jueves

¿Todas las religiones son iguales?

El tema de la libertad religiosa lleva a muchos católicos a confusión. Muchos creen que libertad religiosa viene a significar que da lo mismo ser de una religión o de otra, de una iglesia o de otra.

[...] Libertad religiosa no significa que todas las religiones sean igualmente buenas. Libertad religiosa no significa que uno pueda escoger la religión que quiera con la misma indiferencia con que se puede apuntar a un club de fútbol o a otro, puesto que los equipos de fútbol son todos moralmente indiferentes. No hay ninguna razón moral para elegir un equipo de fútbol u otro. Moralmente hablando, todos son iguales. No ocurre lo mismo cuando se trata de la religión.

Las religiones no pueden ser todas igualmente buenas porque son contradictorias entre sí, y dos afirmaciones contradictorias no pueden tener las dos razón al mismo tiempo.

Si yo digo que Cervantes nació en España y otro dice que nació en inglaterra, no podemos los dos tener razón al mismo tiempo. Si nosotros creemos en el misterio de la Santísima Trinidad, es decir, que en Dios hay tres Personas distintas, y los testigos de Jehová lo niegan, no podemos tener razón los dos al mismo tiempo. si nosotros creemos en la Eucaristía y los luteranos no, no podemos tener razón ambos.

[...] El Concilio Vaticano II, en su documento sobre la libertad religiosa, dice: «El hombre tiene obligación de buscar la verdad, y la verdad total se encuentra en la Iglesia católica.»


[...] No podemos contentarnos con una verdad fragmentada. Las medias verdades son las peores mentiras, porque tienen la apariencia de verdad. Para que una cosa sea buena debe serlo totalmente, no basta que sea parcialmente buena. [Por ejemplo] Si me voy a comparar una chaqueta y tiene un agujero en el codo, no la quiero aunque las solapas estén bien.


P. Jorge Loring

Algunas preguntas sobre Santa María

1. ¿Quién es la Virgen María?


María, es la Mujer con la cual se abre la promesa en la antigua alianza (Gn 3, 15) y con la cual cierra Simeón la antigua profecía (Lc 2,25-35). Es la Mujer que mayor contacto ha tenido en la historia con la Santísima Trinidad. El Padre la eligió entre todas las mujeres, El Espíritu Santo engendró al Hijo de Dios en sus entrañas y la Segunda Persona tomó carne y sangre en su vientre.

Si por Eva entró el pecado en el mundo, por la Virgen María entró la salvación.



2. ¿Por qué María es centro de ataques hoy en día?


Desde el Génesis fue profetizada la "enemistad entre la Mujer y el demonio" (Gn 12, 13-18). También esta escrito que éste le hará la guerra a la descendencia de la Mujer. esta es la razón por la cual María es centro de controversia.


3. ¿Por qué la iglesia llama a María Madre de Dios?


En el evangelio de Lucas 1, 39-45, Isabel, sintiendose llena del Espíritu Santo, dijo:"¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?"

La palabra griega para "Señor" que utiliza Isabel es Kyrios que es la misma que se utiliza en la versión griega del Antiguo Testamento para traducir "Adonai". Cuando una persona habla bajo la unción del Espíritu Santo es El quien habla, luego fue el mismo Espíritu Santo quien llamó a María, Madre de Dios.


Frank Morera

domingo

Cristo Rey

[...] Ha sido costumbre muy general y antigua llamar Rey a Jesucristo, en sentido metafórico, a causa del supremo grado de excelencia que posee y que le encumbra entre todas las cosas creadas.

Así, se dice que reina en las inteligencias de los hombres, no tanto por el sublime y altísimo grado de su ciencia cuanto porque El es la Verdad y porque los hombres necesitan beber de El y recibir obedientemente la verdad.

Se dice también que reina en las voluntades de los hombres, no sólo porque en El la voluntad humana está entera y perfectamente sometida a la santa voluntad divina, sino también porque con sus mociones e inspiraciones influye en nuestra libre voluntad y la enciende en nobilísimos propósitos.

Finalmente, se dice con verdad que Cristo reina en los corazones de los hombres porque, con su supereminente caridad(Ef 3,19) y con su mansedumbre y benignidad, se hace amar por las almas de manera que jamás nadie —entre todos los nacidos— ha sido ni será nunca tan amado como Cristo Jesús.

