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martes

¿Hay una norma moral universal para todos?

El principal escollo en el debate bioético suele ser el choque con la conciencia de otro que piensa de forma diferente, que no comparte los mismos valores morales.  ¿Por qué razón un criterio moral debería imponerse sobre otro? Yo puedo pensar que el aborto está mal, pero no por ello debo imponer mi punto de vista a otra persona que considera lo contrario.


El planteamiento de la igualdad de valores, aunque sean contrapuestos, conduce hacia un callejón sin salida, o lo que es peor, el caos de la anarquía relativista.


Es este relativismo el que impide la existencia de cualquier valoración moral, porque si todas las opiniones son igual de respetables y válidas, todas son igualmente inútiles y ninguna de ellas sirve para nada. Estoy muy de acuerdo con la profesora Vila-Coro cuando afirmaba en una de las últimas clases que impartió, y a las que tuve el privilegio de asistir, que las opiniones de todo el mundo son respetables, en tanto que opiniones.


El problema es cuando las opiniones se quieren imponer como criterios de certeza. Porque hay leyes inherentes a la propia realidad. En todas las culturas robar, matar y mentir son delitos que se han rechazado.


Los pueblos que no han respetado estas leyes se han degradado, porque ha imperado en ellos la ley del más fuerte. Sin ir más lejos, la Declaración Universal de los DDHH reconoce en su art. 29 como límite del ejercicio de los derechos "las justas exigencias de la moral".


¿A qué moral se refiere? Si hubiera muchas morales resultaría imposible la existencia de una legislación común. Todos los sistemas jurídicos, para ser legítimos, y no solo legales, deben fundamentarse en la realización de la justicia y en principios objetivos de moralidad, respeto a la dignidad de la persona y de los derechos que fruto de tal dignidad le son inherentes. 


Si afirmáramos que no existen verdades objetivas y que cada uno se debe guiar por su propia conciencia sería imposible una sociedad organizada.


Agustín Losada
bioeticahoy.com.es

miércoles

¿Hay homofobia en la Iglesia católica?

La homofobia es definida por la Real Academia Española de la Lengua como la aversión obsesiva hacia las personas homosexuales.


Si examinamos el cuerpo doctrinal de la Iglesia Católica encontramos que en la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la atención pastoral a las personas homosexuales de 1 de octubre de 1986 se indica:


“Es de deplorar con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas. Tales comportamientos merecen la condena de los pastores de la Iglesia, dondequiera que se verifiquen” (n. 10). Por lo tanto, podemos concluir fácilmente que la Iglesia no es homofóbica porque no se encuentran elementos de odio hacia los homosexuales.



Pero el caso es que esta respuesta aún no es satisfactoria porque a pesar de la claridad del la doctrina de la Iglesia una de las acusaciones que algunos siguen lanzando contra la Iglesia es que es homofóbica.



Quienes hacen esta afirmación basan sus acusaciones en que los actos homosexuales en la doctrina católica son considerados pecado. Por lo tanto, la pregunta correcta sería si es homofobia que se considere pecado el acto homosexual.



Al respecto hay que hacer una distinción. La Iglesia condena los actos, no las personas. En realidad esta cuestión se ha de enmarcar dentro del papel que se otorga a la sexualidad en la doctrina de la Iglesia. En efecto, para la Iglesia Católica la sexualidad tiene una función unitiva de las personas y se ha de relacionar necesariamente con la función procreadora, que es su finalidad natural.


Según el Catecismo de la Iglesia Católica la doctrina sobre la sexualidad “está fundada sobre la inseparable conexión que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal: el significado unitivo y el significado procreador” (n. 2366, citando la Encíclica Casti Connubii de Pío XI).



Por ello la Iglesia considera pecado todo acto que separe en la sexualidad ambos aspectos, el unitivo y el procreador. Entre ellos se incluyen los actos homosexuales, pero no solo estos actos. También están condenados los actos individuales (la masturbación) o los adulterios, pues separan en la sexualidad la procreación y la unión de las personas. Dejando aparte las razones naturales que también se aducen para condenar estas conductas, no se entiende que los homosexuales se sientan discriminados por la Iglesia y no se sientan discriminados quienes practican la masturbación o el adulterio, por poner unos ejemplos.



Acusar a la Iglesia Católica de homofóbica porque considera pecado los actos homosexuales encierra una intromisión en la autonomía de una confesión religiosa y por ello es una discriminación hacia la Iglesia Católica, pues se pretende dictarle cuál debe ser su cuerpo doctrinal y moral.


