jueves

Es recomendable comulgar en la boca y de rodillas

El Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en el Vaticano, Cardenal Antonio Cañizares Llovera, al ser consultado sobre si es recomendable que los fieles comulguen o no en la mano. Ofrecio una respuesta breve y sencilla:


"es recomendable que los fieles comulguen en la boca y de rodillas".


[...] el Cardenal Cañizares dijo que eso se debe "al sentido que debe tener la comunión, que es de adoración, de reconocimiento de Dios".


"Es sencillamente saber que estamos delante de Dios mismo y que Él vino a nosotros y que nosotros no lo merecemos", afirmó.


El Purpurado dijo también que comulgar de esta forma "es la señal de adoración que es necesario recuperar. Yo creo que es necesario para toda la Iglesia que la comunión se haga de rodillas".


"De hecho –añadió– si se comulga de pie, hay que hacer genuflexión, o hacer una inclinación profunda, cosa que no se hace".



El Prefecto vaticano dijo además que "si trivializamos la comunión, trivializamos todo, y no podemos perder un momento tan importante como es comulgar, como es reconocer la presencia real de Cristo allí presente, del Dios que es amor de los amores [...]".



Cardenal Antonio Cañizares Llovera

martes

El argumento “ad Galileum”

Con frecuencia algunos buscan hacer callar a la Iglesia cuando habla de la dignidad del ser humano, de la injusticia del aborto, de la necesidad de atender a los enfermos terminales, de la urgencia por promover economías sanas y solidarias, a través del uso de un argumento repetido una y otra vez: ¿cómo la Iglesia, que se opuso a Galileo y a tantos científicos, pretende ahora tener la razón? ¿Cómo se atreve a hablar de justicia, de valores, de dignidad, cuando en el pasado pisoteó la legítima autonomía de la ciencia?



Se trata del famoso argumento “ad Galileum”. ¿Cómo funciona? Se trata de recordar que Galileo fue condenado en el pasado por los prejuicios de la Iglesia. Esos prejuicios seguirían vivos hoy día y, por lo mismo, la Iglesia no debería intervenir cuando se habla sobre temas como los indicados en el párrafo anterior.


Usar este tipo de argumentos da buenos resultados, pues hay gente que cae en la trampa y piensa: es verdad, la Iglesia no tiene autoridad moral para hablar a favor de los embriones, ni de los discapacitados, ni del uso correcto de la ciencia.



En realidad, el argumento se construye en una falacia: que alguien haya cometido un error en un determinado momento de su historia no significa que todo lo que haga o diga o piense esté mal también en el presente.



De lo contrario, el argumento “ad Galileum” se podría aplicar a los Estados Unidos por haber matado a miles de civiles con dos bombas atómicas. O a los rusos (bajo el gobierno comunista) por haber provocado un hambre asesina sobre millones de personas en Ucrania. O a otro estado que casi no se puede mencionar por haber exterminado a cientos de miles de armenios. O a los descendientes de los aztecas por haber matado a miles de prisioneros. O a los españoles de hoy, sean de derecha o de izquierdas, por las masacres e injusticias de algunos conquistadores del siglo XVI...



El argumento “ad Galileum” olvida, además, que los hombres de Iglesia ya hace años que han reconocido el heliocentrismo, mientras que otros grupos que presumen de liberales y de amantes de la justicia siguen defendiendo hoy día las mismas injusticias del pasado (como, por ejemplo, el aborto) sin ninguna señal de arrepentimiento ni de corrección en sus errores.



Además del error lógico, ocurre un fenómeno extraño. Quienes quieren hacer callar a la Iglesia recordándoles el caso Galileo (o la Inquisición, o las Cruzadas) buscan que la Iglesia cambie de opinión y diga lo que ellos desean escuchar. Si la Iglesia adopta su punto de vista, el argumento dejaría de valer casi por encanto...



En otras palabras, ¿es que el argumento “ad Galileum” sirve sólo mientras la Iglesia dice una cosa y deja de aplicarse si la Iglesia se adecua a lo que otros quieren imponerle? ¿No será más bien que el uso de este argumento obstaculiza el diálogo, crea enemistades, lleva incluso al engaño y a los golpes bajos, busca manipular a los interlocutores?



Dejemos de lado el recurso al argumento “ad Galileum” o parecidos y vayamos, en cada tema, a los razonamientos pertinentes. De este modo, habrá menos actitudes intolerantes (algunas promovidas, de modo paradójico, por quienes presumen de defender la misma tolerancia...) y más corazones magnánimos, abiertos a un debate serio y profundo sobre temas que afectan a la vida de millones de seres humanos.