Mas, entrando ahora de lleno en el asunto, es evidente que también en sentido propio y estricto le pertenece a Jesucristo como hombre el título y la potestad de Rey; pues sólo en cuanto hombre se dice de El que recibió del Padre la potestad, el honor y el reino (Dan 7,13-14); porque como Verbo de Dios, cuya sustancia es idéntica a la del Padre, no puede menos de tener común con él lo que es propio de la divinidad y, por tanto, poseer también como el Padre el mismo imperio supremo y absolutísimo sobre todas las criaturas.

[...]

23. Y si ahora mandamos que Cristo Rey sea honrado por todos los católicos del mundo, con ello proveeremos también a las necesidades de los tiempos presentes, y pondremos un remedio eficacísimo a la peste que hoy inficiona a la humana sociedad.

Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos; y vosotros sabéis, venerables hermanos, que tal impiedad no maduró en un solo día, sino que se incubaba desde mucho antes en las entrañas de la sociedad.

Se comenzó por negar el imperío de Cristo sobre todas las gentes; se negó a la Iglesia el derecho, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, esto es, de dar leyes y de dirigir los pueblos para conducirlos a la eterna felicidad.

Después, poco a poco, la religión cristiana fue igualada con las demás religiones falsas y rebajada indecorosamente al nivel de éstas. Se la sometió luego al poder civil y a la arbitraria permisión de los gobernantes y magistrados. Y se avanzó más: hubo algunos de éstos que imaginaron sustituir la religión de Cristo con cierta religión natural, con ciertos sentimientos puramente humanos. No faltaron Estados que creyeron poder pasarse sin Dios, y pusieron su religión en la impiedad y en el desprecio de Dios.

24. Los amarguísimos frutos que este alejarse de Cristo por parte de los individuos y de las naciones ha producido con tanta frecuencia y durante tanto tiempo, los hemos lamentado ya en nuestra encíclica Ubi arcano, y los volvemos hoy a lamentar, al ver el germen de la discordia sembrado por todas partes; encendidos entre los pueblos los odios y rivalidades que tanto retardan, todavía, el restablecimiento de la paz; las codicias desenfrenadas, que con frecuencia se esconden bajo las apariencias del bien público y del amor patrio; y, brotando de todo esto, las discordias civiles, junto con un ciego y desatado egoísmo, sólo atento a sus particulares provechos y comodidades y midiéndolo todo por ellas; destruida de raíz la paz doméstica por el olvido y la relajación de los deberes familiares; rota la unión y la estabilidad de las familias; y, en fin, sacudida y empujada a la muerte la humana sociedad.


La fiesta de Cristo Rey


25. Nos anima, sin embargo, la dulce esperanza de que la fiesta anual de Cristo Rey, que se celebrará en seguida, impulse felizmente a la sociedad a volverse a nuestro amadísimo Salvador.
Preparar y acelerar esta vuelta con la acción y con la obra sería ciertamente deber de los católicos; pero muchos de ellos parece que no tienen en la llamada convivencia social ni el puesto ni la autoridad que es indigno les falten a los que llevan delante de sí la antorcha de la verdad.

Estas desventajas quizá procedan de la apatía y timidez de los buenos, que se abstienen de luchar o resisten débilmente; con lo cual es fuerza que los adversarios de la Iglesia cobren mayor temeridad y audacia. Pero si los fieles todos comprenden que deben militar con infatigable esfuerzo bajo la bandera de Cristo Rey, entonces, inflamándose en el fuego del apostolado, se dedicarán a llevar a Dios de nuevo los rebeldes e ignorantes, y trabajarán animosos por mantener incólumes los derechos del Señor.

Además, para condenar y reparar de alguna manera esta pública apostasía, producida, con tanto daño de la sociedad, por el laicismo, ¿no parece que debe ayudar grandemente la celebración anual de la fiesta de Cristo Rey entre todas las gentes? En verdad: cuanto más se oprime con indigno silencio el nombre suavísimo de nuestro Redentor, en las reuniones internacionales y en los Parlamentos, tanto más alto hay que gritarlo y con mayor publicidad hay que afirmar los derechos de su real dignidad y potestad. [...]