Una persona con tendencias homosexuales no está obligada a ser católica, pero si decide vivir su fe como católico lo hace sabiendo que los actos que pudiera realizar siguiendo esa tendencia serían considerados pecado en su religión, al menos en cuanto al hecho objetivo.



Otras religiones consideran pecado el consumo de carne de cerdo o la bebida de productos alcohólicos y nadie las considera discriminatorias por ello. Quienes aprecian el vino o el jamón ibérico, si quieren seguir consumiendo su producto preferido sin cargo de conciencia, lo que deben hacer es no convertirse en musulmanes. Pero nunca se ha oído decir que los gourmets hayan pedido que el Islam modifique el Corán. No se entiende por qué los homosexuales piden que la Iglesia cambie su postura. Como ya hemos indicado, estamos dejando aparte las razones naturales que se aducen para condenar los actos homosexuales.



Por lo tanto, a la Iglesia Católica no se le puede acusar de homofobia. La doctrina católica sobre la homosexualidad no supone una discriminación de las personas, puesto que el derecho a la igualdad de los homosexuales, en la doctrina católica, está garantizado. Son los actos homosexuales los que se rechazan al considerarlos pecado, lo cual entra dentro de la legítima autonomía de la Iglesia Católica. Los homosexuales a los que no les guste esta doctrina lo que pueden hacer es vivir indiferentes frente a la Iglesia Católica, pero pretender que la Iglesia cambie su doctrina en este punto es una intromisión intolerable.


Pedro María Reyes Vizcaín

Perecer antes de nacer

El Mefistófeles de Goethe versificó que «todo lo que nace / perecer merece». Pero no previó el autor cuán fácil sería, siglo y medio tras su muerte, merecer perecer antes de nacer.


Algunos responsables del Estado se esfuerzan repetidamente en mostrar la «racionalidad» de las futuras leyes abortistas.


El historiógrafo Golo Mann afirmó que la racionalidad puede significar dos cosas: acción acorde con un fin, independientemente de cual sea el fin, o acción adecuada para un fin que es beneficioso para aquellos a quienes afecta. Y, tras poner Auschwitz como ejemplo de la primera acepción, sostiene que «no podemos calificar seriamente de racional un delito demencial. Acción racional, en el buen sentido del término, es una acción dictada por la razón que beneficia al hombre». Los más directamente afectados por las leyes aludidas son los no nacidos, y es evidente que no les favorecen.


En 1971, la Conferencia Episcopal Alemana hizo esta firme declaración: «Solamente cuando el Estado está dispuesto a proteger la vida del ser humano antes de su nacimiento, es cuando merece el nombre de Estado constitucional».


Las sociedades occidentales se esfuerzan en hacer pasar la muerte inadvertida. Pero se menosprecia la vida. Hay abortos, eutanasia y suicidios asistidos. Paradoja del hombre científico que, de una parte, hace retroceder la muerte, pero, de otra la impone «legalmente» y tan abundantemente como nunca lo hiciera antes.


Card. Ricardo María Carles

martes

¿Desde la astrología hacia la genética?

La astrología (antigua y moderna) busca indagar sobre el futuro con la ayuda de las estrellas o con otros métodos más o menos sofisticados.


Según la disposición de los astros en la fecha de nacimiento, según los movimientos celestes del presente, los astrólogos y los amigos de las ciencias adivinatorias dan recetas, ofrecen consejos, previenen de peligros, sugieren inversiones y recomiendan dietas.


En la Antigüedad hubo pensadores que criticaron con dureza las extravagancias de los adivinos. Sexto Empírico, un filósofo que vivió entre los siglos II y III de nuestra era, escribió un tratado contra los astrólogos, para ridiculizar los argumentos usados por quienes leían el futuro en las estrellas.


En el mundo moderno, y a pesar de los progresos de la ciencia y de la cultura, la astrología tiene una gran difusión. Encontramos horóscopos en el periódico, en la radio, en internet. Existen adivinos que ofrecen (a un precio más o menos razonable) consejos y pistas a quienes piden ayuda antes de tomar decisiones importantes. El nivel de estudios no aparta a muchos de la costumbre de acudir a los astrólogos.


Al lado de la astrología, quizá en competencia con ella, se ha desarrollado un uso de la genética orientado claramente a las predicciones, al conocimiento del futuro. A través del estudio del ADN, de la información de los genes con los que cada uno empieza a existir, algunos buscan desvelar numerosas características de las personas y de sus acciones presentes y futuras.