Fernando Pascual

miércoles

¿Y después?

Se presentó a San Felipe Neri un joven estudiante para pedirle un favor. El santo se lo hizo y después le dirigió estas preguntas:

-¿Qué es lo que quiere conseguir con sus estudios?
-Quiero ser abogado


-¿Y después?
-Defendiendo causas, ganaré mucho dinero


-¿Y después?
-De este modo me prepararé una vejez tranquila


-Está bien: ¿y después?
-El joven se puso triste y contestó:
-Pues, después…me moriré.

-¿Y después? –repitió san Felipe.
A esa última pregunta, el muchacho no contestó; comprendió que el santo quería decirle: “Hay una eternidad en la que es preciso pensar; hay un Dios a quien servir y un alma que salvar; ¡esto importa más que todo!”.

Aquellas palabras: “¿Y después?”, le quedaron impresas en la mente e hicieron de él un hombre virtuoso


 Mauricio Rufino.
 Tomado de “Vademécum de ejemplos predicables”, Ed. Herder

jueves

Haz como Jesucristo

Cuentan que, estando reciente la revolución francesa, Reveillère Lépaux, uno de los jefes de la república, que había asistido al saqueo de iglesias y a la matanza de sacerdotes, se dijo a sí mismo:

'Ha llegado la hora de reemplazar a Cristo. Voy a fundar una religión enteramente nueva y de acuerdo con el progreso'. Pero no funcionó.

Al cabo de unos meses, el «inventor» acudió desconsolado a Bonaparte, ya primer cónsul, y le dijo:

–¿Lo creeréis, señor? Mi religión es preciosa, pero no arraiga entre el pueblo. 

Respondió Bonaparte:

–Ciudadano colega, ¿tenéis seriamente la intención de hacer la competencia a Jesucristo? No hay más que un medio; haced lo que Él: haceos crucificar un viernes, y tratad de resucitar el domingo. 

A. Hillaire
extraído de: La religión demostrada

lunes

Responsabilidad en la toma de decisiones

Según un dicho oriental, “mil caminos nacen bajo tus pies”.



Quizá no nazcan mil caminos, pues no tenemos ante nosotros mil posibilidades a la hora de elegir. Pero sí es cierto que existen muchas opciones: podemos ir hacia lo cómodo o hacia lo exigente, escoger una carrera u otra, aceptar un trabajo o rechazarlo, salir a tomar unas copas o quedarnos en casa para estudiar o para limpiar la ropa sucia.



Cada decisión configura la propia vida y la vida de quienes caminan a nuestro lado. En cierto sentido, nada es indiferente. Quedarse en la cama en vez de ayudar en las tareas de la casa puede parecer un acto insignificante, cuando en realidad me forma o me “deforma”, alegra o entristece a los demás miembros de la familia.



Lo que escogemos plasma, por lo mismo, nuestro modo de pensar, de sentir, de amar, de actuar. En cierto sentido, somos padres de nosotros mismos, pues lo que hacemos o dejamos de hacer entra a formar parte de lo más íntimo de nuestros corazones.



Así lo explicaba san Gregorio de Nisa, un obispo del siglo IV: “Todos los seres sujetos al devenir no permanecen idénticos a sí mismos, sino que pasan continuamente de un estado a otro mediante un cambio que se traduce siempre en bien o en mal... Así pues, ser sujeto sometido a cambio es nacer continuamente... Pero aquí el nacimiento no se produce por una intervención ajena, como es el caso de los seres corpóreos... sino que es el resultado de una decisión libre y, así, nosotros somos en cierto modo nuestros mismos progenitores, creándonos como queremos y, con nuestra elección, dándonos la forma que queremos”.



Porque somos libres a la hora de tomar decisiones, somos también responsables de lo que hayamos elegido. Si amamos la libertad hasta el punto de haber levantado una estatua dedicada a ella (en la costa Este de los Estados Unidos), también tenemos que edificar una estatua a la responsabilidad, como sugería Viktor Frankl (1905-1997), no sólo en la costa Oeste de los Estados Unidos, sino, de modo mucho personal, en lo más íntimo de nuestra conciencia.



La responsabilidad es el complemento irrenunciable de la existencia de quienes somos libres. Por eso es tan importante detenernos un momento, antes de cada nueva elección, para valorar los pros y los contras, para analizar a fondo cada posibilidad. Seremos así capaces de desvelar, con franqueza, si lo que deseamos hacer corresponde a un proyecto de egoísmo enfermizo, o si nos conduce hacia ese bien que hace bella la propia vida y la de quienes viven a nuestro lado.


Fernando Pascual