PIO XI
extraído de:
Carta Encíclica QUAS PRIMAS

miércoles

El trabajo expresión del Amor

El texto evangélico precisa el tipo de trabajo con el que José trataba de asegurar el mantenimiento de la Familia: el de carpintero. Esta simple palabra abarca toda la vida de José.



Para Jesús éstos son los años de la vida escondida, de la que habla el evangelista tras el episodio ocurrido en el templo: «Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos» (Lc 2, 51). Esta «sumisión», es decir, la obediencia de Jesús en la casa de Nazaret, es entendida también como participación en el trabajo de José. El que era llamado el «hijo del carpintero» había aprendido el trabajo de su «padre» putativo. Si la Familia de Nazaret en el orden de la salvación y de la santidad es ejemplo y modelo para las familias humanas, lo es también análogamente el trabajo de Jesús al lado de José, el carpintero. En nuestra época la Iglesia ha puesto también esto de relieve con la fiesta litúrgica de San José Obrero, el 1 de mayo.




El trabajo humano y, en particular, el trabajo manual tienen en el Evangelio un significado especial. Junto con la humanidad del Hijo de Dios, el trabajo ha formado parte del misterio de la encarnación, y también ha sido redimido de modo particular. Gracias a su banco de trabajo sobre el que ejercía su profesión con Jesús, José acercó el trabajo humano al misterio de la redención.



23. En el crecimiento humano de Jesús «en sabiduría, edad y gracia» representó una parte notable la virtud de la laboriosidad, al ser «el trabajo un bien del hombre» que «transforma la naturaleza» y que hace al hombre «en cierto sentido más hombre». [1]



La importancia del trabajo en la vida del hombre requiere que se conozcan y asimilen aquellos contenidos «que ayuden a todos los hombres a acercarse a través de él a Dios, Creador y Redentor, a participar en sus planes salvíficos respecto al hombre y al mundo y a profundizar en sus vidas la amistad con Cristo, asumiendo mediante la fe una viva participación en su triple misión de sacerdote, profeta y rey».[2]



24. Se trata, en definitiva, de la santificación de la vida cotidiana, que cada uno debe alcanzar según el propio estado y que puede ser fomentada según un modelo accesible a todos: «San José es el modelo de los humildes, que el cristianismo eleva a grandes destinos; san José es la prueba de que para ser buenos y auténticos seguidores de Cristo no se necesitan "grandes cosas", sino que se requieren solamente las virtudes comunes, humanas, sencillas, pero verdaderas y auténticas».[3]





-------------------------------------------------------------

[1] Carta Encícl. Laborem exercens (14 de septiembre de 1981), 9: AAS 73 (1981), pp. 599 s.
[2] Cf. Carta Encícl. Laborem exercens (14 de septiembre de 1981), 24: AAS 73, 1980, p. 638. Los Sumos Pontífices en tiempos recientes han presentado constantemente a san José como «modelo» de los obreros y de los trabajadores; cf., por ejemplo, León XIII, Carta Encícl. Quamquam pluries (15 de agosto de 1889): l.c., p. 180; Benedicto XV, Motu Proprio Bonum sane (25 de julio de 1920): l.c., pp. 314-316; Pío XII Alocución (11 de marzo de 1945), 4: AAS 37 (1945), p. 72; Alocución (1º de mayo de 1955): AAS 47 (1955), 406; Juan XXIII, Radiomensaje ( 1º de mayo de 1960): AAS 52 ( 1960), p. 398.
[3] Pablo VI, Alocución (19 de marzo de 1969): Insegnamenti, VII (1969), p. 1268.

Mediadora de todas las Gracias

¿Qué se entiende por mediación Universal?

"Al oficio de mediador", dice Santo Tomás [1], "corres­ponde el acercar y unir a aquéllos entre quienes ejerce tal oficio; porque los extremos se unen por un intermediario".