El ADN determinaría, principalmente, la estructura física, la altura, el color de la piel, la forma de la nariz, el brillo de los ojos o la calcificación de los huesos. Pero también fijaría el nivel intelectual, la disposición caracteriológica, la propensión a ciertas enfermedades, la tendencia hacia el optimismo o hacia el pesimismo, el sentido del humor, incluso muchas decisiones que la gente considera libres pero que serían resultado del poderoso control ejercido por los genes.


Esta teoría, desde luego, no es compartida por todos, pues muchos biólogos reconocen que, junto a la acción de los genes, la vida de cada individuo depende del ambiente, de la cultura, de las decisiones personales. El desarrollo de una existencia humana no sería resultado del control férreo del ADN sobre la psicología o sobre el funcionamiento del organismo fisiológico, sino que se explicaría desde un conjunto muy completo de factores, entre los que habría que incluir la libertad de cada uno.


Pero la tentación de aceptar el determinismo genético sigue muy presente en nuestras sociedades. Hay quienes buscan conocer su futuro con la ayuda de un test de laboratorio, para descubrir si tendrán cáncer de colon, si sufrirán de diabetes, si morirán de alguna forma de insuficiencia renal, etc. Creen, de esta manera, adquirir una ciencia con la cual podrían orientar sus decisiones futuras y prevenir (incluso evitar) males a los que estarían predispuestos a causa de la constitución de sus cromosomas.


En el ser humano, sin embargo, existen fuerzas interiores y mecanismos profundos que van más allá de los mecanismos genéticos. La inteligencia nos abre a horizontes casi ilimitados. La voluntad puede escoger entre muchos estilos de vida, hasta el punto que muchas decisiones cambian completamente el destino no sólo de uno mismo sino también de muchas otras personas que viven más o menos cerca de nosotros.


Es verdad que los genes fijarán, casi de modo irremediable, ciertos eventos en la vida de cada uno. Pero también es verdad que con una dotación genética “defectuosa” y pobre, habrá quienes sabrán vivir según valores nobles, según principios buenos, según actitudes de solidaridad y de entrega que embellecen el mundo y que hacen posible importantes triunfos de la justicia entre los hombres. Como también, hay que reconocerlo, habrá quienes vivan según criterios egoístas, injustos y violentos.


Frente a quienes, con una actitud de prepotencia, quieren usar la genética para decir quién tiene derecho a vivir y quién será abortado por los “defectos” en sus cromosomas (para evitarle un “futuro negro”), podemos y debemos defender el valor de cualquier existencia humana, precisamente porque vivir como hombres o como mujeres es algo mucho más grande y más profundo que desarrollar una serie de eventos químicos según el ADN que recibimos de nuestros padres.


La genética no debe convertirse en un sucedáneo de los horóscopos (engañosos hasta extremos ridículos) en el mundo de la ciencia. Ni las estrellas ni los genes pueden encadenar la riqueza de la libertad humana. Porque somos libres, cada uno decide, en sus opciones concretas, su futuro temporal y su futuro eterno. Ese es el gran riesgo y, sobre todo, la gran riqueza, de nuestra condición humana.



P. Fernando Pascual




jueves

Contra todo aborto ilegal

Necesitamos recordarlo una y otra vez. No existe ni puede existir ningún aborto inducido que sea legal.

Porque la ley, si es verdadera ley, no puede permitir un crimen. Porque la ley deja de ser ley cuando viola los derechos humanos fundamentales. Porque una injusticia nunca dejará de serlo por más que esté sostenida por normas, decretos, votaciones parlamentarias, plebiscitos populares.


El aborto es siempre un crimen. Contra el más indefenso de los seres humanos, contra el hijo que vive en su primer hogar: el seno materno.

Hace falta tener valor para mirar al aborto de frente y declarar que un estado pisotea la justicia y los derechos humanos fundamentales cuando despenaliza o legaliza cualquier forma de aborto.

Por eso es injusto e incompleto arrestar y condenar sólo a los médicos o pseudomédicos que practican abortos contra los límites establecidos por la ley. Porque también los mal llamados "abortos legales" son siempre un grave delito contra el derecho básico que debe ser protegido en cualquier sociedad civilizada: el derecho a la vida.

En el pasado hubo hombres y mujeres valientes que supieron combatir y extirpar la enorme injusticia de la esclavitud. También hoy existen y trabajan hombres y mujeres dispuestos a que ninguna mujer sea obligada, presionada, engañada o abandonada en su maternidad, empujada a abortar, a terminar con la vida de su hijo.

