sábado

Marianos. Por tanto, ¿paganos?

[En la época del racionalismo y del positivismo] nació la escuela «comparatista». Es decir la que «comparaba» el cristianismo con las religiones asiáticas y con el «humus» heleno y medio oriental.

[…] Naturalmente, uno de los objetos de investigación preferidos de aquellos hombres doctos fue el culto mariano, sobre todo el de los católicos y ortodoxos, aunque también examinaron el de los protestantes: la Reforma, como es sabido, aceptó los primeros concilios ecuménicos y, por tanto, reconoció con estos las decisiones dogmaticas que los padres conciliares habían dado a propósito de la maternidad divina y de la virginidad de María.

En la figura de aquella mujer, según los «comparatistas», todo era una mistificación extraña y oscura: no era más que un eco del mito de la Virgen y de la Madre eternas que se encuentra en muchas religiones antiguas y que aparece como una constante del simbolismo y de la mitología.

[…] El problema lo ha estudiado a fondo, entre otros, Jean Daniélou, el gran teólogo que luego se convirtió en cardenal. En opinión de expertos imparciales de cualquier tendencia, el trabajo de Daniélou sigue siendo fundamental.

[…]Dice Daniélou: « ¿Existe entonces una relación entre la estructura del dogma mariano en la revelación cristiana y la estructura de los cultos femeninos en la mitología y en los misterios paganos? Si se examinan realmente las cosas, se constata que las analogías (que llamaron, y todavía llaman la atención de algunos) se refieren a circunstancias exteriores: en efecto, en los dos casos se trata de una cuestión de nacimiento extraordinario y de culto que tiene por objeto a una mujer. Sin embargo, la honestidad y la objetividad obligan a reconocer que hay una oposición total entre las estructuras cristiana y pagana en su fundamento y su naturaleza».

[…]«los cultos paganos son todos, sin excepción, la expresión de una religión de la vida biológica, de la fecundidad, donde la mujer es el símbolo» Sin embargo, si se mira el papel de María «nos encontramos ante la referencia histórica a un acontecimiento que, entre otras cosas—muy lejos de exaltar la fecundidad—, saca este suceso fuera de las leyes ordinarias de la vida: y esto para destacar su significado espiritual».

Lo que hay que tener inmediatamente claro es la estructura del cristianismo y, por tanto, de la figura de la madre de Jesús: se muestra como un hecho, no como una filosofía; como un acontecimiento histórico, no como un mito o una leyenda.

Para entendernos mejor, veamos la tesis de Daniélou: «La revelación es la acción historia de Dios, que realiza en el tiempo un plan de salvación en el que cada acontecimiento tiene un valor único y tiene por instrumento al Espíritu Santo, El culto Mariano se sitúa en esta perspectiva bíblica. Se funda, únicamente, en el papel que se le atribuye a una mujer concreta, María de Nazaret, en el plan divino de salvación»

[...] «Para quien conozca la época y el clima en que nació la fe en el evangelio, le parece contraria a cualquier verosimilitud incluso la sencilla hipótesis de una influencia de los mitos paganos en el cristianismo primitivo. El conflicto entre el politeísmo pagano y el cristianismo es demasiado violento para que se puedan dar influencias recíprocas con facilidad. Semejante cuestión puede plantearse en el siglo IV (cuando hubo una afluencia masiva de paganos a la iglesia), pero desde luego no en el siglo I, cuando los evangelios adquirieron su forma definitiva».

En efecto, los especialistas de la historia comparada de las religiones han terminado dándose cuenta de que hay una dificultad insuperable, puesto que topamos con un núcleo cristiano primitivo prácticamente impermeable a influencias no judaicas.

[...] «Si el culto a María tuviera orígenes paganos, habría experimentado una inevitable evolución hacia las practicas mistéricas, esotéricas y, finalmente, eroticas, sino obscenas, que caracterizaron todos los cultos a la feminidad. Y esto, no debido a las tendencias morbosas de algún devoto perverso, sino por la naturaleza misma de esos cultos: en efecto, siempre ha ocurrido asi en casos semejantes.

Recordemos a que excesos de inmoralidad llevó el culto a Astasté, diosa de la fecundidad, tomada con mucha frecuencia como inspiradora del culto a María. Sin embargo, el culto a esta última no ha cesado de seguir una trayectoria que ha separado a la Virgen de Nazaret de todo aspecto “carnal”. En efecto, la devoción a ella se ha convertido en sinónimo de castidad preservada o recuperada.

El devoto de María es aquel que se esfuerza por ser “puro” de cuerpo, de palabras y pensamientos. Exactamente lo contrario del devoto a los cultos femeninos del Helenismo».



Vittorio Messori 
(Puede profundizar entorno a este y otros temas en “Hipótesis sobre María. Hechos, indicios, enigmas”)
extracto, tomado de: Vittorio Messori. Hipótesis sobre María. Hechos, indicios, enigmas. Madrid: Libros Libres, 2007, Pp. 187-194.

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