Ahora bien, unir los hombres a Dios es propio de Jesucristo que los ha reconciliado con el Padre, según las palabras de San Pablo (II Cor., v 19): "Dios reconcilió al mundo consigo mismo en Cristo. Por eso sólo Jesucristo es el perfecto mediador entre Dios y los hombres, cuanto por su muerte reconcilió con Dios al género humano." Igualmente, después de decir San Pablo: "Uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hecho hombre", continúa: "que se ha entregado en rehén por todos. Nada impide, sin embar­go, que, en cierto modo, otros sean dichos mediadores entre Dios y los hombres, en tanto cooperan á la unión de los hombres con Dios, como encargados o ministros."


En este sentido, añade Santo Tomás [2] los profetas y sacer­dotes del Antiguo Testamento pueden llamarse mediadores; y lo mismo los sacerdotes de la nueva Alianza, como ministros del verdadero mediador.


"Jesucristo", continúa el Santo [3], "es mediador en cuanto hombre; porque en cuanto hombre es como se encuentra entre los dos extremos: inferior a Dios por naturaleza, supe­rior a los hombres por la dignidad de su gracia y de su glo­ria. Además, como hombre unió a los hombres a Dios en­señándoles sus preceptos y dones, y satisfaciendo por ellos."



Jesús satisfizo como hombre, mediante una satisfación y un mérito que de su personalidad divina recibió infinito valor. Estamos pues ante una doble mediación, descendente y as­cendente, que consistió en traer a los hombres la luz y la gracia de Dios, y en ofrecerle, en favor de los hombres, el culto y reparación que le eran debidos.


Nada impide pues, que, como acabamos de decir, haya otros mediadores secundarios, como lo fueron los profetas y los sacerdotes de la antigua Ley para el pueblo escogido. Por eso podemos preguntarnos si no será María la mediadora Universal para todos los hombres y para la distribución de todas y cada una de las gracias.



San Alberto Magno habla de la mediación de María como superior a la de los profe­tas, cuando dice: "Non est assumpta in ministerium a Domi­no, sed in consortium et adjutorium, juxta illud: Faciamus el adjutorium simile sibi" [4]; María fue elegida por el Señor, no como ministra, sino para ser asociada de un modo espe­cialísimo y muy íntimo a la obra de la redención del género humano.


¿No es María, en su cualidad de Madre de Dios, natural­mente designada para ser mediadora universal? ¿No es real­mente intermediaria entre Dios y los hombres? Sin duda, por ser una criatura, es inferior a Dios y a Jesucristo; pero está a la vez muy por encima de todos los hombres en razón de su maternidad divina, "que la coloca en las fronteras de la divinidad" [5], y por la plenitud de la gracia recibida en el instante de su concepción inmaculada, plenitud que no cesó de aumentar hasta su muerte. Y no solamente por su maternidad divina era María la designada pará esta función de mediadora, sino que la reci­bió y ejercitó de hecho.


Esto es lo que nos demuestra la Tradición [6], que le ha otorgado el título de mediadora universal [7], aunque subor­dinada a Cristo; título por lo demás consagrado por la fiesta especial que se celebra en la Iglesia universal.


Para bien comprender el sentido y el alcance de este título, consideremos que le conviene a María por dos ra­zones principales:


1º, por haber ella cooperado por la satis­facción y los méritos al
sacrificio de la Cruz

2º, porque no cesa de interceder en favor nuestro y de
obtenernos y distri­buirnos todas las gracias que recibimos del cielo.

Tal es la doble mediación, ascendente y descendente, que debemos considerar, para aprovecharnos de ella sin cesar.






R. P. Garrigou-Lagrange O. P.
Extracto de: "Las tres edades de la vida interior"
-----------------------------------------------------------

[1] III, q. 26, s. 1.
[2]lbid, a. i, ad i.
[3] Ibid., a. 2.
[4] Mariale, 42.
[5] Cajetanus.
[6] J. Bittremieux, op. cit.
[7] G. FRIETOFF, O. P., Angelicum, oct. 1933, pp. 469-477.

lunes

¿Productos de la concepción?

Los niños acaban de salir de la escuela. Corren, en grupos desorganizados, hacia el parque. En un instante organizan sus juegos, en medio de un griterío lleno de entusiasmo.

Juanito, Sandra, Pepe, Alfonso, Felipe, Jimena, Marifer, corren entre los árboles, saltan en los jardines. Cada uno se identifica por un nombre, un mote, y unos apellidos. Cada uno tiene una historia, una vida maravillosa, el cariño de sus padres. Cada uno fue un día (¿dejó alguna vez de serlo?) producto de una concepción.