El aborto existe allí donde las leyes o las costumbres permiten que los fuertes puedan eliminar a los más débiles. En cambio, el aborto desaparece cuando nos comprometemos en la construcción de una sociedad en la que cualquier ser humano, sano o enfermo, microscópico o de más de 2 metros de altura, sea acogido, respetado, tutelado en sus derechos humanos fundamentales. Sobre todo (algo que va mucho más lejos que cualquier ley), cuando sea amado así, sencillamente, en su magnífica y misteriosa riqueza humana, por la que es tan digno y valioso como tú y como yo.

Fernando Pascual

lunes

Políticos y gobernantes: el derecho a la objeción de conciencia

Balduino I, rey de Bélgica, se negó a firmar la ley que permitía el aborto en su país en marzo de 1990 aduciendo razones de conciencia. Su caso ha sido uno de los precedentes más famosos por venir de una personalidad del talante que él poseía. El rey de los belgas no dudó en abdicar a la corona con tal de mantenerse fiel a lo que creía que no estaba bien.

A casi dos décadas de distancia, varios políticos y gobernantes de diversos países están recordando al mundo el valor de la fidelidad a la propia conciencia, aun a costa del estigma de retrógrados y de la persecución mediática de que son presas.

Enrique I es el gran duque de Luxemburgo (jefe de Estado de ese enclave europeo) y sobrino del finado Balduino de Bélgica. El primero de diciembre, Enrique I anunció que no firmaría la ley de autorización de la eutanasia y del suicidio asistido por motivos de conciencia. La iniciativa de ley prosperó el pasado 18 de diciembre de este año 2008 en la cámara de diputados por 31 votos a favor, 26 en contra y 3 abstenciones. La negativa del gran duque ha motivado a los políticos a reducirle sus poderes.

“La vida y la muerte no están en nuestras manos”. La reina de España se ha manifestado contraria al aborto, a la eutanasia y al así llamado “matrimonio” homosexual. Así ha quedado de manifiesto en el libro entrevista que le ha realizado la escritora Pilar Urbano, “La Reina muy de cerca”, un libro que apareció el 29 de octubre de 2008 con ocasión del LXX cumpleaños de doña Sofía y que va totalmente contra corriente de la situación actual que se vive en el reino de la península ibérica.

Uruguay es quizá el país de mayor tradición liberal y laicista en el cono sur de América. Su actual presidente, el médico Tabaré Vázquez, se rehusó a firmar una ley que despenalizaba el aborto. En el texto del veto, Tabaré Vázquez recordó que “La legislación no puede desconocer la realidad de la existencia de vida humana en su etapa de gestación, tal como de manera evidente lo revela la ciencia”.

Y más adelante señaló que “el verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados. Por eso debe proteger más a los más débiles. Porque el criterio no es ya el valor del sujeto en función de los afectos que suscita en los demás, o de la utilidad que presta, sino el valor que resulta de su mera existencia”.

La decisión del presidente uruguayo le valió las críticas de los miembros de su propio partido (el Partido Socialista) y únicamente el apoyo de dos de los ministros de todo su gabinete, los de salud y turismo. A finales del mes de noviembre de 2008, Tabaré Vázquez, hasta entonces miembro de la internacional socialista y de la coalición Frente Amplio que le llevó a la presidencia, pidió la baja del partido en el que militaba desde 1983.

Mercedes Aroz es la ex senadora socialista elegida con el mayor número de votos en la historia de la provincia de Barcelona. En 2007 anunció su conversión al catolicismo y renunció a su escaño en el senado. Todavía como parlamentaria, se abstuvo de votar a favor de la regulación de las uniones homosexuales y de apoyar posturas contra la vida que defendía el Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Recientemente ha unido su voz a la de todos aquellos que piden la abolición del aborto en España para que realmente progresen los derechos humanos en su país.

Fernando Ferrín Calamita fungía como magistrado en materia de familia en Murcia, España, hasta que el lobby gay lo tomó en la mira por dudar de la idoneidad de una pareja de lesbianas para adoptar una niña. A pocos les ha importado las razones aducidas para la negativa (falta de la figura paterna, probabilidad de que la menor imite el patrón del ambiente en que ha vivido, o el derecho de la niña a vivir en una familia compuesta por personas de distinto sexo, entre otras).

El 23 de diciembre de 2008 se ha hecho pública la condena del Tribunal Superior de Justicia de Murcia para Fernando Ferrín Calamita. El ex magistrado deberá cumplir la pena de dos años, tres meses y un día de inhabilitación para empleo o cargo público, por retrasar la adopción solicitada por una pareja de lesbianas. La condena incluye una indemnización de 6.000 euros y centra su atención en la “discriminación sexual” de que fueron objeto las lesbianas. La pareja de mujeres había solicitado una pena de entre 18 y 4 años de inhabilitación. “Una ley no puede ir en perjuicio de los menores”, declaró hace algunos meses.

