lunes

A los que no van a nacer

El título de mi artículo es un eco, necesariamente negativo, dadas las futuras leyes que se preparan para el aborto, de la poesía que Dámaso Alonso escribió, hace muchos lustros y tituló "A los que van a nacer".

A los que estáis, dice:

"¡Cuán cerca todavía de las manos de Dios! ¿Sentís su aliento rugir entre los cedros del Levante? ¿O fraguasteis, tal vez, en su sonrisa -sonrisillas de Dios, niños dormidos- y juega en vuestras salas?". 

Más aún, afirma que ven a Dios.

«¡Oh!, vosotros le veis, seres profundos, y saltáis en el vientre de la madre».

No. Ahora son muchos miles los que cada año no saltan de gozo en el seno de la madre. Se les hace saltar, destrozados desde el vientre de la madre. 

Quienes los matan no los ven, como Dámaso, "modelados por Dios, entre las verdes hojas de los úteros". Para verlos así, haría falta un mínimo de "sentido" -del que carecen- del ser que tienen ante sus manos, amado de Dios antes de ser concebido.

Hasta de un brote verde de avellano, en otra poesía, tiene piedad Dámaso Alonso.

"¿Te quebraré, varita de avellano, te quebraré quizás? ¡Oh tierna vida!,
ciega pasión en verde hervor nacida
tú, frágil ser que oprimo con mi mano.
Un chispazo fugaz, sólo un liviano
crujir en dulce pulpa estremecida,
y aprenderás, ¡oh rama desvalida!, 
cuánto pudo la muerte en un verano".

Estremece pensar a cuántos seres humanos se les arranca la vida, cuando aún no han nacido. Cuánto puede la muerte ante los más indefensos de nuestra especie, con "un liviano crujir en dulce pulpa estremecida".

Cardenal Ricardo María Carles

jueves

Encontrar a Dios

André Frosard escribió un libro titulado Dios existe, yo me lo encontré, donde narra su experiencia de Dios, que le llevó a la fe.

Pero nadie ha escrito un libro titulado Dios no existe porque yo no me lo he encontrado. Esto sería ridículo.

El que no ha encontrado a Dios es porque lo ha buscado donde no está, o lo ha buscado de un modo inadecuado. Algunos lo buscan donde no está.

 

Me acuerdo de un antiguo chiste de Otto y Fritz.:

una noche está Otto dando vueltas a una farola. Viene Fritz y le dice:
- ¿qué haces Otto?
-estoy buscando mi pluma que la he perdido.

Y Fritz se pone también a buscarla. Al cabo de un rato dice Fritz:
-Otto, ¿estás seguro de haber perdido aquí tu pluma?
-no Fritz, la perdí en el cine, pero como allí no había luz he venido a buscarla aquí.

 

Eso le pasa a muchos: buscan a Dios donde no está. Quieren un Dios a su medida. Un Dios que les permita hacer lo que a ellos les gusta. Y Dios no es así. Dios manda lo que es bueno, aunque no guste.


Las medicinas no siempre son agradables. Dios señala el camino que lleva a la gloria. Y este camino a veces es cuesta arriba. Pero se puede subir con gozo y alegría.

Dijo Cristo: Mi yugo es llevadero y mi carga ligera. Y San Pablo: Todo lo puedo en aquél que me conforta.

Dios siempre ayuda para que cumplamos con nuestras obligaciones. Pero hay que acudir a Dios de modo adecuado.

 

Otros buscan a Dios de modo equivocado.


El cosmonauta soviético Leonov fue el primer hombre que se salió de la cápsula en el espacio exterior. Y en unas declaraciones dijo: "me he paseado entre las estrellas y allí no estaba Dios".

Dios estaba allí, pero él no se enteró.

Como un sordo en un concierto. Se levanta la gente entusiasmada, aplaudiendo la magnífica interpretación de la quinta sinfonía de Bethoven, y un sordo se queda sentado, porque no se ha enterado de nada.


Dios está entre las estrellas, pero no se le ve con los ojos de la cara sino con los del entendimiento, porque él es el que ha hecho las leyes que rigen el movimiento de las estrellas.


Dijo Borman desde la luna: “nosotros hemos llegado a la luna gracias a unas leyes matemáticas que no han sido hechas por el hombre”.


Ese gran matemático que ha hecho las leyes que rigen el movimiento de las estrellas es Dios. Esas leyes fueron formuladas por Newton y Kepler, pero ellos no hicieron esas leyes. Las estrellas se movían según esas leyes antes que ellos nacieran.


Esas leyes son la obra de Dios. Por eso conocemos a Dios sin verlo. 



Lo mismo que conocemos lo artista que fue Miguel Ángel sin verlo. Nos basta ver su obra: la belleza de la cara de la virgen de la piedad, sacada de un bloque de piedra.