A veces creemos que con el cambio de palabras podemos ocultar la realidad. Pero el sol sigue brillando aunque nos pongamos gafas cubiertas con 30 capas de papel aluminio. La luna existe aunque pase por la dramática etapa de “cuarto creciente”. Y los papás saben que un hijo, aunque sea llamado “producto de la concepción”, es siempre un hijo...

Engañar a la sociedad es posible: se ha hecho mil veces en el pasado, se hace hoy y se hará mañana. Pero el engaño no cambia la realidad. Porque los indígenas tenían alma, aunque algún cretino dijese que “tal vez no”... Porque los hebreos tienen la misma dignidad que los arios, aunque Hitler tuviese la mayoría de votos en un parlamento de mentiras. Porque el rey está desnudo aunque nadie se atreva a decirlo. Porque el aborto es y será un crimen, aunque sea defendido por quienes primero se autodeclaran defensores de los derechos humanos y luego van contra el derecho básico de la vida social: el derecho a la vida.

Por más engaños y por más mentiras que nos repitan algunos personajes muy respetables y decididos a que el aborto se convierta en un “derecho”, nacen y nacerán miles y miles de hijos desde la misteriosa riqueza de la sexualidad humana. Aunque sean llamados “productos”, aunque sean despreciados por leyes inicuas, aunque sean olvidados por defensores de la economía libre que están preocupados por el mercado de valores y se olvidan que la justicia vale también para los pobres.

Juanito acaba de resbalar. Su pantalón nuevo ha quedado marcado para siempre con una “s” despiadada. Su madre, que acaba de llegar al parque para recogerlo, no está preocupada por el pantalón, sino por esa sangre fresca que brota desde la rodilla y baja poco a poco hacia el pie derecho.

Ella sabe que su hijo, un simple “producto de la concepción” según algunos, es un ser maravilloso, un canto al futuro, una página de esperanza. Por eso le limpiará la herida y lo tratará con ese cariño que tienen las madres. Ellas [Las Madres] saben ver más allá de las leyes creadas por ideologías asesinas, porque reconocen, en cada hijo, una riqueza casi infinita de alegría, de amor, de ternura eterna.





P. Fernando Pascual LC - Gama
Colaborador de Pensamiento Católico

La rebelión de los chanchos… y el caviar

Fui a ver una adaptación teatral de Rebelión en la granja, la famosa obrita de George Orwell, escritor inglés de mediados del siglo pasado. Rebelión en la granja (Granja de animales, ­­­­­­­­si se quiere una traducción literal) es una feroz alegoría de la revolución rusa. Orwell no esconde ni disfraza una visceral amargura por lo que significó este hecho en la historia de la humanidad del siglo XX. De la primera página a la última, su lectura no parece admitir interpretaciones que esquiven la horrible paradoja de fondo del discurso comunista: la revolución solo sirve para cambiar de dueños.

Así las cosas, Lenin es el cerdo mayor, que tuvo el sueño de la revolución: es una especie de oráculo que dicta las acciones para cambiar la historia; Trotsky es el cerdo blanco, de finos modales y florido verbo, espécimen clásico de las élites rusas, educadas en francés, peleado con sus parientes zaristas; Stalin es el cerdo duro y campesino, inteligencia práctica absoluta que termina —como siempre— en brutalidad disfrazada de pragmatismo; el resto del elenco orwelliano conforma la corte estalinista. No me di el trabajo de investigarlo, pero supongo en cada animal un personaje histórico concreto: Beria, Molotov, Zinoviev, etc.

Por último, interesa el burro, que es ni más ni menos que Erick Blair, es decir, el mismísimo Orwell. Este personaje no cuenta la historia; la sufre con un pesimismo que ninguna ilusión de mejora ideológica, política o económica puede ya remover. Ha perdido para siempre la fe en las ideologías porque son todas mentiras.