A veces hay que remar contra corriente con tal de defender la belleza y la primacía de la verdad. Y es que jamás la verdad es fruto del consenso democrático.

Ya lo decía Sócrates: "voy a obedecer a Dios antes que a vosotros". Y Dios habla a través de la conciencia por lo que hay que serle fiel aunque cueste la fama, el trabajo o la corona.


Jorge Enrique Mújica, L.C.

domingo

Totalitarismo democrático

No es raro ver a profesores que tienen delante de sí una masa enardecida de niños inquietos y dispuestos a no obedecer.

Cuando cargado de valor, el educador se atreve a insinuar una indicación, rápidamente se hace sentir el desconcierto general. Las protestas se levantan y el espacio aéreo se llena al instante de misiles de papel. Una salida fácil para estos casos sería una “votación democrática” sobre lo que se ha de hacer.

Uno de los orgullos más grandes del mundo occidental es la conquista de la democracia. ¡Es verdad! Gracias a ella, la convivencia ha sido más pacífica, el diálogo más franco y las soluciones diplomáticas se buscan antes que la guerra. No cabe duda, es un gran avance.

El problema de fondo de la democracia actual es que está patinando sobre una capa de hielo de poco espesor. Tarde o temprano esta capa se estrellará y se romperá. El resultado será la congelación y muerte de las sociedades que sobre ella patinaban tan seguras.

En nuestros días, la democracia ha penetrado esferas insospechadas. Lo que surgió como una forma de gobierno se ha convertido en una forma de vida social.

El problema no es la democracia, sino los valores que la sostienen y sobre los cuales se debe construir la sociedad. Si esa base que la sostiene es débil, se romperá. Si no hay principios morales y antropológicos firmes, la resquebrajadura es sólo cuestión de tiempo.

Hemos llegado a vivir en una especie de totalitarismo democrático donde todo se lleva a votación. Esto no puede ser. Hay cosas que no pueden ser llevadas a referéndum, valores que no pueden ser subyugados por este totalitarismo. Principios cuya vida no puede depender de las mayorías.

¿Es una cuestión de urnas decidir la vida o la muerte de un niño o de un anciano? ¿En qué se basa la democracia? ¿En un puro “tirar para delante” todos juntos, sin importar lo que sea, con tal de estar de acuerdo?

Lo ideal de la democracia sería que el gobierno del pueblo se dirigiera sobre la base de unos principios firmes. No sobre sistemas utilitarios y pragmáticos. En el hombre hay recintos sagrados donde la democracia no puede y no debe tocar la puerta: la vida, la dignidad, la religión…

Muchas veces la democracia se ha convertido en esa salida fácil de emergencia para no afrontar problemas. Si se descuida este punto la sociedad caerá en aguas congeladas.

Si no queremos que se convierta en un totalitarismo subyugante, al centro de la democracia debe estar el hombre y, como fin, su realización integral.

De hecho, si el educador del que hablamos al inicio hubiera dicho: “Bueno, escojan entre irse de fiesta o estudiar…”, no sería digno del título que le hemos dado.

La salida fácil no siempre es la mejor. La democracia no tiene derecho a violar la integridad del hombre. La democracia no debe ser un dictador, sino un educador.




Pablo Y. González Cuéllar

martes

Hombres de principios

Lo trágico en una sociedad no es que falten verdaderos principios sino que no haya quienes estén dispuestos a vivirlos. ¿De qué serviría que existieran, conocer sus conceptos, saber en qué consisten, si no hay en quien cobren vida, si no hay quien los ejemplifique? De hecho, su conocimiento presupone más la práctica que la teoría.


Sin embargo, en un tiempo como el que nos ha tocado vivir, todavía siguen floreciendo rayos de luz que interpelan a los hombres de hoy, que nos espolean a descubrir y querer hacerlos vida. Son seres humanos que han antepuesto la coherencia y unas convicciones nacidas del diálogo armónico entre la fe y la razón a intereses egoístas, al conservar el buen nombre, la reputación e incluso el puesto de trabajo o hasta entradas de dinero.

El trono o el aborto
Uno de los ejemplos más conocidos que mejor denotan la personalidad política y la autenticidad en la vivencia de sólidas convicciones lo tenemos en el rey Balduino.


