Muchos creyentes conocen bien esa sensación incómoda: esforzarse por hacer lo correcto, cumplir con sus responsabilidades, mantenerse fieles a Dios y, aun así, ver cómo otros que han tomado malas decisiones parecen recibir más alegrías, más oportunidades o incluso más reconocimiento.
La parábola del hijo pródigo suele centrarse en el hijo que se marchó y regresó arrepentido. Sin embargo, existe otro personaje cuya historia toca una herida muy humana: el hermano mayor. Él representa a quienes han permanecido fieles, pero poco a poco han comenzado a medir el amor de Dios en términos de recompensa.
En este video reflexionamos sobre una pregunta que ha acompañado a creyentes de todas las épocas: ¿por qué a veces parece que el malo gana y el justo pierde? La respuesta de Jesús no elimina el sufrimiento, pero revela una verdad capaz de transformar nuestra relación con Dios: el problema no siempre es la falta de bendiciones, sino olvidar que antes que servidores somos hijos.
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