El cosmos es obra de Dios.

 

Jorge Loring S.I.

martes

Testimonios de científicos sobre ciencia y fe

Dios está en el principio de la reflexión de un creyente y al final de las investigaciones de un científico


EINSTEIN: «A todo investigador profundo de la naturaleza no puede menos de sobrecogerle una especie de sentimiento religioso, porque le es imposible concebir que haya sido él el primero en haber visto las relaciones delicadísimas que contempla. A través del universo incomprensible se manifiesta una Inteligencia superior infinita».


Ch. DARWIN: «Jamás he negado la existencia de Dios. Pienso que la teoría de la evolución es totalmente compatible con la fe en Dios. El argumento máximo de la existencia de Dios, me parece, la imposibilidad de demostrar y comprender que el universo inmenso, sublime sobre toda medida, y el hombre, hayan sido frutos del azar».


N. COPÉRNICO: «¿Quién, que vive en íntimo contacto con el orden más consumado y la sabiduría divina, no se sentirá estimulado a las aspiraciones más sublimes? ¿Quién no adorará al Arquitecto de todas estas cosas?».


T. A. EDISON: «Mi máximo respeto y mi máxima admiración a todos los ingenieros, especialmente al mayor de todos ellos, que es Dios».


HATHAWAY (padre del cerebro electrónico): «La moderna física me enseña que la naturaleza no es capaz de ordenarse a sí misma. El universo supone una enorme masa de orden. Por eso requiere una Causa Primera, grande, que no está sometida a la segunda ley de la transformación de la energía y que, por lo mismo, es sobrenatural».


I. NEWTON: «Lo que sabemos es una gota, lo que ignoramos, un inmenso océano. La admirable disposición y armonía del universo no ha podido salir sino del plan de un Ser omnisciente y omnipotente».


E. SCHRÖDINGER (premio Nobel de Física, creador de la Mecánica Ondulatoria): «La obra maestra más fina es la hecha por Dios según los principios de la mecánica cuántica».


K. L. SCHLEICH (célebre cirujano, descubridor de la anestesia local): «Me hice creyente por el microscopio y la observación de la naturaleza, y quiero, en cuanto esté a mi alcance, contribuir a la plena concordia entre la ciencia y la religión».


A. S. EDDINGTON (astrónomo y matemático inglés): «Ninguno de los inventores del ateísmo fue naturalista, sino filósofos mediocres. El origen del universo presenta dificultades insuperables, a no ser que lo consideremos sobrenatural».


J. barón VON LIEBIG (químico y fisiólogo alemán): «La grandeza e infinita sabiduría del Creador la reconocerá realmente sólo el que se esfuerce por extraer sus ideas del gran libro que llamamos naturaleza».


E. WHITTAKER (investigador y catedrático de la Universidad de Edimburgo): «Cuando se investiga profundamente sobre el origen del universo, no hay más opción que convertirse al catolicismo».



Tomado de http://www.unav.es/capellaniauniversitaria/testimonios

sábado

Marianos. Por tanto, ¿paganos?

[En la época del racionalismo y del positivismo] nació la escuela «comparatista». Es decir la que «comparaba» el cristianismo con las religiones asiáticas y con el «humus» heleno y medio oriental.

[…] Naturalmente, uno de los objetos de investigación preferidos de aquellos hombres doctos fue el culto mariano, sobre todo el de los católicos y ortodoxos, aunque también examinaron el de los protestantes: la Reforma, como es sabido, aceptó los primeros concilios ecuménicos y, por tanto, reconoció con estos las decisiones dogmaticas que los padres conciliares habían dado a propósito de la maternidad divina y de la virginidad de María.

En la figura de aquella mujer, según los «comparatistas», todo era una mistificación extraña y oscura: no era más que un eco del mito de la Virgen y de la Madre eternas que se encuentra en muchas religiones antiguas y que aparece como una constante del simbolismo y de la mitología.

[…] El problema lo ha estudiado a fondo, entre otros, Jean Daniélou, el gran teólogo que luego se convirtió en cardenal. En opinión de expertos imparciales de cualquier tendencia, el trabajo de Daniélou sigue siendo fundamental.

[…]Dice Daniélou: « ¿Existe entonces una relación entre la estructura del dogma mariano en la revelación cristiana y la estructura de los cultos femeninos en la mitología y en los misterios paganos? Si se examinan realmente las cosas, se constata que las analogías (que llamaron, y todavía llaman la atención de algunos) se refieren a circunstancias exteriores: en efecto, en los dos casos se trata de una cuestión de nacimiento extraordinario y de culto que tiene por objeto a una mujer. Sin embargo, la honestidad y la objetividad obligan a reconocer que hay una oposición total entre las estructuras cristiana y pagana en su fundamento y su naturaleza».