El rey de los belgas rechazó sancionar el texto legislativo que regulaba la introducción del aborto en su país. Entre el 3 y el 5 de abril de 1990 decidió suspender temporalmente el ejercicio de sus funciones porque estaba decidido a no firmar la ley aunque eso conllevará la renuncia al trono.


La decisión espoleó las conciencias, sí, pero también le ganó muchas críticas por quienes quisieron ver en su proceder un acto de intolerancia y falta de respeto hacia lo que una mayoría constituida legítimamente había decidido aprobar y el debía firmar. Poco le importó al monarca. Balduino hizo lo que todo político, lo que todo hombre de principios debía hacer: si la existencia sólo puede concebirse desde criterios morales conformes a unas convicciones, no pudo menos que asumir la situación con coherencia y negarse a firmar algo objetivamente malo aunque lo hubiese aprobado una mayoría por muy legítima y democráticamente elegida que estuviese.

Hace un par de años el caso de Rocco Butiglione llenó los diarios y programas de tertulias de un buen número de países, sobre todo europeos. Ministro italiano de asuntos europeos, había sido presentado como candidato para asumir la comisaría europea de Justicia y Libertades Públicas pero el Parlamento Europeo rechazo su candidatura a causa de unas declaraciones sobre la homosexualidad:


“Me preguntaron si yo creía que la homosexualidad es pecado y yo intenté no contestar, porque esa es una cuestión que no tiene trascendencia política y no se discute en el Parlamento Europeo, sino en un seminario filosófico o teológico. Y no contesté. Dije que era posible que yo pensara que la homosexualidad es un pecado, pero que eso no tiene ningún efecto político, porque yo estoy a favor de la no discriminación (…) Yo dije lo mínimo de lo mínimo que podía decir sin traicionar mi fe; quizás no soy un católico muy valiente, porque dije lo mínimo, pero no fue suficiente. Ellos querían que dijera que la homosexualidad no tiene ningún efecto moral negativo, y eso es una violación de la conciencia”.


Le costó el rechazo pero asumió las consecuencias de su fidelidad a sus convicciones: “Yo quería ser comisario europeo porque creo que podía hacerlo muy bien y siempre he sido europeísta, pero en la vida hay cosas más importantes que la Unión Europea, y la conciencia es una de esas. Me pusieron en la necesidad de escoger entre mi puesto en la Comisión y mi conciencia, y creo que mi elección ha sido la justa. A Jerzy Popielusco lo mataron por su fe, yo he perdido solo un puesto en la Comisión Europea; no sé si Dios me hubiera dado fuerza suficiente para dar mi cabeza por mi fe, pero sí para dar un puesto en la Comisión Europea”, declaró a Cristina López Schlichting de la cadena COPE.

Un caso más reciente lo tenemos en el presidente de El Salvador, Antonio Elías Saca. Elías Saca ha reiterado su opción por la defensa de la vida además de recomendar a sus colegas latinoamericanos poner atención al magisterio de Benedicto XVI especialmente sobre la defensa de la vida y el papel y vocación del político católico.


Yendo contra corriente, y muy a pesar de las presiones por implementar el aborto, Saca ha declarado que los salvadoreños son un “ejército que defiende la vida” además de reafirmar que se opone al aborto “porque el aborto es un asesinato y no podemos estar de acuerdo con él”.


Sus palabras le han ganado amenazas que van desde sanciones económicas a su país por parte del Banco Mundial hasta retirar programas de ayudas sanitarias y de alimentos por parte de algunos organismos de la Unión Europea.

Palabra dada: la fidelidad al juramento de Hipócrates
Aunque en otro campo, un gran ejemplo lo tenemos en Jerónimo Lejeune. Ferviente católico, padre de cinco hijos, profesor de genética en la Facultad de Medicina de París y descubridor del gen de la trisonimía 21causante del síndrome de Down, el hallazgo le mereció, por un breve momento, ser reconocido como uno de los científicos más prestigiosos del mundo y, de no ser por su postura pro vida, seguro acreedor del Nobel.


Su firme actitud anti aborto, radicada en profundas convicciones científicas y religiosas, le llevó al desprestigio y el ninguneo por parte de lobbys abortistas y buena parte de la comunidad científica mundial que veía en él un opositor a nuevas técnicas de experimentación que tomaban al hombre como conejillo de indias. Pero no medró ni un ápice. Fue propulsor y defensor en Francia de la Humanae Vitae de Pablo VI y de la Instrucción Donum Vitae sobre procreación artificial. En 1994, por sugerencia suya, Juan Pablo II creó la Academia Pontificia para la Vida de la que le nombró su primer presidente.

