[...] Libertad religiosa no significa que todas las religiones sean igualmente buenas. Libertad religiosa no significa que uno pueda escoger la religión que quiera con la misma indiferencia con que se puede apuntar a un club de fútbol o a otro, puesto que los equipos de fútbol son todos moralmente indiferentes. No hay ninguna razón moral para elegir un equipo de fútbol u otro. Moralmente hablando, todos son iguales. No ocurre lo mismo cuando se trata de la religión.
Las religiones no pueden ser todas igualmente buenas porque son contradictorias entre sí, y dos afirmaciones contradictorias no pueden tener las dos razón al mismo tiempo.
Si yo digo que Cervantes nació en España y otro dice que nació en inglaterra, no podemos los dos tener razón al mismo tiempo. Si nosotros creemos en el misterio de la Santísima Trinidad, es decir, que en Dios hay tres Personas distintas, y los testigos de Jehová lo niegan, no podemos tener razón los dos al mismo tiempo. si nosotros creemos en la Eucaristía y los luteranos no, no podemos tener razón ambos.
[...] El Concilio Vaticano II, en su documento sobre la libertad religiosa, dice: «El hombre tiene obligación de buscar la verdad, y la verdad total se encuentra en la Iglesia católica.»
[...] No podemos contentarnos con una verdad fragmentada. Las medias verdades son las peores mentiras, porque tienen la apariencia de verdad. Para que una cosa sea buena debe serlo totalmente, no basta que sea parcialmente buena. [Por ejemplo] Si me voy a comparar una chaqueta y tiene un agujero en el codo, no la quiero aunque las solapas estén bien.
P. Jorge Loring