estrechamente asociada a El.

...

Los Papas enseñan reiteradamente que para mantener todo el contenido del misterio de Cristo, es necesario prestar atención a María, porqué, de lo contrario, la comprensión de la persona y de la obra de Cristo sufrirá irremediablemente mutilaciones graves. Son los sumos misterios de la Trinidad y de la Encarnación los que están exigiendo prestar atención a María.

Dios diseño un plan de salvación en el que María es un elemento integrante.
Por lo cual quien prescindiese de María deformaría el misterio mismo de Dios y de su providencia, y no podría mantener la integridad del misterio de Cristo en quien el designio de la providencia divina se cumple de modo absolutamente perfecto.



Armando Bandera O.P.
Estracto de: "María en la Obra de la Reconciliación" - Vida y Espiritualidad - Lima - 1988

martes

Santisima Virgen María

Jesús fue concebido, no por obra de varón, sino milagrosamente, por virtud del Espíritu Santo. Dice San Mateo: «El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:desposada María con José, sin haber estado juntos, se halló que ella había concebido por obra del Espíritu Santo».

...San Lucas dice: «Lo que nacerá de ti se llamará Hijo de Dios» (LUCAS, 1:35).

En la genealogía del Evangelio de San Mateo se dice siempre: Fulano engendró a Zutano. Y al llegar a José, no dice que engendró a Jesús, como en los casos anteriores, sino que dice: «Jacob engendró a José, esposo de María, de la que nació Jesús», dando a entender que José no engendró a Jesús, sino que su concepción fue virginal. Y San Lucas dice de Jesús «que se pensaba que era hijo de José», dando a entender que en la realidad no lo era en el sentido que la gente creía. Dice San Mateo: «Sin que José hubiera tenido relación con María, ella dio a luz un hijo» (MATEO, 1:25).

Las mismas dudas de José confirman la concepción virginal de María, pues cuando él vio las señales externas del embarazo de su mujer, sabiendo que aquello no era suyo, pues él no había hecho nada para dejarla embarazada, le entraron tremendas dudas ante lo que sus ojos le evidenciaban y la virtud que él conocía de María . Al no poder armonizar las dos cosas, estaba en una duda angustiosa hasta que el ángel le tranquilizó afirmándole que lo de su mujer era obra del Espíritu Santo.

La Virgen María tuvo un solo hijo, que fue Jesucristo. Cuando el Evangelio habla de los hermanos de Jesús, se refiere a los primos hermanos y parientes, que, entre los judíos, también se llamaban hermanos. En hebreo no había palabra para decir primo . La palabra hermano abarcaba varios grados de parentesco.

Los Testigos de Jehová para hacer creer a la gente que María Santísima no fue virgen, sino que tuvo muchos hijos, enseñan el texto del Evangelio donde dice que Santiago y José eran hermanos de Jesús.

Pero aquí, como en otros muchos de sus engaños, presentan el texto que puede complicar, y ocultan el texto que puede aclarar. Efectivamente, el mismo Santo Evangelio dice que al pie de la cruz estaba la Madre de Jesús, y junto a ella la madre de Santiago y José (MATEO, 27:56; MARCOS, 6:3; 15:40).

Era la mujer de Cleofás (JUAN, 19:25), hermano de San José. Cleofás es el mismo nombre en griego que Alfeo en arameo. Son los dos nombres que se daban al hermano mayor de José , esposo de la Virgen. Era el padre de Santiago el Menor (MATEO, 10:3) y José, y estaba casado con la otra María que estaba al pie de la cruz junto a la Virgen. Se casó con ella después de enviudar de su primer matrimonio del que nacieron Simón y Judas Tadeo.

Luego la madre de Santiago y José es distinta de la madre de Jesús.

Entonces, ¿por qué dice el Evangelio que Santiago y José eran hermanos de Jesús? Porque eran parientes, y éstos entre los hebreos se llamaban hermanos. Efectivamente, sabemos por la Biblia que Abrahán era tío de Lot (Génesis, 11:27; 12:5). Sin embargo, Lot y Abrahán se llaman entre sí «hermanos» cinco veces(Génesis, 13:8; 14:14,16). En otro sitio dice que Labán era tío de Jacob (Génesis, 29:10). Y después dice que Labán llama «hermano» a Jacob (Génesis, 29:15).

Si la Virgen María hubiera tenido otros hijos, Jesús en la cruz no se la hubiera encargado a Juan, sino a ellos.

Es decir, María Santísima tuvo un solo hijo: Jesús. Cuando el Evangelio lo llama primogénito afirma que es el primer hijo; pero eso no significa, según el modo de hablar de entonces, que siguieran otros hijos después. Primogénito significa no precedido de otro. Prescinde de la existencia de otros posteriores.

«La virginidad» de María es dogma de fe. Fue definido en el año 649, en el Concilio I de Letrán.

La Iglesia enseña, desde el siglo V, que María fue virgen antes del parto, en el parto y después del parto. Fue confirmada por el Concilio Vaticano II . Por eso la llama siempre Virgen María.