Más reciente es el caso del médico italiano Stefano Ojetti. En marzo pasado presentó su dimisión como consejero del Colegio de Médicos manifestando así su oposición a la decisión de sus colegas de hacer la vista gorda ante la eutanasia en Italia.


En su carta dimitoria, el doctor Ojetti subrayó la convicción de que todo acto eugenésico está abiertamente en contra del juramento de Hipócrates y contra el código de deontología médica. L´osservatore romano, el rotativo de la Santa Sede, le dedicó un elogio en la edición italiana del 4 de marzo: “El gesto de Ojetti merece la más elevada consideración y tiene un valor ejemplar para quienes ejercen la profesión médica”. Y agregaba: “Al mismo tiempo, es un deber añadir una palabra de aliento para quienes, dentro de los órganos de decisión del Colegio de Médicos, siguen con su batalla en defensa de la vida, valor que hoy es sumamente atacado”.

Grandes responsabilidades
Tener las ideas claras, jerarquizadas y en su lugar, también puede llevara a hacer lo que el arzobispo de St. Louis Missouri. Monseñor Raymond Burke renunció a la presidencia de la Fundación Infantil Cardenal Glennon por incluir en un concierto benéfico a la cantante Sheryl Crow, conocida proselitista a favor del aborto.


“Debo responder a Dios por la responsabilidad que tengo como arzobispo. Una institución católica en la que actúa una artista que promueve el mal moral da la impresión de que la Iglesia es inconsecuente con sus enseñanzas”. Y es que aunque alguno arguyó que no se trataba de ideologías sino de los niños, la presencia de una cantante como Crow era una afrenta a la identidad y misión de la fundación dedicada al servicio a la vida.

El arzobispo genovés y presidente de la conferencia episcopal italiana, Angelo Bagnasco, tampoco se ha dejado intimidar por las múltiples amenazas, incluso de muerte, por su postura de defensa a la familia y a la vida. Tras unas declaraciones en las que recordaba que no todo podía ser lícito so riesgo de caer en el relativismo, algunos grupos anónimos se han dedicado a pintar con amenazas e insultos la catedral genovesa y algunas calles de la ciudad. Pero Monseñor Bagnasco sigue firme en la defensa de la verdad, de la ley natural, aun a costa de la propia vida.

“A mis hijos los educo yo”
En febrero pasado tuvo resonancia internacional el caso del líder pro-vida mexicano Jorge Serrano Limón a quien se llegó a acusar de malversación de fondos. A pesar de que las difamaciones le llevaron a los juzgados, a pesar de que le hicieron pagar una multa de poco más de 120 mil dólares, de que le retiraron las subvenciones y le inhabilitaron para ejercer cualquier cargo público, no ha cedido: continúa en la denuncia de quienes promueven el aborto.

Pero lo de la defensa de los verdaderos principios no está reservado sólo a figuras públicas. Blanca María Ponce tiene 16 años y es la primera estudiante española que presenta una objeción de conciencia contra la asignatura “educación para la ciudadanía” impuesta por el gobierno socialista en España y ampliamente calificada como ideologizada.


Como ella misma lo expresó: “Objeto porque quiero y porque puedo. Considero que a mí no me come el coco nadie, ni mucho menos el Estado. Creo que hay cosas que uno debe aprender en casa y no el en colegio…”.


Ha contado con el apoyo de su madre, doña Margarita, quien en entrevista al semanario Alfa y Omega ha dicho claramente “A mis hijos los educo yo”. “El Estado pretende que los niños tengan una sola idea, una sola forma de pensar, cuadricularles la mente y quitarles la libertad. Quiere crear un patrón único por el que todos los niños piensen igual y crean lo mismo, para mal. Esta es una intromisión en toda regla, y además un abuso de poder. Esto es un abuso, un atropello”, ha enfatizado.

Ciertamente todos estos casos, y algunos otros que podríamos haber tocado, deben animarnos a defender nuestros valores, los verdaderos.


Es agradable recibir noticias de testimonios como estos que dan un respiro de aire fresco, abren los horizontes, nos dicen que no estamos solos y que todavía hay esperanzas. Pero lo mejor de todo no es la consideración banal de que sabemos que hay quienes viven así sino el llamado y la vivencia a la que nosotros también debemos comprometernos. Es bueno que hayan individuos de principios pero lo mejor sería una sociedad entera viviéndolos.



