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La muerte de San Pedro en Roma

San Pedro fue a Roma por primera vez en el principio del reinado del emperador Claudio (42) y allí murió mártir después de 25 años, un mes y nueve días de haber gobernado la Iglesia de Roma, el día 29 de junio del año 67, simultá­neamente con el Apóstol Pablo. Pedro tendría entonces unos 75 años.


El emperador Nerón perseguía cruelmente a los cristianos desde el año 64, y como se procuraba capturar a Pedro, los fieles rogaban insistentemente a su Pastor que se salvase escapándose de la ciudad.


Acordándose de aquellas palabras del Salvador: «Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra», salió Pedro de Roma durante la noche, pero he aquí que mientras caminaba por la Vía Apia, apareciósele, según refiere San Ambrosio, el mismo Cristo en las puertas de la ciudad, con una pesada cruz cargada en sus espaldas. Lleno de asombro, preguntó Pedro al Salvador: Señor , ¿ a dónde vas? (En el lugar donde se verificó esta aparición, existe todavía una antiquísima capilla, llamada Domine, ¿quo vadis?) Y el Salvador contestó: «A Roma, para ser nuevamente crucificado.» Y desapareció al punto. Pedro comprendió en seguida que el Señor le mandaba que regresara a Roma para sufrir muerte de cruz y volvió atrás sus pasos.


Capturado y cargado de cadenas, fue arrojado a la cárcel Mamertina. Esta cárcel puede verse todavía en el pie del Capitolio; es subterránea y cons­truida con enormes bloques cuadrados dé piedra, completa­mente obscura y húmeda. Encima de ella se levanta la Iglesia llamada de San Pedro In carcere, muy visitada por los fieles. Después de ocho meses de estar allí encerrado, fue conde­nado a muerte.


Sufrió primeramente el tormento de los azotes, siendo luego conducido junto con San Pablo, por la Vía Ostiense. A eso de una milla de camino fue separado de Pablo (todavía el lugar está indicado por la capilla lla­mada de la Separación), el cual fue decapitado en un lugar llamado ad aguas salvias situado una legua más lejos, donde se ve todavía la columna a que fue atado. Las últimas pala­bras de San Pablo fueron: « Jesús, en tus manos encomiendo mi espíritu.» En aquel punto fue edificada una Iglesia, llamada de San Pablo en las tres fuentes, por hallarse tres fuentes en la iglesia.


Entretanto, Pedro fue conducido al Monte Janículo, desde el cual se puede contemplar toda la ciudad de Roma, y llegado allí, le crucificaron. El Apóstol pidió que invirtiesen la cruz, por no ser él digno de morir como el Sal­vador. Murió, pues, con la cabeza hacia abajo.


Encuéntrase actualmente en aquel punto la iglesia de San Pedro In Montorio, mandada construir por Constantino el Grande. El cuerpo de San Pedro fue enterrado por los cristianos en el vecino monte Vaticano. Sobre su sepultura edificó una capilla el tercer sucesor de San Pedro, y Constantino el Grande una magnífica Basílica, que se derrumbó en la Edad Media.


El año 1626 fue terminada la grandiosa Basílica actual des­pués de más de 100 años de trabajo. En una cripta que se halla en el centro de la Basílica descansan los huesos de San Pedro y en su altar arden, día y noche, más de 100 lámparas.

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