[…]«los cultos paganos son todos, sin excepción, la expresión de una religión de la vida biológica, de la fecundidad, donde la mujer es el símbolo» Sin embargo, si se mira el papel de María «nos encontramos ante la referencia histórica a un acontecimiento que, entre otras cosas—muy lejos de exaltar la fecundidad—, saca este suceso fuera de las leyes ordinarias de la vida: y esto para destacar su significado espiritual».

Lo que hay que tener inmediatamente claro es la estructura del cristianismo y, por tanto, de la figura de la madre de Jesús: se muestra como un hecho, no como una filosofía; como un acontecimiento histórico, no como un mito o una leyenda.

Para entendernos mejor, veamos la tesis de Daniélou: «La revelación es la acción historia de Dios, que realiza en el tiempo un plan de salvación en el que cada acontecimiento tiene un valor único y tiene por instrumento al Espíritu Santo, El culto Mariano se sitúa en esta perspectiva bíblica. Se funda, únicamente, en el papel que se le atribuye a una mujer concreta, María de Nazaret, en el plan divino de salvación»

[...] «Para quien conozca la época y el clima en que nació la fe en el evangelio, le parece contraria a cualquier verosimilitud incluso la sencilla hipótesis de una influencia de los mitos paganos en el cristianismo primitivo. El conflicto entre el politeísmo pagano y el cristianismo es demasiado violento para que se puedan dar influencias recíprocas con facilidad. Semejante cuestión puede plantearse en el siglo IV (cuando hubo una afluencia masiva de paganos a la iglesia), pero desde luego no en el siglo I, cuando los evangelios adquirieron su forma definitiva».

En efecto, los especialistas de la historia comparada de las religiones han terminado dándose cuenta de que hay una dificultad insuperable, puesto que topamos con un núcleo cristiano primitivo prácticamente impermeable a influencias no judaicas.

[...] «Si el culto a María tuviera orígenes paganos, habría experimentado una inevitable evolución hacia las practicas mistéricas, esotéricas y, finalmente, eroticas, sino obscenas, que caracterizaron todos los cultos a la feminidad. Y esto, no debido a las tendencias morbosas de algún devoto perverso, sino por la naturaleza misma de esos cultos: en efecto, siempre ha ocurrido asi en casos semejantes.

Recordemos a que excesos de inmoralidad llevó el culto a Astasté, diosa de la fecundidad, tomada con mucha frecuencia como inspiradora del culto a María. Sin embargo, el culto a esta última no ha cesado de seguir una trayectoria que ha separado a la Virgen de Nazaret de todo aspecto “carnal”. En efecto, la devoción a ella se ha convertido en sinónimo de castidad preservada o recuperada.

El devoto de María es aquel que se esfuerza por ser “puro” de cuerpo, de palabras y pensamientos. Exactamente lo contrario del devoto a los cultos femeninos del Helenismo».



Vittorio Messori 
(Puede profundizar entorno a este y otros temas en “Hipótesis sobre María. Hechos, indicios, enigmas”)
extracto, tomado de: Vittorio Messori. Hipótesis sobre María. Hechos, indicios, enigmas. Madrid: Libros Libres, 2007, Pp. 187-194.

miércoles

Un pequeño "dribling" dialéctico


[...] algunos filósofos han asegurado que la relación causa-efecto no es más que una dialéctica ajena a la naturaleza, donde los fenómenos se repiten de manera incesante sin que esa relación de causa a efecto exista más que en nuestro entendimiento...

No parece que la noción de causa sea una simple elucubración humana. Es algo que comprobamos cada día, y que la ciencia no cesa de invocar. "Si veo unos niños –apunta André Frossard–, la experiencia me dice que no se han hecho solos. Podrá surgir quizá un filósofo afirmando que no puedo demostrarlo, pero también él se vería en apuros para demostrar que yo estoy equivocado si aseguro que han surgido de unas coles."

Rechazar de esa manera la relación causa-efecto parece un atentado contra la sensatez.

De hecho, los que así piensan, luego, en la vida normal, no son consecuentes con esa teoría. Saben, por ejemplo, que si meten los dedos en un enchufe, recibirán la correspondiente descarga, y por eso procuran no hacerlo. Saben que la relación enchufe-calambrazo no es una dialéctica ajena a la naturaleza que exista solo en su entendimiento..., aunque solo sea porque en los dedos no está el entendimiento.

Cuando –negando la evidencia de las causas– dicen que todo lo que existe es fruto del azar, hacen una renuncia puntual al uso de la razón.


La fe cristiana confía totalmente en la recta razón, mediante la cual se puede llegar al conocimiento de Dios. Para el creyente, la razón es inseparable de la fe y ha de ser respetada como un don divino que es.



Alfonso Aguiló

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