P. Jorge Loring, S.I.
Extracto del libro PARA SALVARTE

Pensamientos Marianos II

La contemplación de Cristo tiene en Maria su modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece de un modo especial. Ha sido de su vientre donde se ha formado, tomando de Ella una semejanza humana, que evoca una intimidad espiritual más grande todavía.
SS. Juan Pablo II
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Estamos en este mundo como en un mar borrascoso, como en un destierro, en un valle de lágrimas. María es la estrella del mar, el consuelo de nuestro destierro, la luz que nos indica el camino del cielo enjugando nuestras lágrimas.
San Juan Bosco
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¡Madre! —Llámala fuerte, fuerte. —Te escucha, te ve en peligro quizá, y te brinda, tu Madre Santa María, con la gracia de su Hijo, el consuelo de su regazo, la ternura de sus caricias: y te encontrarás reconfortado para la nueva lucha.
San Josemaría Escrivá de Balaguer
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María es la esclava misteriosa por la cual Dios baja a la tierra y los hombres suben al Cielos.
San Fulgencio
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¡María no es el centro, pero esta en el centro!
San Luis María Grignion de Monfort

viernes

Santa María Madre de Dios

Decimos que la Virgen María es madre de Dios, porque de ella nació Jesucristo que es verdadero Dios y Verdadero Hombre.

María es la Madre de Jesucristo, pues ella le dio un cuerpo humano. Pero como Jesucristo, además de ser Hombre, es Dios, María Santísima es también Madre de Dios.
María es madre de un hombre que tiene Persona Divina.

Ocurre lo mismo que si a uno le hacen alcalde. Su madre sería la madre del alcalde. Ella no le ha dado la alcaldía, pero por haberle dado el cuerpo es su madre; y al ser su madre es madre de todo lo que él es: madre del alcalde.

Pero María Santísima es Madre de Dios todavía con más razón; porque Jesucristo es Dios desde el momento de su concepción, por lo tanto la Persona que nace de María es Dios, y por lo mismo María es Madre de Dios. Dice San Pablo: «Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo nacido de una mujer».

Que María es Madre de Dios es dogma de fe. Fue definido por el Concilio de Éfeso en el año 431


P. Jorge Loring, S.I.
Extracto del libro PARA SALVARTE

María: la verdadera confianza

La actitud de María ante la adversidad es un ejemplo del que podemos aprender mucho para crecer en un valor tan importante como la confianza.

La confianza está devaluada. Parece que vivimos con la única certeza de que alguien nos engaña constantemente...

Mucha de esa suspicacia se nutre de las malas experiencias que hemos padecido. Sin embargo, en nuestra desconfianza a veces interviene también una gran falta de visión sobrenatural y un profundo pesimismo, incompatibles con los verdaderos cristianos.

No se trata de ser ingenuos ni optimistas gratuitos que van por la vida sin criterio alguno, fiándose de todo y de todos. La confianza de los hijos de Dios tiene su raíz en la fe que nace del amor a la voluntad divina. El mejor ejemplo de la confianza que debe primar en cualquiera de nosotros es María Santísima.

El Catecismo es muy claro al respecto: “Durante toda su vida, y hasta su última prueba (cf. Lc 2,35), cuando Jesús, su hijo, murió en la cruz, su fe no vaciló. María no cesó de creer en el "cumplimiento" de la palabra de Dios. Por todo ello, la Iglesia venera en María la realización más pura de la fe”

Cuántas veces no tambaleamos ante la menor adversidad y nos dejamos llevar por la inquietud, propia del niño que no confía plenamente en su padre.

La vida no es fácil, cierto, pero no la vivimos solos. Ese es exactamente el sentido de la filiación divina, vivir conscientes de que somos hijos de Dios y actuar en consecuencia: “todo lo puedo en Aquel que me conforta”.

La mayoría de las veces, las cosas no saldrán como las habíamos planeado. A María le sucedió; sin embargo, no hubo reclamo, queja o atisbo alguno de pesimismo, sino confianza en que Dios estaba con ella. Y esta seguridad nace de la entrega a la voluntad divina, de la plena identificación con el querer de Nuestro Señor.

Porque quien mira el mundo con ojos cristianos no es un crédulo que supone que Dios lo arreglará todo, en caso de que las cosas salgan mal. El verdadero cristiano pone todo de su parte para que todo vaya de la mejor manera, pero si en ese proceso surge algún inconveniente, sabe también que Dios dispuso otra cosa y que, por eso, aquellas circunstancias también nos convienen.

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miércoles

Pensamientos Marianos l




«A Jesús siempre se va y se "vuelve" por María.»
San Josemaría Escrivá de Balaguer

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«A María, nuestra Madre, le demostraremos nuestro amor trabajando por su Hijo Jesús, con Él y para Él.»
Madre Teresa de Calcuta

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«A quien Dios quiere hacer muy santo, lo hace muy devoto de la Virgen María.»
San Luis María Grignon de Monfort

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«Todo lo tenemos en María. Si somos hijos, es Madre: si débiles, es fuerte; si ignorantes, es trono de sabiduría; si tristes, es causa de nuestra alegría; si necesitados, es Madre de la gracia.» Santa Francisca Chantal

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«Tal es la voluntad de Dios, que quiso que todo lo tuviéramos por María.»
San Bernardo

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«Seamos inmensamente gratos a la Virgen. ¡Ella nos dio a Jesús!»
San Pío de Pieltrecina



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