Jorge Enrique Mújica - Gama
Colaborador de Pensamiento Católico

Legalización del aborto: la ley al servicio del más fuerte

Cuando la evidencia científica confirmó lo que el sentido común ya conocía, a saber, que desde el momento de la fecundación, de dos seres humanos sólo puede provenir otro ser humano, los sectores abortistas, que hasta ese momento sostenían in genere que el embrión y/o feto no era más que materia organizada, un vegetal o en el mejor de los casos una “especie de animalito”, comenzaron a buscar nuevos argumentos para justificar la eliminación deliberada y directa (independiente de la forma en que se lleva a cabo) de una persona humana en la fase inicial de su existencia.

El mismísimo Peter Singer, icono y gurú de muchos abortistas, admite que “no existe duda de que desde los primeros momentos de su existencia, un embrión concebido de un óvulo y un espermatozoide humano es un ser humano” (Ética Práctica).

De este modo, el eje de la discusión sufrió un giro radical, desplazando el tema acerca del estatuto ontológico del nasciturus y concentrándose en el derecho de la mujer gestante de eliminar a su hijo.

Desde la perspectiva abortista toda mujer tiene derecho a decidir sobre la vida o muerte del hijo que lleva en sus entrañas, pues la ponderación de sus intereses tiene “más peso que los intereses rudimentarios de un feto incluso consciente” (Singer).

Este cambio ha sido promovido prácticamente desde Beijing en adelante por la ONU, con el apoyo de otros organismos internacionales, entre los que se cuentan: la Organización Mundial de la Salud, la International Planned Parenthood Federation (IPPF); National Association for the Repeal of Abortion Law (NARAL); National Abortion Federation (NAR); Family Care; American Civil Liberties Union (ACLU); National Organization for Women (N.O.W.); Religious Coalition for Abortion Rights; Catholics for a free Choice; Young Women’s Christian Association (YWCA); American Association of University Women; National Abortion Federation; United Nations Fund Population Activity, la Fundación Ford y Rockefeller.

Esta nueva manera de defender el aborto invierte el orden víctima/victimario. La madre de victimaria pasa a ser víctima de un injusto agresor: el niño por nacer, quien se convierte a su vez en victimario y deja, por ende, de tener derecho a la vida desde el momento en que su madre, por múltiples razones o sin tener ninguna razón (depende de las legislaciones) no lo desea.

Los esfuerzos se concentran, entonces, en defender el “derecho” de la madre a eliminar a su hijo. Así cobran importancia argumentos como derechos reproductivos, autonomía y empoderamiento de la mujer, liberación de las cadenas de la maternidad, etc. Por ello, no es de extrañar que para los abortistas y sus epígonos, defender la vida del niño por nacer constituya un atentado contra la libertad, el progreso, los derechos humanos, y el bien común y en consecuencia sean tildados, por ejemplo, de retrógrados, conservadores, intolerantes y dogmáticos.

Pero hay otro argumento en esta “nueva” defensa del aborto. Es la afirmación de que no basta ser considerado “ser humano” para tener derecho a la vida. Se requiere ser persona, es decir, un “ser racional y consciente de si mismo”, “con conciencia de su propia existencia en el tiempo y con capacidad para tener necesidades y planes para el futuro” (Singer).

Como el nasciturus no poseería estas cualidades no tiene derecho a la vida: “Ya que ningún feto es persona, ningún feto tiene el mismo derecho a la vida que una persona” (Singer). Cabe precisar que esta concepción de persona, a nuestro juicio arbitraria, admite también el infanticidio. Singer sugiere “un período de veintiocho días después del nacimiento antes de que se aceptara que el recién nacido tiene el mismo derecho a la vida que los demás” (Repensar la vida y la muerte).

Tras el aborto se esconde una mentalidad utilitaria y un menosprecio por la vida del más débil, pues su existencia queda supeditada al bienestar (psicológico, económico, sanitario, etc.) de la madre. Pero no sólo hay un claro menosprecio por la vida del niño por nacer, sino además, un rebajamiento antropológico, dado que una “ternera, el cerdo y la tan ridiculizada gallina se encuentran muy por delante del feto en cualquier etapa del embarazo, mientras que si hacemos la comparación con un feto de menos de tres meses, un pez mostraría más señales de conciencia” (Singer).

En consecuencia la legalización del aborto es el poner la fuerza de la ley al servicio del más fuerte, pues, más allá de la retórica jurídica o los malabarismos intelectuales, es innegable que el niño por nacer es el más débil, el más inocente y el más indefenso de todos los seres humanos.



Eugenio Yáñez Rojas
Extraído de: Universidad Alfoso Ibáñez (Chile)-Investigación y Publicaciones-
Reproducido con permiso del Autor
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