Hasta aquí el librito original. Como toda historia literaria, encierra una verdad en la ficción, distancia al público del hecho concreto y lo convierte en una parábola que puede servirnos para comprender situaciones distintas en la historia. Me parece que ese es el sentido de la literatura. Concuerdo con que los textos no son unívocos, que el lector también es autor, que hay diacronía, sincronía, semántica, sintáctica, gramática, metarrelatos, metadiscursos, otras tantas metacosas y blablablá; pero no exageremos: los autores también tienen intenciones evidentes en sus textos.

Traicionar estas intenciones evidentes es un crimen intelectual (iba a decir «mental», ya que estamos hablando de Orwell, pero no soy un policía del pensamiento), crimen mucho peor que el plagio del que tanto nos escandalizamos los lectores —y con razón—. Y digo que peor, porque mientras en el plagio hay algo de fidelidad al autor —demasiada, diría yo—, en la distorsión se asume que el autor dice lo que no quiere decir, y en algunos casos —como este en concreto—, que dice exactamente lo contrario.

Me explico. El montaje La rebelión de los chanchos es un buen trabajo teatral. Tiene ensayo, coordinación, cierta creatividad un poco imitativa de otras creatividades —valga la paradoja— algunos gags bien puestos, algunas alusiones a las neurosis peruanas colectivas… Nada del otro mundo, pero buen trabajo.

El problema es el burro. Primera distorsión: el burro cuenta la historia. Lo han convertido en Esopo, un moralista que nos va a enseñar cómo vivir. Deje que el público saque sus conclusiones, señor guionista; no lo joda con sus moralejas.

Pero esta primera distorsión es pasable todavía; de mal gusto, pero pasable… diríamos que es casi de forma. Lo duro viene en la segunda. Al final el burro se convierte en Salomón Lerner[1] y nos da un discurso sobre lo que debemos hacer: la revolución de los cívicos. Así, todo el cuento de Orwell se convierte en una historia antifujimorista[2], antiderechista, antiimperialista, y los buenos y sufridos animales de la historia son todos miembros de la izquierda caviar peruana, inocentes, sensibles, tolerantes y bondadosos, mientras que los chanchos son la derecha malvada, fascista, falangista y todo lo se les ocurra, pero jamás comunista, que es lo que quiso decir con absoluta claridad el bueno de Orwell. Y todos los que hemos escuchado la historia seríamos unos chanchos si no nos involucramos en esta revolución o unas ovejas si no sospechamos del Estado.

Ojo, estimado y agudo lector, no defiendo ni ataco postura ideológica alguna. Si el guión fuera al revés también lo diría. Solo intento defender la literatura y el teatro. Cuando alguno de estos dos deja de intentar reflejar una realidad humana y se pone al servicio de una ideología, se muere. Eso es lo que pude ver en La rebelión de los chanchos.


Mag. José Manuel Rodríguez Canales
Director del Centro de Estudios y Aplicación Pedagógica
Director Académico del Instituto para el Matrimonio y la Familia
Universidad Católica San Pablo
-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

[1] Salomón Lerner Febres (*Lima, 19 de julio de 1944), filósofo y profesor universitario del Perú. Ex rector de la Pontificia Universidad Católica del Perú.. Presidió la Comisión de la Verdad y Reconciliación, encargada de desarrollar una investigación sobre el conflicto armado interno que el Perú padecio en las últimas dos décadas de siglo pasado. Cabe resaltar que dicha comisión fue criticada duramente en su momento por el primado del Perú Cardenal Juan Luís Cipriani pues ,entre otras cosas, dicha comisión enjuició negativamente la actuación pastoral de la Iglesia Católica en Ayacucho, Apurímac y Huancavelica durante las dos décadas de violencia terrorista.

[2] Postura ideológica que se manifiesta contraria a la política desarrollada por Alberto Fujimori quien ocupo la Presidencia del Perú desde 28 de julio de 1990 hasta 17 de noviembre de 2000. A Fujimori se le acredita haber logrado restaurar la estabilidad macroeconómica del Perú y restaurar la paz y seguridad interna. Sin embargo, ha sido criticado fuertemente por su particular estilo de gobierno, siendo calificado como autoritario por sus detractores, en especial después del llamado Autogolpe de 1992. También ha sido objeto de acusaciones por su posible participación en actos de corrupción y violaciones de derechos humanos, (lesa humanidad).
Google+